jueves, 22 de mayo de 2014

''El romance de Nadia'' capítulo 7.

Capítulo 7

-No puede ser...- Miré a Vahid.

-¿Sabéis a quién tenéis que buscar, Sayyida?


-Digamos que poseo...una idea más o menos aproximada.


-Alegraos, pues. Pronto vuestra hermana estará de nuevo casi como la recordabais-Lo miré mal. No me gustaba nada ese ''casi''- En cuanto hagáis venir al hombre antes descrito, prepararé una poción y tras unos días romperé los lazos de sangre. En pocas semanas se acabará vuestro problema.


-Te equivocas-Bajé la cabeza, apesadumbrada, y fijé la vista en el suelo de la celda de Liana- Mis problemas no han hecho más que empezar.


-¿Por qué, mi Sayyida?


-No tengo a quien enviar en busca del caballero de oro. ¿No te das cuenta, Vahid? Mi padre no puede enterarse de lo que me traigo entre manos. No me creerá, me encerrará en mi alcoba y no me dejará salir ni continuar con el plan. ¡Y todos los hombres, soldados, guardias y caballeros de la orden de Campoflorido están al servicio de mi padre con el consentimiento del príncipe! No puedo ordenarles nada ni encargarles una misión sin que mi padre se entere. Y por seguro querrá saber por qué su hija pequeña requiere la presencia de un misterioso caballero que ni siquiera es su prometido... ¡Al único muchacho que conozco es a ti! Y tú no puedes ir porque tienes que preparar las pociones y los remedios... y además, en la corte.... no simpatizan mucho con tu religión, así que no creo que....


-Sayyida, por Allah... debe haber alguna forma... pero no habléis tan deprisa, no logro entender lo que decís...


-Pues por gracia de Dios que algo se me ha de ocurrir-ambos nos levantamos y salimos silenciosamente de la celda, ya que Liana dormía, agotada como estaba. Cerré la celda con llave- ¡Qué rabia, maldita sea! ¿Por qué tiene que haber tantos problemas?-pateé el suelo como una niña pequeña- ¡Desearía poder plantarme frente al príncipe y decirle que mande llamar al caballero que busco!


Y entonces miré a Liana, que respiraba pesadamente, y recordé, de repente, una frase que me había dicho el día en que me enteré de mi terrible compromiso nupcial: ''La solución es bien sencilla. Huye. Si tu vida es tan horrible como dices, esfuérzate para cambiarla''


Muchas ideas vinieron a mi mente. Era imposible. No, no podía ni siquiera considerarlo. ¿Desde cuándo una muchacha...? y sola... pero lo del alquimista había salido a pedir de boca, y lo había hecho yo sola... Pero ¿Cómo...? si arreglaba... ¿Y si decía...? Si podía conseguir...


-Sayyida, ¡Sayyida!


-¿Qué?- Vahid me miraba como había mirado a Liana hacía unos momentos.


-Os agradecería mucho que dejaseis de hablar sola y me pagaseis por mis servicios.


-Yo...Ehm... sí, toma- Le entregué la bolsa de oro muy colorada. Volví a mirar a Liana. 


Llegados a este punto, debería narrar cómo pasé días y días llorando en mi cuarto hasta que dejé por imposible la misión. O cómo me pasé meses y meses intentando hallar un remedio hasta que tuve que casarme y dejar que mi hermana se consumiera. O cómo, en un ataque de desesperación, se lo confesé todo a mi padre, quien me encerró de por vida y mandó matar a Vahid.

Pero nada de eso ocurrió. Lo que ocurrió fue, sencillamente, que ideé un plan en pocos segundos, y que tomé una decisión sin pensar.

-Vahid, ¿Has ido alguna vez a Gubraz?


-Oh, la capital es grande, mi sayyida. Mi padre y yo fuimos hace 3 años. Pero no permanecimos allí mucho tiempo. Mi padre es hombre de tierras del sur, por eso vinimos a Campoflorido.


-¿Cuánto se tarda en llegar?


-Depende. El camino real es una gran línea recta. Vos sois duquesa, así que podríais cruzar con vuestro séquito en...dos semanas.


Negué con la cabeza.


-El camino real está lleno de hospederías limpias y casas de huéspedes y tabernas lujosas, y eso es maravilloso, pero también está lleno de guardias del príncipe. Y no puede verme nadie. ¿Existe otro camino?


-Claro, Sayyida, el camino del pueblo, el camino que mi padre y yo sí podíamos tomar. Pero no es una línea recta, sino que rodea pueblos y serpentea entre caminos y bosques.


-¿Cuánto se tarda?


-Unas tres semanas a caballo.


-Y… ¿A pie?


-¿A pie, Sayyida? un mes como poco. Pero no entiendo, Sayyida. Hacéis preguntas poco útiles. ¿Quién querría ir desde Campoflorido a Gubraz a pie por el camino no real, donde hay peregrinos y ladrones y juglares y granjeros? el camino real es tranquilo y seguro.



-Una doncella fugitiva a la que sus padres buscarán como locos en cuanto se enteren de que se ha escapado meses antes de su boda para ir a buscar un remedio para su hermana enferma.


Vahid me miró con sus ojos de noche muy muy abiertos.


-Vos... yo lo veo, Sayyida. Vos sois una mujer valiente. Vos sois una mujer capaz. Vos podéis encontrar a ese hombre, el poder está en vos.


Vahid y yo salimos de las celdas y recorrimos pasillos y estancias del castillo como dos fantasmas, él cubierto con la capa negra y sin levantar la cabeza (lo tenía prohibido) y yo silenciosa como una muerta, dándole vueltas a la cabeza. Finalmente, cuando Vahid se disponía a irse al pueblo por una puerta trasera, me decidí a hablar:


-Vahid, ¿Sabes luchar con armas?


-Bueno, depende del arma, mi Sayyida.- se agitó confuso- no soy soldado, aunque desde luego sé defenderme.


-¿Sabrías enseñarme a defenderme con un puñal de acero, afilado como la misma guadaña de la muerte, flexible y de unos 25 centímetros de largo?


-Vaya...-tragó saliva- sois precisa. Podría intentarlo, pero...-se frotó el índice y el pulgar de la mano derecha- No haré nada tan arriesgado si no me contratáis.


-Por supuesto-asentí y puse mi mejor cara de fingida seguridad- tendrás noticias mías pronto, Vahid.


Él se inclinó ante mí y se dirigió colina abajo. Permanecí apoyada en la tosca puerta durante un rato, contemplando la puesta de sol y sintiendo como la fría brisa invernal estremecía mi piel.  Cuando las sombras de la noche hicieron desaparecer la luz del sol casi por completo, regresé al patio y di varios empujones a la puerta para asegurarme de que estaba bien cerrada.


Una sirvienta barría en el patio, cerca de la puerta de entrada del castillo. Al acercarme más a la luz de las antorchas, ya encendidas, pude distinguir que era Amaya. Se inclinó al verme, algo sorprendida.

-Oh, señora Nadia… no imaginé que os encontraseis dando un paseo nocturno.

-En efecto Amaya, aunque el frío me impide continuar con mi afición a pasear. Me retiro ahora mismo- Me encaminé muy decidida a la puerta, pero la voz titubeante de Amaya me hizo interrumpir mi marcha.

-Mi…señora…

-¿Sí?

-En cuanto a lo que dijisteis de mi hermana…

-¿Tu hermana? – En aquel momento caí en la cuenta de la falsa amenaza que había proferido para lograr la ayuda de la pequeña Astrid, y los remordimientos mordieron mi corazón.

-Si ella ha hecho alguna cosa mal… os ruego clemencia… aprende muy rápido, yo tomaré su culpa si es necesario, os aseguro que no cometerá más errores…

-No, Amaya- Sonreí y negué con la cabeza- Lo único que puedo decir de tu hermana es que es algo atolondrada realizando los quehaceres, pero su alegría y su cariño llenan mi corazón de consuelo en esos momentos difíciles. Es una niña dispuesta y obediente, y deseo que permanezca a mi lado.

-¿De verdad, mi señora?- Los ojos de Amaya resplandecían de emoción a la luz de las antorchas- Ella os adora tanto, sabe lo afortunada que es por serviros a vos…

-Bien, pues continuemos así. Buenas noches, Amaya- Me despedí aliviada y reconfortada.

-Gracias, mi señora. Dios os proteja siempre.

*  *  *

Llamé por protocolo, aunque sabía que no iba a obtener respuesta. Respiré y, resoplando ligeramente por el pequeño esfuerzo, empujé la pesada puerta de la alcoba de mis padres.

Contadas eran las ocasiones en las que había entrado en aquella estancia a lo largo de mis 16 años de vida. No era una prohibición estricta, pero... no había necesidad. Aquel sitio era el santuario de mis padres, el lugar donde sólo ellos tenían acceso pleno, su reino dentro de su reino. Y Liana y yo lo respetábamos.


Allí estaba, la enorme cama con robustas patas de madera y postes de los que colgaban las pesadas cortinas del dosel, que se cerraban cada noche para que la luz de la luna que atravesaba las vidrieras no interrumpiera el descanso de mis padres. Pero en aquel momento no estaban cerradas. El cuerpo de mi madre, envuelto en un pesado y sobrio vestido de terciopelo verde oscuro, descansaba lánguido sobre el colchón de plumas de aves reales, dándome la espalda.


-Madre...-susurré, y ella se agitó un poco, pero no respondió- Madre...-lo volví a intentar, y esta vez la llamé un poco más alto.


-Ay...Nadia hija, vete, ¿Quieres? estoy intentando descansar un poco, siento un terrible dolor de cabeza. Ve a bordar tu ajuar, querida...


-Madre-hice caso omiso a sus palabras y decidí atacar directamente, porque no podía perder tiempo- Estoy segura de que se os pasará el dolor de cabeza si dais un corto paseo y os alegráis un poco. ¿Por qué no bajáis a ver a Liana?


Oí cómo mi madre aguantaba la respiración bruscamente. Se agitó otro poco, y, con un sollozo, me gritó:


-¡Vete, Nadia! ¡Sal de aquí!


-¡No! Madre, escuchad por favor, tenéis que bajar a visitarla, ¿Cuánto hace que no la veis? Yo la veo todos los días, os aseguro que está mucho mejor...


-¿¡Es que no te das cuenta de que no puedo1? ¡Fuera, fuera!-Empezó a llorar con amargura.


-Madre...tenéis que escucharme...-Rodeé toda la habitación y lentamente, me subí a la cama y me acurruqué junto a ella, como cuando tenía miedo de niña. Ella ocultó la cara entre las manos, no quería mirarme- Pondría las manos en un fuego vivo para juraros que vos no sentís dolor porque estéis enferma, sino porque estáis triste. Madre, Liana es vuestra hija, y sé que la queréis tanto cómo me queréis a mí. Pero ella no lo recuerda ahora, y por eso necesita veros, para acordarse. De verdad, ha mejorado mucho, ya casi nunca intenta hacer daño.


-Nadia...vete. No puedo mi niña, tu madre no puede... no podría soportarlo. No quiero verla y que no me recuerde. No quiero que me odie.


-Si le habláis calmadamente y con vuestra dulzura de siempre nada pasará. Incluso puede que os recuerde. Vamos...-Le acaricié un poco la castaña trenza-por favor, madre, por favor...- Y entonces recurrí a mi última oportunidad, llamarla como no la llamaba desde que era muy pequeña- Por favor, mamá.


Giró un poco la cabeza. Me miró con los ojos muy abiertos. Nos incorporamos, y mi madre me estrechó entre sus brazos largo tiempo, gesto que me sorprendió ya que no me abrazaba desde hacía meses.


-Está bien, mi flor pequeña. Tienes razón, tu madre tiene que ser un poco más valiente. Tú lo estás siendo. Eres muy valiente, Nadia.


Cuando mi madre se fue del cuarto, rompí a llorar. Aquellas palabras dichas por la mujer a la que más quería en el mundo me habían emocionado mucho más de lo que esperaba. Pero no podía pararme mucho rato. Al fin y al cabo, mi madre podía arrepentirse en cualquier momento y volver, y si el que entraba en la alcoba era mi padre... bueno, no quería imaginarlo.


Levanté todo lo que pude un lado de la gran manta que cubría el lecho. En cuanto hubo hueco suficiente, e intentando aprovechar toda la luz que se colaba por las vidrieras, me metí bajo la cama de mis padres y comencé a golpear las losas de piedra con los nudillos.


Antes dije que Liana y yo habíamos entrado muy pocas veces en la alcoba de nuestros padres, pero eso no quiere decir que no conociéramos el mayor secreto que allí reposaba. Aunque mis padres no lo sabían, mi hermana y yo sabíamos, desde hacía años, dónde se ocultaba el tesoro de Campoflorido.

Llamarlo ''tesoro'' era más bien infantil, pero mi hermana y yo así lo habíamos bautizado años atrás, cuando lo encontramos por casualidad jugando al escondite por todo el castillo. Era una bolsa de tela oscura que ocultaba joyas y dinero, y muchas otras cosas de valor. No era realmente un tesoro, mis padres lo ocultaban allí por si acaso, era como una especie de reserva de riquezas. Estaba casi segura de que debía haber muchos más saquitos por todo el castillo. Pero yo necesitaba aquel. Porque aquel contenía una reliquia especialmente valiosa.

Venía de la familia de mi madre, ella lo trajo con su dote cuando se desposó con mi padre. Era muy antiguo, tan antiguo como las grandes guerras que se libraron por las tierras que ahora eran nuestras. Tan duras fueron aquellas guerras, nos contaban siempre, que hasta las mujeres estaban preparadas para pelear. Hasta ellas sabían usar armas. Claro, que una mujer no puede levantar sospechas, una mujer no puede llevar un arma. Por eso las disfrazaban de sus mejores galas. Mi madre nunca lo había usado, aunque nos hablaba a Liana y a mí de él. Y por supuesto, no tenía ni idea de que nosotras lo habíamos visto.


Con mucha suciedad en el pelo, y tras esquivar a gritos a un par de arañas, por fin encontré la losa suelta. Saqué con mucha dificultad la bolsita de tela, fea y arrugada tras tantos años apretada en aquel escondite. La abrí y tanteé con la mano, hasta que, con una sonrisa de satisfacción, lo extraje. Me lo guardé como un rayo, y como un rayo lo dejé todo tal y como lo había encontrado y salí corriendo a mi alcoba a por mi capa y mi reserva de dinero especial para casos peligrosos. Media hora después estaba atravesando el portón de la morería.




Sayyida! Salam aleikum-Vahid salió de detrás del mostrador de su taller, siempre humeante y caluroso. Parecía muy sorprendido, aunque alegre de verme.


-Te advertí que volvería a contratarte, Vahid. Espero que hayas... mantenido tu discreción sobre todo lo concerniente a mi persona. Y que la sigas manteniendo en el futuro, porque voy a tener que confiarte algunos secretos.


-Podéis permanecer tranquila, Sayyida Nadia. Mi dinero es la garantía máxima. Mi padre sólo sabe lo imprescindible, y no se enterará de nada si ese es vuestro deseo.


En ese momento, el alquimista entró hablando palabras para mí del todo incomprensibles. Me miró, miró a Vahid, abrió los ojos y murmuró unas cuantas cosas que por el tono, me alegré de no entender, antes de marcharse a la trastienda. No volvió a aparecer.


Vahid entrecerró los ojos y murmuró también algo en su idioma. Me pidió, a continuación, hablar de aquello que yo deseara en otro lugar. Se mostraba inquieto, como si no quisiera mencionarme el hecho de que debíamos irnos. Pero a mí no me importó, ya que quería permanecer en la morería el menor tiempo posible.



El viento soplaba suave aunque helado en un rincón de la pradera tras mi castillo. Vahid lo contemplaba todo maravillado: Los árboles (sin hojas por el invierno, con las ramas como garfios afilados) las pequeñas flores de fríos colores, la suave hierba, el lago, que era de aguanieve en aquel momento... varias veces tuve que llamarle la atención para que me mirara y dejara de distraerse. Aunque en cierto sentido, comprendía su obnubilación: Era el primer plebeyo, y seguramente el último, que pisaba mis bellos dominios.


-Vahid, He decidido confiarte mi secreto porque tienes que enseñarme. Pero no quiero que me enseñes a pelear como en un combate de caballeros, bajo ningún concepto. Sólo tienes que enseñarme a defenderme y prepararme para el viaje que me espera. ¿Me comprendes?


-Está bien, Sayyida, aunque temo que habrá un ligero aumento de precio, ya que me estáis contratando no sólo como alquimista sino también por mis habilidades personales...


-Desearía que no fueses tan materialista, Vahid, aunque accederé a tus condiciones. Más basta de hablar de asuntos de dinero. Para ahorrarte cierto trabajo, tengo una buena noticia-Me ruboricé, lo que le iba a contar a Vahid era un secreto de Liana y mío y nadie más lo sabía- sé trepar a los árboles... ¡Sí, como los muchachos!


Vahid me miró desilusionado:


-¿Y eso es todo, Sayyida?


-¿Todo? ¿Sabes lo difícil que es subirse a un árbol sin estropear un precioso vestido? ¡Y yo soy toda una experta!


Vahid volcó los ojos levemente, un gesto que no se me escapó, y me miró con fijeza.


-Entonces, ¿No sabéis usar ningún arma? ¿Ni pelear?


-¡Por supuesto que no!


-Y, por Allah, mi Sayyida, ¿Cómo pretendéis llegar ilesa a vuestro destino tras un camino de un mes a pie?


-Aprendiendo a usar esto en casos de emergencia- Me levanté la manga izquierda hasta el codo. La reliquia recién birlada del cuarto de mis padres apareció, brillante aunque envejecida, ante los ojos del chico árabe.


El brazalete, de plata auténtica y bronce, tenía forma de serpiente. Parecía una joya normal, y así me lo indicó Vahid, sin poder, por su naturaleza directa, disimular la decepción.  Pero, como las apariencias engañan, la decepción de Vahid se tornó sorpresa cuando accioné el mecanismo.


Desencajé la cabeza de la serpiente, de bronce puro, y comencé a tirar, suavemente... del interior hueco de la serpiente salió una cuchilla, limpia, flexible y muy muy afilada. Un puñal peligrosísimo de 25 centímetros capaz de causar mucho daño.


-Sayyida... ¿Cómo...? ¿De dónde habéis sacado...?


-¿Aún dudas de mis recursos, Vahid?-lo miré inmensamente satisfecha- Vamos, enséñame, entréname por si alguien intenta hacerme daño o robarme. Eres la única persona a la que puedo confiar esta misión.


-Sois sin duda una mujer poderosa, aunque... temo que con un arma no baste, incluso tratándose de un arma tan excelente. También necesitaréis aprender a encender fuego, reconocer frutos comestibles, incluso matar a algún que otro animal pequeño...


-¿Qué?-lo miré horrorizada- ¡No voy a hacerle ningún daño a ningún animal pequeño! ¡Sólo quiero aprender a defenderme porque el camino de los plebeyos no es tan seguro como el real, y porque el viaje es largo, y porque...


-Sayyida, si queréis iros de verdad, si queréis hacer un viaje así de verdad vos sola, debéis aprender a dejar ciertos sentimientos a un lado. Y si tenéis que matar un conejito para comer, lo haréis llegado el momento, creedme. Si vamos a empezar, deberíamos adentrarnos en el bosque.


-No-Había determinación en mis ojos- al bosque no. Sé que sería el entorno ideal porque el camino está lleno de bosque, sé que pasaré mucho tiempo en el bosque y que debo aprender a conocerlo bien. Pero no en este. La pradera es mía y de Liana, pero esos dominios son parte del coto de caza privado de mi padre. Nunca lo he traspasado y nunca lo haré. Y tú mucho menos.


-Deberíais hacerlo...


-He dicho que no, Vahid. Y espero que comprendas lo que es una orden. Por el momento, enséñame a usar el puñal- volví a desenvainar el arma oculta en mi brazalete- Vamos.


Vahid, en lugar de ponerse serio, sonrió.


-Esto va a ser muy divertido...empuñad el puñal con firmeza y atacadme.


-¿Cómo?


-Vamos, Sayyida Nadia. Atacadme. Vamos a ver lo afilado que está ese puñal.


-¿Estás loco Vahid? Claro que no voy a atacarte. Esto es un arma, podría hacerte daño y...


-¿Acaso no es ese vuestro propósito? ¿Hacer mucho daño a algún asaltante o ladrón? vamos.


-Pero me refería a que... tú no eres un...


-¡Vamos, Sayyida! ¡Tenéis que perder el miedo!


Inspiré y apreté con fuerza la empuñadura en forma de cabeza de serpiente. Aquello era real. Iba a atacar a un ser humano con un arma. Iba a causarle heridas, probablemente manara la sangre... ¿Qué iba a hacer entonces?


Tenía que olvidarme. Tenía que ser valiente. Tenía que endurecer mi alma.

Respiré, pensé ''Esto es todo por ti, Liana'' y me lancé contra Vahid cuchillo en mano.

miércoles, 14 de mayo de 2014

Gracias, princesa.

Gracias, princesa


Ha pasado un año. Justo hoy hace un año, y sólo el cielo sabe cuántas veces a lo largo de este año he intentado escribir un mensaje así sin éxito. Siempre acababa dejándolo porque me parecía demasiado cursi, o porque no era lo suficientemente bueno, o porque me decía ''bueno, este no es el momento''. Pero, ¿Qué momento hay mejor que este mismo? Ha pasado un año, y no puedo hacer más que dar las gracias hasta agotar la palabra.

Gracias a mis amigos de siempre, a mis V11, a Lorena, Cristina, Antonio, Marisol, Rocío y Víctor, por apoyarme hace un año y decirme ''Va tía, preséntate al cásting, ya estudiarás lengua luego, si tú puedes. Además que ¡seguro que te cogen!''.

 Gracias a mi familia por aguantarme cada día hablando del musical, y por ver la película conmigo una y otra vez, y por todo el amor y el apoyo.

Gracias a Anabel por aquella simple frase dicha con tanto cariño ''Pues vente, el cásting es abierto. ¡Y tú cantas muy bien, seguro que tienes una oportunidad!''

Gracias a Andrea, por abrirme la puerta merendando su yogur y por recibirme con una sonrisa junto con Paula y Alberto. Y gracias a los tres por darme ánimos e intentar calmarme los nervios cuando ni siquiera me conocíais.

Gracias a Abraham, por ser el mejor malvado al que jamás rechazaré. Gracias a Alex por enseñarme lo que es ser diva sutil de verdad. Gracias a todos y cada uno de los adultos que formáis la pequeña aldea de Bella por darme esa confianza y esa seguridad que necesito (Mención especial a Toñi, por ayudarme siempre con la ropa con esa paciencia y ese arte). Gracias a los niños por tener esa dulzura y por llamarme Bella cuando no se acuerdan de mi nombre.

Gracias a Rubén por fundar conmigo el club pringui, y por darle a un personaje aparentemente plano una profundidad asombrosa y muy bonita. Gracias Dani, gracias Mario, por ser mis chicos Golden y por darme todos esos momentos inolvidables. Gracias Belén, Gracias Alejandra, Gracias Milagros, por vuestra dulzura y vuestro cariño (y por vuestras voces, ¡por supuesto!)
Gracias Carmen, Maria José, Mariló y Sebi, por decirme siempre que soy clavadita a Bella.
Gracias a todas y cada una de las niñas, bayetas, plumeros,escobas, platos, tenedores, cucharas, aldeanas, perchero.... a todas, por darme confianza, por esas risas que siempre comparto con vosotras y por contagiarme esa alegría que tenéis.
Gracias a los niños por esas anéctodas, esos chistes, esas risas y esa maravillosa locura que os acompaña.
Gracias Nacho, por nuestros momentos eternos y por ese ''¿Por qué nos has llegado antes a mi vida?''
Gracias a Lolo (aunque sé que no te gusta que te llamen así) por lograr algo muy difícil: que pare de llorar y sonría.
Gracias Manu, por ser mi amigo desde los cinco años y volver a entrar en mi vida. Y gracias a Raúl por lo mismo y además por el escalereo, con todos los momentazos que ello conlleva.

Gracias a Mayka por ayudarme a mejorar con tanto cariño. Gracias a Pepe por ser el mejor papá ficticio. Gracias Dámaris, por darme tantas lecciones preciosas sobre mi voz en pocos meses y por ayudarme a mejorar con tanto cariño. Gracias Ana, por hacerme creer que hasta un pato mareado como yo puede bailar un poquito.

Gracias a todos los compañeros que trabajáis con decorado, luces, sonidos, vestuario, música y todo lo que haga falta para que en cada función hagamos magia.

Gracias a usted, Don Luis, por darme una oportunidad tan increíble, por decirme ''eres guapísima y lo haces muy bien, eres la Bella que quiero'', por darme el personaje más bonito que podrían haberme dado, por ver esa chispita en mí que nadie veía.


Y como no, un año después, gracias a ti, Bella. Gracias por tener el pelo y los ojos marrones. Gracias por tu dulce voz y tus bonitos vestidos y tu alegría y valentía. Gracias por enseñarme desde muy pequeña que leer era algo súper genial, y que si los otros niños me llamaban rara por ello, era su problema y no el mío. Gracias por enseñarme que el amor mueve montañas y rompe hechizos, y que las primeras impresiones son casi siempre terribles y engañosas. Gracias por ser mágica y preciosa. Aunque a lo largo de este año he oído algunas críticas (Que si no era lo suficientemente guapa como para ser tú, que si mi voz no valía nada, que si daba asco interpretándote) también he oído maravillosos halagos, mis favoritos aquellos que dicen que me parezco a ti, tanto en físico como en personalidad. Y me das la oportunidad de mejorar con cada función, y de seguir mejorando con las que quedan. 
El teatro y tú llegastéis en un momento un poco malo de mi vida. Desde luego no voy a hablar de eso, pero digamos que si no hubiera sido por todo esto, habría sido el peor verano de mi vida con diferencia.
Por eso soy tan ''pesada''. Por eso doy tanto bombo. Por eso me veis la sonrisa de tonta en la cara cada vez que me llamáis ''Bella'' y no Noe. Y por eso gracias otra vez.

No espero que leáis esto sin pensar que soy una cursi y una repipi. No me importa en realidad, me he puesto muy sentimental y lo reconozco. Pero, ¿Qué se le va a hacer? las princesitas Disney somos muy dulzonas.

Ha pasado un año. LLevo un año siendo Bella. Y tan sólo puedo decir Gracias.