jueves, 30 de octubre de 2014

''El romance de Nadia'' capítulo 13

Capítulo 13


-Nadia, es importante que entiendas esto- Joseph parecía un preparado caballero del rey que daba instrucciones a sus subordinados antes de salir al campo de batalla. Se paseaba de un lado a otro delante de uno de sus carros, tras la plaza del concurso, mientras el resto tomábamos estofado con verduras y un poco de carne- El concurso se inicia al atardecer. Los diferentes participantes irán subiendo al escenario por turnos. Somos los séptimos. Se supone que debemos simplemente cantar, pero siempre hay que intentar hacer algo para destacar. De esa parte me encargo yo, iré hilando las canciones entre sí y haré que formen parte de una única historia fantástica y épica. Cantamos tres piezas. Dime, ¿Te sabes La canción del músico?
                               
-La conozco, aunque nunca la he cantado. Es algo… inapropiada.

-Pues es nuestra pieza de presentación. Probablemente casi todos los participantes la canten, es muy conocida... pero la clave es ser mejor que todos ellos. ¿Qué hay de El ladrón de sueños? ¿Te suena?

-Me encanta esa canción. Es hermosa-Sonreí.

-Fantástico. Tienes razón, es hermosa. ¿Crees que podrás cantar la parte más lenta? Tu voz sería perfecta.

-Pues claro.

-Esto va viento en popa. Y hablando de vientos... Nuestra última pieza es El molino del viento.

-No, no conozco esa.

-¿Cómo?- Todos los juglares me miraron estupefactos- ¡Es imposible que no conozcas esa canción! ¡Es la más hermosa de todas!

-Pues no, lo siento. Nunca la he oído.

-Esto complica las cosas...-Joseph se rascó la negra y espesa barba mientras pensaba- pero no creo que sea algo insuperable. Bien amigos, vamos a hacer lo siguiente: ensayaremos nuestras dos primeras piezas rápidamente. Y el resto del tiempo... bueno, tenemos hasta el atardecer para enseñarle a Nadia la tercera canción. Creo que será suficiente.

-¿Estás loco, Joseph? eso no va a funcionar- Jaques parecía muy nervioso.

-Deberíamos buscar una canción que ella sepa cantar- Telmo apoyó la teoría de su hermano.

-Yo no sé si podré aprenderla en una sola tarde- Añadí, algo asustada.

-Vamos, vosotros sabéis que es una canción muy hermosa... Estoy convencido de que será nuestro pase a la victoria. Y será maravilloso. ¡Manos a la obra juglares! ¿Qué sois?-Joseph extendió una mano.

-¡Artista soy!- Exclamó Dante con ilusión, colocando su mano sobre la de Joseph

-¡Artista soy!-Jaques y Telmo parecían templados y seguros cuando hablaban a la vez. Colocaron sus manos sobre la de Dante.

-Artista soy- Kamal tensó el arco de su violín con precisión y posó su mano en la de Telmo.

-¿Y tú, preciosa?- Joseph me sonrió.

-Bueno, aunque solo sea por esta vez... artista soy-Sonreí de nuevo y coloqué mi mano arriba del todo, sobre la de Kamal.

Cantar nunca había supuesto un problema para mí, llevaba tomando lecciones para educar mi voz desde muy pequeña. Pero he de reconocer que la mejor lección musical de mi vida, la tuve aquella tarde. Joseph era un maestro excelente, ensayé las partes de las canciones que ya conocía y que me correspondían, y aprendí en el tiempo mínimo cómo cantar El molino del viento además de poner en práctica trucos que Joseph me enseñó y de saber cómo sentarme en el escenario, con la espalda bien recta y la cabeza ligeramente alta. También hicimos varios ejercicios rápidos para acoplar mi voz a los instrumentos.

A medida que la hora se iba acercando, el ambiente se caldeaba. Cada vez se oía más y más ruido, y pronto encenderían las hogueras y los farolillos de la plaza. Esa era la señal para que los grupos participantes se dirigieran a la parte de la plaza donde se ubicaba el escenario.

Los chicos dieron brillo a sus instrumentos, los pusieron a punto y Joseph se colocó una capa bonita aunque algo gastada de color rojo oscuro. Yo me recogí una parte del pelo en una pequeña trenza que adorné con el lazo de Axel y me puse a dar saltitos con uno y otro pie, sin poder parar de moverme. La incertidumbre y la espera me estaban matando.

De repente, sonó una trompeta. Luego otra, y otra más, formando un clamor ininteligible y alborotado. Todos se pusieron muy rectos. Joseph me cogió por los hombros, en actitud protectora, y me susurró al oído:

-En marcha, voz de miel. Es hora de ir a la plaza. El espectáculo va a comenzar.

Tragué saliva. Sentí que me temblaban las piernas. Nos dirigimos rápidamente por las calles serpenteantes de Hiedrazul y en un abrir y cerrar de ojos estábamos en la plaza, justo detrás del escenario, con el resto de los participantes. El ruido era tan ensordecedor que no pude evitar asomarme por fuera de las grandes cortinas que hacían las veces de telón y que nos separaban del público para ver a qué venía tanto alboroto. Me arrepentí enseguida.

No podía ver el final de la plaza, era imposible. La gente llegaba y llegaba y no cesaba nunca de apretujarse e incluso de pelearse por intentar ocupar un sitio cerca del escenario. La concurrencia era enorme y los numerosos grupos de personas se perdían más allá de donde los faroles iluminaban la plaza. Me habría atrevido a decir que Hiedrazul entero iba a oírme cantar. Y a verme. Sentí pánico.

-¡Dante, Joseph, Telmo, Jaques, Kamal! ¡No puedo cantar!

-¿¡Qué!?

-¿Habéis visto a toda esa gente en la plaza? ¡Hiedrazul al completo va a verme! ¿Y si me reconoce alguien? ¿Y si me falla... y si me falla la voz? No puedo salir ahí, es una locura...

Un hombre vestido con un gorro de bufón absurdo y una máscara morada brillante entró en la parte de atrás del escenario.

-¿¡Todos preparados!? ¡Voy a subir y a dar la bienvenida, y en seguida llamaré al grupo número uno!

-Nadia, no puedes parar esto ahora, sería catastrófico.

-Lo siento Telmo, pero esto es demasiado para mí.

-Eso no puede ser, mujer...

A partir de ese momento, todo pasó ante mis ojos como una espiral de prisa, nervios y ruido. El presentador de la máscara subió al escenario, y Hiedrazul entero enloqueció entre vítores y aplausos. Presentaba a cada grupo, y una música que tal vez era bonita (No escuché nada, mis nervios lo impedían) invadía el ambiente durante lo que se me antojaban tan solo unos tristes instantes. Al acabar, cada grupo volvía con todos nosotros y casi todo el mundo les felicitaba cálidamente. Mi grupo estaba demasiado ocupado intentando que yo reaccionara de alguna forma, mientras permanecía sentada en un rincón, negando con la cabeza y sin poder parar de pensar ''Somos los séptimos, somos los séptimos, somos los séptimos...''

Cuando el presentador de la máscara anunció al grupo número seis, chillé desesperada. Todos me mandaron callar muy enfadados, y Joseph me habló dulcemente:

-Nadia, no tienes nada que temer. Nadie de la alta sociedad acude nunca a las celebraciones del pueblo. Vas a hacer esto. Yo lo sé. Vamos a ganar todos juntos, ¿De acuerdo?

-No, no sé...

-¡Número 7! ¡El grupo 6 está a punto de acabar, acudid enseguida, vais a salir!- el hombre de la máscara saltó al escenario.

-¡No!-miré con horror a todas partes, intentando salir de allí.

Joseph me tomó las manos entre las suyas y clavó sus ojos en los míos:

-No les mires. No mires a nadie y no intentes distinguir lo que dicen. Mírame a mí, ¿De acuerdo? Mírame a los ojos y canta. Escucha nuestras canciones, Como esta mañana en el bosque, cuando sólo estábamos los seis.

-Joseph, ¿Cómo va a funcionar eso?

-Confía en mí.

En aquel momento, el maestro de ceremonias de la máscara gritó ‘¡Den la bienvenida a nuestros ganadores del año pasado, que este año compiten con el número siete!’. Sentí que me ahogaba.

Todos los chicos comenzaron a salir en orden. Joseph y yo éramos los últimos. La gente enloquecía vitoreando, mucho más que con el resto de los participantes, o al menos eso sentía yo. Justo antes de subir las escaleras y salir a la luz. Joseph me tomó de la mano, dio un par de saltitos como si fuera a echar a correr y susurró ''Mírame a los ojos si sientes que flaqueas''. Me aseguré de ocultar bien mi colgante y mi brazalete entre mis ropajes y respiré hondo.

Siento decir que a partir de ese momento, no recuerdo el concurso con exactitud. El ruido de la muchedumbre era ensordecedor, pero tan pronto como Joseph comenzó a narrar, la plaza se sumió en un silencio abrumador, tal era el deseo del público por disfrutar de nuestra actuación. No miré al frente ni un solo momento, y cada vez que sentía que la voz me fallaba buscaba el rostro de Joseph y clavaba mis ojos en los suyos. Comprobé y sentí en aquel momento el mérito de los artistas, y la habilidad nata que tenían mis compañeros para desenvolverse y lograr crear algo muy bonito en aquel escenario. Contra todo pronóstico, la actuación en sí se me antojó un suspiro, y muy pronto habíamos cantado las tres canciones, Joseph había contado su fantástica historia y había concluido con un ''Aquí acaba pues, la historia. Para los caballeros, traigan pan y vino. Para la doncella, flores. Y si a bien tienen los jueces, esta noche misma nos proclamaremos ganadores''

Cuando nos encontramos de nuevo ocultos y todos nos dieron una muy efusiva enhorabuena, me sentí mareada, con náuseas, como cuando era pequeña y enfermaba y el médico tenía que darme a oler sales que me ayudaban a dormir y me relajaban. Era extraño, pero lo achaqué al calor y al episodio tenso que acababa de atravesar.

Sin embargo, desperté de mi extraño mareo de golpe cuando, un buen rato después y habiendo actuado todos los grupos, los jueces decidieron que el ganador era, por segundo año consecutivo, el grupo número siete. El público, exultante, arrojó cientos de flores al escenario cuando subimos por segunda vez, los jueces nos felicitaron y elogiaron la buena pareja de voces que hacíamos Joseph y yo, me hicieron mil carantoñas y piropos, cada uno de los chicos me cogió en brazos y bailó conmigo, no paraban de celebrarlo saltando y haciendo gestos de victoria, y yo, aunque estaba muy contenta y nerviosa y participé en todo el jolgorio, ya no sabía dónde meterme para ocultarme. El mareo volvía a invadirme, y necesitaba algo de tranquilidad, así que bajé un poco antes del escenario.

La plaza se despejó considerablemente tras el concurso, por lo que pude mezclarme sin problemas entre la gente. Algunos me felicitaban tímidamente como si yo fuese alguien muy importante, pero nadie parecía mostrar signos de reconocerme.
Di una vuelta a la gigantesca plaza para tomar un poco de aliento y disfrutar del aire nocturno. Cuando volví al punto inicial, el escenario estaba casi desmontado, el telón había desaparecido y el resto de concursantes se encontraban desperdigados por la plaza, bebiendo y formando escándalo. ''Vida de artista'', pensé. Los chicos volvieron a felicitarme, me ofrecieron una cerveza y la rechacé. El único alcohol que mis labios habían probado eran licores suaves y vinos muy finos, nada que ver con la cerveza, bebida del pueblo por excelencia, así que en su lugar me ofrecieron un estupendo jugo de frutas fresco que mi organismo agradeció bastante.

Tras despejar un poco el lugar, varios guardias encendieron una hoguera gigantesca en el centro de la plaza y algunas más pequeñas en los extremos. Comenzó a sonar música (nosotros estábamos 'perdonados' por ganar, pero el resto de grupos no se libraban de seguir trabajando aquella noche) y la fiesta se inauguró oficialmente. Los chicos pronto se fueron a festejar, y todos me pidieron el primer baile, pero yo los rechacé alegando un poco de mareo.

Estaba tranquilamente sentada en uno de los muchos troncos de madera habilitados por toda la plaza para el descanso de los danzarines, respirando un poco más tranquila y sin poderme creer lo que acababa de pasar, cuando una exclamación a mis espaldas me hizo casi caer al suelo:

-¡¡Estaba seguro de que ganaríais!! Ha sido espectacular Nadia, jamás pensé que iba a ser tan bonito. ¡Ha sido una actuación digna de la alta corte, el pueblo ha tenido mucha suerte viendo semejante espectáculo esta noche!

-¡Axel!-sonreí. Se sentó a mi lado- Has venido como prometiste... Dime, ¿De verdad ha sido tan bonito?

-Lo nunca visto. ¡Ha sido espectacular, enserio, casi... Mágico!

-Me alegro-suspiré- estaba tan nerviosa que no me he enterado de nada-Axel se rio. Nunca le había oído. Tenía una risa bonita, ligera y desenfadada- ¿Qué te pareció mi interpretación de El molino del viento?

-Pues maravillosa, aunque he de reconocer que como nunca había oído la canción, no soy muy experto.

-¿Tú tampoco la conocías? Pensé que era la única.

-¿La has aprendido hoy mismo?

-Pues sí, ¿Puedes creerlo?

Estuvimos charlando un buen rato, alegres y despreocupados. Al final, Axel se levantó y se estiró perezosamente.

-¿Quieres bailar?

-¿Disculpa?-abrí los ojos como platos. Me había chocado mucho la pregunta, así, formulada con aquella naturalidad.

-Que si quieres... ¿Te apetecería bailar un poco?

-¿Contigo?

-Creo que el príncipe Alan no está por aquí-dijo burlonamente- así que sí, me parece que conmigo.

-Yo, ehm, Axel...-susurré inquieta- no sé bailar.

-Cuando estuve en Gubraz, todas las muchachas de la corte sabían bailar-me miró extrañado.

-Por supuesto he tomado lecciones de danza desde niña... pero me refiero a esto-señalé las hogueras- no sé bailar esto.

-No te entiendo, Nadia. Bailar es bailar...

-¡No sabes lo que dices! En los banquetes a los que yo acudo los bailes son finos, pausados, tiernos y sofisticados a la vez, cada movimiento, cada gesto de la cara de cada uno de los danzarines y cada mínimo paso está perfectamente medido y coordinado. Y esto,  bueno... aquí la gente está saltando, yendo de un lado a otro sin ton ni son... Dios santo, ¿Ese chico acaba de saltar por encima de una de las hogueras?

-¿Me estás diciendo que sabes atarte y estar atrapada en un baile insulso y medido, pero no sabes ser libre?

-Esto no es ser libre, esto es... algo absurdo. Si intento ''bailar'' esto, haré el ridículo más espantoso.

-Es muy sencillo, de verdad, yo te enseño. Ven...-me tomó de la mano y me arrastró. Mis intentos de fuga fueron inútiles, ya que aunque delgado Axel era, evidentemente, mucho más fuerte que yo. Llegamos a las inmediaciones de la hoguera central, donde unos de los grupos iba a tocar una conocida canción popular, La danza del fuego.

Axel me apartó un poco del centro del improvisado salón de baile y comenzamos la danza de la parte lenta. Ésta era muy sencilla, sólo había que agarrar la mano del otro danzarín y dar vueltas lentas y pesadas. La locura se desató cuando, de repente, la parte rápida de la canción llegó como un relámpago de calor y energía. Axel me gritó un ''¡No te preocupes, déjate llevar y no pienses!'', y empezó a hacerme girar y girar una y otra vez, a llevar mis pies de un lado a otro, a dar vueltas conmigo, a avanzar, a retroceder... Si aquello era una danza, yo era un guerrero del príncipe. Pero aunque no paré de chillar muy mareada y casi me caí unas cuantas veces, he de reconocer que fue francamente divertido.
Cuando la canción volvió a la parte lenta para finalizar, Axel me cogió de la cintura y me elevó en el aire. Dimos una última vuelta y volvió a dejar que mis pies se posasen en el suelo, aunque no apartó las manos de mi cintura.

Jamás había estado tan cerca de él, o de ninguna otra persona del sexo opuesto. Jamás había tenido sus ojos tan cerca, aquellos ojos de nieve que tanto me atraían... y de repente recordé que en los cuentos que tanto me gustaba leer, los amantes sólo se aproximaban tanto el uno al otro si iban a besarse.

Me aparté bruscamente de su ligero abrazo, sin saber decir quién estaba más roja, la hoguera o yo, sin apenas atreverme a mirarle a la cara... ¡Menuda falta de modales había cometido, imprudente de mí! pero él seguía sonriendo con aquella naturalidad, con aquella especie de calma perpetua que siempre le acompañaba. Supuse que quizá esas cosas no le afectaban porque él se había criado en el pueblo y según sus costumbres. Tal vez él había bailado con muchas otras chicas de aquella forma otras veces, en otras fiestas de aquella clase... tal vez ni siquiera se había dado cuenta de que yo estaba ruborizada. Y si se había dado cuenta, tal vez me considerara estúpida por ello.

-¿Ves como no ha sido tan terrible?-Preguntó inocentemente.

-Reconozco que ha sido divertido- repliqué, esforzándome por aparentar la misma naturalidad que él ante el final de nuestro baile.

-Bailar un poco no hace daño a nadie, mujer... ¿Quieres ir a ver los puestos?

-Oh, no gracias-dije sacudiéndome discretamente el vestido, asegurándome de que toda mi ropa seguía en su sitio tras el alocado baile- Esta mañana ya tuve suficiente, me resultaría un poco repetitivo verlos de nuevo.

-¿Qué te perece entonces ir a ver el espectáculo de malabares con fuegos? He oído que la bailarina es asombrosa.

-¿Enserio hace malabares con fuego? ¡Me gustaría mucho ver eso!

-Muy bien, ¡Pues vamos rápido a coger sitio o nos quitarán los mejores!

Salimos corriendo como dos niños pequeños por la plaza. Me sentía extraña, como muy alegre de repente, desinhibida, libre. Y era una sensación maravillosa. Adelanté a Axel riéndome y de repente oí su voz, alegre pero presurosa:

-¡Nadia, espera! ¡No corras tanto, se te ha caído la cinta del pelo!-paré, él llegó junto a mí y me la tendió- menos mal que estaba yo detrás para recogerla... por lo que veo sueles perder tus cosas con bastante frecuencia, ¿No es verdad?

-Gracias por recogerla- me toqué el pelo, comprobando, efectivamente, que la trenza se había deshecho al caer la cinta al suelo en mi alocada carrera. Me dispuse a rehacerla y a volver a atarme el lazo, pero entonces recapacité. Peiné un poco mi pelo suelto con los dedos y tendí la cinta Axel:

-Toma, te la devuelvo.

-¿Devolvérmela? ¿De qué hablas?

-Era sólo un préstamo, ¿Recuerdas? te dije que no pensaba aceptar ningún regalo. No puedo llevar este lazo en mi viaje, es un adorno que no necesito. Me lo puse para el concurso como me pediste, pero ahora, puesto que dicho concurso ha finalizado, y dado que la cinta la compraste tú, te pertenece. Es lícito que la lleves tú.

Creí que Axel rechazaría mi ofrecimiento o que me diría que él no necesitaba para nada un adorno para el pelo, o que al menos se resistiría un poco a aceptar. Pero en lugar de eso abrió mucho los ojos y sonrió nervioso, como aguantando algún tipo de sentimiento emocionante.

-¿Me estás diciendo que me das tu adorno? ¿Me das tu lazo, tu complemento? ¿Me lo das de verdad?

-Te repito que no es mío, sino tuyo... pero sí, te lo doy. Ten.

En cuanto lo tuvo entre las manos, Axel se arrodilló ante mí y me besó la mano.

-Ay, señora mía, me hacéis el caballero más feliz del mundo. ¡No os decepcionaré como Paladín, os lo juro! Mi prestigio será tan grande como vuestro título, que desde hoy hasta el día de mi muerte defenderé públicamente. ¡Seré conocido en todo el país!

-¿Qué?

-Vamos, mi señora, no seáis modesta, ¡Acabáis de otorgarme una prenda! eso me convierte en vuestro paladín... ahora sólo os queda encargarme una misión, que supongo que será algún tipo de arriesgado conflicto que tiene que ver con vuestro misterioso viaje. Confiadme pues, el entuerto, que yo me encargaré de...

-¡Axel! ¿Te has vuelto loco? ¡La prenda no es mía, es tuya! ¡Sólo te la he devuelto, te la he entregado por educación y no con ningún fin, mucho menos el de convertirte en paladín mío! ¡¡Levántate ahora mismo!!

-Como ordenéis, mi señora- Axel parecía orgulloso de haber conseguido por fin su codiciado y prestigioso título.

-¡¡¡Y deja de tratarme de vos!!! ¡Axel, no eres mi paladín! ¿Cuántas veces tendré que repetírtelo para que lo entiendas?

Y en esas estábamos, cuando el grupo de juglares al completo nos interrumpió de nuevo, como aquella misma mañana en la plaza del mercado.

-¡Vaya, vaya! Mira con quién estaba nuestra muchachita...-Telmo se rio.

-Claro, por eso no nos concedió el primer baile a nosotros... ¡Se lo estaba guardando a alguien!-Jaques completó la broma.

Todos rieron con ganas mientras yo sentía una especie de fuego creciendo en mi interior. Joseph los mandó calmarse y me tomó del brazo:

-Casi no te encontramos, eres muy escurridiza. Tenemos que irnos Nadia, es tardísimo...

-¿Tardísimo para qué? Pero si la fiesta está en pleno apogeo...

¡Mírala!-saltó Dante- al final la duquesita le va a coger gustillo a las fiestas del pueblo...

-Debemos irnos ya, la noche es larga y aún nos queda mucho por hacer, hay que aprovechar el tiempo- Kamal apoyaba a Joseph y le instaba a darse prisa. Joseph comenzó a arrastrarme y no pude hacer nada, pues él, evidentemente, era también muchísimo más fuerte que yo. Nos alejábamos rápidamente de la plaza.

-Pero esperad... ¿A qué se debe esta prisa? ¿Dónde demonios vamos?- me giré abrupta y brusca hacia Axel- ¡Tú! Devuélveme la cinta. ¡No es ninguna prenda!

-¡No te preocupes, la guardaré muy bien y la próxima vez que nos veamos te rendiré pleitesía oficialmente!

-¡¡¡Axel, no eres mi paladín!!!

-¡¡Gracias por esta promesa!! -Gritó justo antes de que el gentío me hiciera perderlo de vista, agitando la mano que portaba la cinta para despedirse y sonriendo apuesto y seguro.

-¿Pero es que no me oyes? ¡Yo no te he hecho ninguna promesa, no te debo nada! ¡Y no vamos a volver a vernos! ¡Axel! ¡Axeeel!

-¿Quieres parar de gritar? ¿Qué te ha pasado con ese muchacho?

-Dios santo, no vamos a volver a vernos, y tiene la cinta... cree que es mi paladín, ¿¡Y si va a Campoflorido a reclamar algún derecho que cree lícito y se descubre todo este asunto!?

-¿Alguien más cree que está desvariando por su amorcito perdido, o sólo soy yo?

-¡Dante, esto es muy grave! Dios mío por favor, haz que guarde silencio, que no se vaya de la lengua... Estúpido pelirrojo, ¡Lo mandaré matar!

-Nadia, creo que estás un poco nerviosa, deberías descansar...- Kamal se mostraba educado conmigo a pesar de su carácter distante.

Corriendo entre las callejuelas habíamos llegado a la placita donde los carros de los juglares permanecían bien atados y recogidos. Todos subieron y nos pusimos en marcha en apenas segundos.

-¿Va a decirme alguien adónde vamos?- Dije mientras me calaba bien la capa, pues la brisa nocturna comenzaba a tornarse en aire frío.

-¡A disfrutar de nuestro merecidísimo premio como los ganadores indiscutibles del concurso de Hiedrazul!-Dante estaba exultante.

-¿Y qué significa eso?

-Con una fiesta tan animada nos hemos separado un poco y no hemos tenido tiempo de explicártelo- Joseph también parecía muy alegre- El premio por ganar el concurso de Hiedrazul es una estancia de dos noches en la pensión más lujosa de toda la ciudad. Es tan exclusiva y rica que sólo abre una vez al año, durante este festival, y sólo la gente de alta cuna puede permitirse reservar una habitación. Es un sitio misterioso regentado por unas muchachas muy especiales.

-¡Ay Dios santo! ¿Vais a llevarme a uno de esos sitios? ¿Esas casas de... meretrices? -formulé la última pregunta con un hilillo de voz.

Dante casi se cae del carro de risa.

-¡Jajajaja! ¡Pero qué ocurrencias tiene esta chica! ¿Cómo puedes imaginar esas cosas?

-Es una taberna de lujo, Nadia, no un bar de prostitutas...-Joseph rio con ganas- ya verás, es preciosa, te va a encantar el sitio.

-Es decir, que lo he pasado mal, he ensayado con vosotros, aprendido canciones, gritado, llorado y he pasado por todo esto... ¿Sólo por dos noches en una taberna que en circunstancias normales podría haberme permitido pagar?

-No lo veas desde esa perspectiva tan ceniza, damita... Te lo has pasado bien, ¿No? y ahora va a ser aún mejor... Ala, ya hemos llegado. ¡Esto no ha hecho más que empezar!

Los carros se detuvieron y todos bajamos. Nos encontrábamos, efectivamente, en un extremo de la muralla de Hiedrazul, en una especie de explanada casi yerma. Frente a nosotros se encontraba un ingente edificio que nada tenía que ver con un fuerte o un castillo. Me hizo mucha gracia, porque, bajo la escasa luz de la luna, parecía una casa de muñecas gigantesca. Adiviné que era bonito, pero no se veía ninguna luz encendida, por lo que también tenía cierto aire siniestro que me ponía nerviosa. Todos avanzamos juntos hasta la puerta.

-Bienvenida a la taberna de Suri y Panta-susurró Joseph.

-¿Qué es eso?

-Suri y Panta son las hermanas que regentan este sitio, las dueñas del lugar. Son fantásticas, seguro que les caes en gracia, y ellas a ti también.

Tocó fuertemente en la puerta de madera. Un pequeño hueco rectangular se abrió y unos ojos enormes y oscuros se asomaron.

-¿Quién va?

-Los ganadores del concurso de Hiedrazul de este año-Joseph deslizó un pergamino por el hueco. Oí una risa musical y la puerta se abrió.


La luz me dio de lleno en los ojos, cálida pero cegadora, así que mientras atravesábamos el umbral de la taberna, no pude ver nada.

jueves, 9 de octubre de 2014

''El romance de Nadia'' capítulo 12

Capítulo 12

-No puedo creer que os haya encontrado de nuevo, querida dama… ¡Y de nuevo llorando! ¿Qué os ocurre, mi señora?-Axel sonreía con el aplomo que le caracterizaba. No importaba que todo estuviera agitado y que en la ciudad reinara un ambiente de nervios. Axel siempre estaba calmado, como ajeno a todo lo que pudiera molestarle.

-Oh, Axel-sollocé un poco y me aparté las lágrimas intentando serenar mi respiración- Te dije que no me tratases de vos… no soy tu señora, sólo soy una simple peregrina.

-Pero aun así, lloras. Y como caballero que soy, es mi deber prestarte auxilio con presteza- Le brillaba el pelo al sol, aún más que la noche en que me salvó, y los ojos parecían dos copos de nieve. Axel destacaba entre la multitud a pesar de su ropa oscura y sencilla de viaje. Aunque nadie parecía estar haciéndole caso, ni a él ni a mí- ¿Estás bien?

-Sí, es sólo que he tenido un pequeño contratiempo...no pasa nada- No quería contarle lo estúpida que había sido y cómo me había dejado embaucar por los juglares, me daba mucha vergüenza- de hecho iba a, esto… ¡Pasear por el mercado, eso es!

Axel se sentó a mi lado y me tomó una mano entre las suyas muy suavemente. Me miró directo y sereno, con sus ojos celestes justo enfrente de mis ojos marrones, y me habló con discreción:

-Nadia, no debes temer contarme algo malo por vergüenza. Soy tu paladín y debo ayudarte, es mi deber como caballero de primera orden. ¿Te han robado algo? ¿Te han causado algún daño? Si alguien se ha atrevido a molestar a la duquesa menor de Campoflorido, mataré a esa persona sin dudarlo si me lo pides. Y si han faltado a tu honor puedo jurar que...

-Basta, ¡Basta, Axel!-retiré mi mano de entre las suyas y me distancié de él- Tienes unas ideas demasiado fantasiosas. Nadie ha faltado a mi honor, no me han robado nada-señalé mi zurrón, del que ya nunca me separaba- nadie me ha hecho daño, y sobre todo... Tú no eres mi paladín. Ni te he otorgado el puesto ni te he dado prenda alguna como señal de mi confianza hacia ti. Y no vuelvas a referirte a mí como la duquesa. Aquí sólo soy una muchacha corriente que está haciendo un viaje de peregrinación. Así que si me disculpas, y puesto que ya he calmado mis nervios, me gustaría pasear por esta bonita plaza y ver las numerosas tiendas. Que tengas un buen día, Axel.

Me levanté, y me dispuse a marcharme con la cabeza bien alta, pero Axel dio un salto y me cerró el paso.

-Bueno, puesto que eres una muchacha corriente y yo soy un joven y valeroso caballero... supongo que estarás encantada de que te acompañe en tu paseo.

-¿Puedes apartarte? Te lo agradezco de veras-me escurrí por un lateral, pero Axel me tomó una mano y me detuvo.

-Vamos Nadia, sólo es un paseo. Nadie notará nuestra presencia, estamos rodeados de gente y de guardias… ¿Qué hay de malo en dar un inocente paseo por la plaza del mercado en un día de fiesta?

No pude evitar sonreír ligeramente. Más que sus palabras, me convencieron sus ojos y su sonrisa y el hecho de que me agarrara la mano de una forma tan suave, pero nunca se lo dije.

-No vas a dejarme marchar sola, ¿Verdad?...Está bien, pero dirígete a mí con cortesía y-me solté, también suavemente- respeta el protocolo.

Comenzamos a caminar, yo un tanto rígida, él alegre y desenfadado junto a mí.

-Si soy cortés, ¿Me dejarás hablar contigo?

-¿Por qué habría de permitirlo? ¿Con qué propósito deseas hablar conmigo?

-Es simple curiosidad, deseo saber algunas cosas, como qué edad tienes. No me lo dijiste durante nuestro último encuentro.


-No creo que sea un dato importante.

-Si no lo es, ¿Por qué temes decírmelo?

-¡No temo decírtelo! Tengo dieciséis años. ¿Estás satisfecho ahora que lo sabes?

-¡Sí! aunque en realidad ya sabía tu edad, sé la edad de casi todos los nobles del país... al fin y al cabo la gente de la corte no para de cotillear, y como me he pasado dos años en Gubraz... ¡Uno no puede evitar oír ciertas cosas! ¿Verdad que vuestra hermana tiene dieciocho años?

-¿Y si ya lo sabías para qué me preguntas?

-¡Era sólo para demostrarte que mis preguntas son inocentes!

Ignoré el resto de sus inocentes preguntas y Comencé a ver algunos instrumentos de cocina en los primeros puestos. No me interesaban nada, pero todo estaba tan arreglado y bien presentado que no podía evitar acercarme a cada tiendecita. Los propietarios no paraban de llamar la atención del público gritando sus ofertas especiales del festival, y a veces tenía que esperar largos minutos para ver lo que exponían, pues con tanta gente era imposible avanzar. Estreché mi zurrón contra mí para evitar 'descuidos' mientras resoplaba algo aturrullada. Me alegraba contar con la protectora presencia de Axel, pero lo cierto era que el muchacho no podía cerrar la boca ni un minuto.

-Así que estás en viaje de peregrinación, ¿Eh? ¿Y por qué viajas sola y no con escolta?

-No es de tu incumbencia.

-¿Y cuál es tu destino final? Porque si es un viaje de peregrinación, tendrá algún destino final. ¿No?

-No es de tu incumbencia.

-Pero es que no entiendo por qué una duq...

-¡Sssshh!

-¡Está bien! quiero decir que no entiendo muy bien tus propósitos...

-Mis propósitos son privados y no voy a contártelos, Axel.

-¡Pues sí que estamos bien! Así no hay quien entable conversación. ¿Me dirás al menos qué haces en Hiedrazul?

-Eso...-suspiré- eso quisiera saber yo, cómo demonios he acabado aquí encerrada tres días...estúpido festival, estúpida gente, estúpidas puertas cerradas-sacudí la cabeza rabiosamente, y de repente, caí en la cuenta de algo. Miré fija a Axel- ¿Y tú?

-¿Yo? Estoy bien, gracias.

-¡No, quiero decir que qué haces tú en Hiedrazul! ¡Eres de Brownstone, me lo dijiste, ibas al sur! ¿Se puede saber qué demonios haces al norte?

-¿Brownstone? Jesús del cielo, ¡Eso ocurrió hace siglos, Nadia!

-¿Siglos? ¡Ocurrió hace unos días!

-Oh, por supuesto… ¡Había olvidado que tú no viajas a través del camino real! –Me miró desconcertado- ¿Por qué demonios no viajas a través del camino real?

-Larga historia. Pero no hablamos de eso, sino de cómo has llegado a Hiedrazul en vez de a Brownstone. ¿Acaso te has perdido?

-¡Claro que no! Verás, tras ponerte a salvo hace unas cuantas noches seguí mi camino. Como ya soy caballero oficial pude tomar el camino real y así,  llegué a Brownstone enseguida. Mis padres me esperaban anhelantes, deseosos de oír mis buenas nuevas, ¡Y se sintieron tan orgullosos cuando les dije que había obtenido el favor de una familia de la alta nobleza!... ¡Ay! ¡No me pegues! no les dije de qué familia se trataba ni te mencioné, y lo mío me costó, porque como es natural mis padres se mostraron ansiosos por conocer todas las novedades de mi vida y... está bien, deja de mirarme como si mereciera la horca... el caso es que decidí volver a Gubraz, por si necesitan algún caballero para alguna hazaña de la más peligrosa índole... pero antes, como es obvio, me he detenido en Hiedrazul para ver el festival. ¡Las fiestas de esta ciudad son magníficas!

-¿Vas a Gubraz? espera... ¿¡Vas a ver el festival!?-No sabía cuál de las dos declaraciones de Axel me sorprendía más.

-¡Claro! no te puedes imaginar lo animada que estará la plaza esta noche en el concurso de canciones, ¡Será fantástico! tras proclamar al ganador se encienden hogueras muy altas y la gente baila y bebe mucho... ¿Tú no estás aquí para ver el festival?

-No exactamente. ¡Mira! más tiendas...

Me acerqué a un pequeño pero cargado puesto en el que había bastantes accesorios de los más variados tipos. Me percaté de que a medida que habíamos ido rodeando la plaza, los puestos parecían más finos y sus productos más ricos.

-¡Oh! Mira Axel, dos puestos más allá tiene mascotas... ¡Gatitos, ardillas y ratones! ¡Vamos a verlos! ¡Y en aquel tienen broches, los veo brillar!

-¡No, chiquilla! ni se te ocurra hacer eso- el dueño del pequeño puesto me agarró justo cuando iba a echar a correr.

-¿Qué cree que hace? ¡Suélteme!

-¡Te libro de un severo castigo! ¡Todos los puestos que ves más allá del mío están exclusivamente reservados para la nobleza!

-¿Cómo?

-No puedes visitarlos. Mi puesto es el último al que puedes acercarte, a no ser que de repente me digas que eres la hija de un noble desconocido y extranjero.

Negué muy fuertemente con la cabeza.

-¡Por supuesto que no, señor! me alegro de que me hayáis evitado un problema. Os lo agradezco.

-Bueno, más que tu agradecimiento, me valdría más que me compraras algo... mira cuántas cosas vendo para que puedas engalanarte en condiciones durante el festival...

Axel se situó a mi lado con cara de aburrido mientras el señor me enseñaba joyas de imitación y otras baratijas que yo fingía contemplar con deleite. El adorno más feo y barato de mi tocador valía diez veces más que todo aquello.

-Me parece que no voy a... ¡Oh! ¿Eso es una cruz de madera?

-Sí chiquilla, cruces de peregrino de las más alta calidad, ¿Te interesan? en la mesa solo tengo una, pero en la bandeja tengo muchas más, te las mostraré...

El orondo vendedor, amable pero interesado, se puso a revolver entre un montón de sacos para encontrar las cruces de peregrino. Seguí mirando y toqueteando cosas del puesto. De repente, en una esquina, cuidadosamente enrolladas, vi un montón de cintas de colores.

-¡Cintas para el pelo! ¿Qué precio tienen?

-Dos monedas de bronce cada una, chiquilla, son de una calidad excelente y hacen mucho adorno...-el vendedor no cesaba en la búsqueda.

-Son preciosas -cogí una de color azul claro, ligeramente brillante y que conjuntaría y destacaría perfectamente con mi sencillo vestido.

-¿Te vas a comprar ese lazo? es bonito-Axel miraba el producto sin mucho interés.

-No, no puedo-la solté de nuevo en la mesa- es muy bonito, pero las peregrinas no llevan lazos ni adornos en el pelo. Sólo compraré la cruz, me hace falta después de haber perdido la mía...

-Eso es una tontería, si lo quieres puedes llevártelo. Seguro que te queda bien. En fiestas como esta todas las muchachas visten coronas de flores y lazos y broches en el cabello, y todas están muy bonitas.

-Yo no soy como todas esas muchachas, Axel-Repliqué, sonriendo y pensando en las ropas que llevaba en las fiestas de mi castillo.

El vendedor regresó con una amplia selección de cruces de madera. Sin demora, escogí una simple y de color claro y la pagué. Eché a andar de nuevo con Axel hasta que llegamos al centro de la enorme plaza, cerca de la fuente.

-¿Entoces… irás a ver el festival esta noche?

-Pues... no sé.

-De verdad Nadia, ¡Es un acontecimiento digno de admirar! Mientras me formaba en Gubraz tuve la oportunidad de asistir a uno o dos bailes de la corte... y te aseguro que esto no tiene comparación, es mucho más divertido.

Lo miré sorprendida.

-Permíteme que lo dude...

Sin previo aviso, unas voces masculinas interrumpieron la conversación.

-¡Nadia! ¡La he encontrado, junto a la fuente! ¡Vamos chicos!

Me giré bruscamente al oír mi nombre. El grupo entero de juglares se acercaba hacia nosotros con energía. Llamaban mucho la atención con sus coloridos ropajes.

-Oh, Dios mío...-musité.

-¿Qué pasa?-Axel me miraba confuso.

-Ay Dios, no, qué vergüenza...

-Nadia, ¿estás bien?

-¡Nadia! Menos mal que te encontramos-Dante volvía a tener la mirada dulce de un niño inocente. Todos parecían aliviados y contentos de verme, incluso Kamal- ¡Oh! ¿Quién es tu amigo?

-¿Qué? este... ¡Este no es mi amigo! es mi... es un...-me ruboricé hasta la raíz del cabello.

-Soy, en realidad, su paladín... ¿Y ustedes son?

-¡Axel, te he dicho que no eres mi paladín, haz el favor de callarte! No le hagáis caso...

-Eso no importa ahora-Joseph tomó la palabra- El caso es que queremos hablar contigo para...

-No necesito ni quiero oír una sola palabra de lo que tengáis que decirme. Sois unos mentirosos, y yo detesto a los mentirosos. Si me disculpáis, me voy.

-¿Qué está pasando aquí?

-Déjalo Axel, no vale la pena.

-Nadia por favor, queremos disculparnos.

-Sí, escúchanos, te lo rogamos...

-Debes comprender lo importante que es esto para nosotros...

-Para mí lo más importante es que no me mientan-Miré fija a Joseph-No puedo confiar en vosotros, y mucho menos ayudaros.

-Nadia, te hemos inscrito con nosotros, si nos presentamos sin voz femenina nos echarán del concurso...

-¿Qué concurso?

-Calla, Axel... pero Joseph, ¿Por qué me engañasteis? no es justo para mí, necesito irme pronto y ahora no puedo salir de la ciudad.

-Lo lamentamos profundamente, te juro que no queremos interferir en tu viaje en modo alguno, pero Nadia, tu voz... necesitamos tu voz, es maravillosa. Sólo somos unos humildes artistas ambulantes, y este concurso es una gran oportunidad para prosperar un poco... por favor-Joseph hincó una rodilla en el suelo y se dirigió a mí como un caballero jurando fidelidad a su señor- Si es tu deseo, todos y cada uno de nosotros te pediremos sinceras disculpas. Seríamos los juglares más felices del mundo si cantases con nosotros en el concurso, Nadia. Por supuesto, parte del premio te correspondería a ti también, en el caso de que ganáramos. Y con tu voz lo haremos.

-¿Qué? ¿¡Vas a participar en el concurso esta noche!? ¿¡Con estos... sois juglares!?-Axel abrió los ojos de hielo de forma desmesurada.

El grupo entero de juglares le respondió a la vez, como activados por un resorte.

-¡Sí!

-Pues en ese caso… Enseguida vuelvo-Axel echó a correr. Se perdió entre la multitud en un segundo.

-En cuanto a eso de las disculpas... no estaría nada mal- Intervine, decidida.

-Dadlo por hecho, bella señora-Joseph sonrió. Todos, uno por uno y sin excepción, se arrodillaron ante mí, me besaron la mano y me pidieron disculpas. Incluso Kamal parecía arrepentido de verdad.

-Qué demonios, está bien, os ayudaré a ganar ese estúpido concurso... ¡Pero tras esta noche no quiero volver a veros más! ¿Está claro?

-¡¡Viva!! ¡Tres hurras por esta hermosa doncella!- exclamó Dante. Los gemelos y él corearon tres veces, mientras Joseph y Kamal reían satisfechos.

-Debemos ir a comer algo y luego ensayar, ¡No tenemos mucho tiempo!

-Tienes razón, Kamal-Joseph me tomó de la mano-vamos Nadia, es muy tarde.

-Oh, de acuerdo...

Me dejé arrastrar por los juglares, que iban vitoreando y montando jaleo por toda la plaza. Casi nos habíamos marchado por una calle lateral cuando vi a Axel acercarse corriendo muy apurado.

-¡Nadia, espera!-Llegó apenas sin aliento- Casi no os alcanzo... to... toma. ¿Tenéis un poco de agua?

-¡Pero Axel, la cinta azul!- la recogí entre mis manos- Te he dicho que no la quería, no puedo llevarla... ¿Por qué…?

-Acabo de comprarla. Debes llevarla en el concurso, te hará destacar y los jueces te darán muchos puntos... estoy convencido de que ganaréis, ¡No me lo perderé!

-No, lo siento, no puedo aceptarla- se la devolví a Axel.

-¡Por La virgen María niña, es un lazo, no un puñal envenenado! ¡Cógelo y vámonos!-Dante tomó el adorno y lo puso de nuevo entre mis manos. Se volvió hacia Axel- muchas gracias por los ánimos, chato. Nos llevamos a tu doncella, si no te importa. Y permíteme darte un consejo. La próxima vez, cómprale flores. Así la conquistarás más rápido-le guiñó un ojo pícaramente.

-¡Dante!


No me dio tiempo a reñirle más, porque en ese mismo instante echamos a correr hacia la plaza del concurso.