jueves, 9 de octubre de 2014

''El romance de Nadia'' capítulo 12

Capítulo 12

-No puedo creer que os haya encontrado de nuevo, querida dama… ¡Y de nuevo llorando! ¿Qué os ocurre, mi señora?-Axel sonreía con el aplomo que le caracterizaba. No importaba que todo estuviera agitado y que en la ciudad reinara un ambiente de nervios. Axel siempre estaba calmado, como ajeno a todo lo que pudiera molestarle.

-Oh, Axel-sollocé un poco y me aparté las lágrimas intentando serenar mi respiración- Te dije que no me tratases de vos… no soy tu señora, sólo soy una simple peregrina.

-Pero aun así, lloras. Y como caballero que soy, es mi deber prestarte auxilio con presteza- Le brillaba el pelo al sol, aún más que la noche en que me salvó, y los ojos parecían dos copos de nieve. Axel destacaba entre la multitud a pesar de su ropa oscura y sencilla de viaje. Aunque nadie parecía estar haciéndole caso, ni a él ni a mí- ¿Estás bien?

-Sí, es sólo que he tenido un pequeño contratiempo...no pasa nada- No quería contarle lo estúpida que había sido y cómo me había dejado embaucar por los juglares, me daba mucha vergüenza- de hecho iba a, esto… ¡Pasear por el mercado, eso es!

Axel se sentó a mi lado y me tomó una mano entre las suyas muy suavemente. Me miró directo y sereno, con sus ojos celestes justo enfrente de mis ojos marrones, y me habló con discreción:

-Nadia, no debes temer contarme algo malo por vergüenza. Soy tu paladín y debo ayudarte, es mi deber como caballero de primera orden. ¿Te han robado algo? ¿Te han causado algún daño? Si alguien se ha atrevido a molestar a la duquesa menor de Campoflorido, mataré a esa persona sin dudarlo si me lo pides. Y si han faltado a tu honor puedo jurar que...

-Basta, ¡Basta, Axel!-retiré mi mano de entre las suyas y me distancié de él- Tienes unas ideas demasiado fantasiosas. Nadie ha faltado a mi honor, no me han robado nada-señalé mi zurrón, del que ya nunca me separaba- nadie me ha hecho daño, y sobre todo... Tú no eres mi paladín. Ni te he otorgado el puesto ni te he dado prenda alguna como señal de mi confianza hacia ti. Y no vuelvas a referirte a mí como la duquesa. Aquí sólo soy una muchacha corriente que está haciendo un viaje de peregrinación. Así que si me disculpas, y puesto que ya he calmado mis nervios, me gustaría pasear por esta bonita plaza y ver las numerosas tiendas. Que tengas un buen día, Axel.

Me levanté, y me dispuse a marcharme con la cabeza bien alta, pero Axel dio un salto y me cerró el paso.

-Bueno, puesto que eres una muchacha corriente y yo soy un joven y valeroso caballero... supongo que estarás encantada de que te acompañe en tu paseo.

-¿Puedes apartarte? Te lo agradezco de veras-me escurrí por un lateral, pero Axel me tomó una mano y me detuvo.

-Vamos Nadia, sólo es un paseo. Nadie notará nuestra presencia, estamos rodeados de gente y de guardias… ¿Qué hay de malo en dar un inocente paseo por la plaza del mercado en un día de fiesta?

No pude evitar sonreír ligeramente. Más que sus palabras, me convencieron sus ojos y su sonrisa y el hecho de que me agarrara la mano de una forma tan suave, pero nunca se lo dije.

-No vas a dejarme marchar sola, ¿Verdad?...Está bien, pero dirígete a mí con cortesía y-me solté, también suavemente- respeta el protocolo.

Comenzamos a caminar, yo un tanto rígida, él alegre y desenfadado junto a mí.

-Si soy cortés, ¿Me dejarás hablar contigo?

-¿Por qué habría de permitirlo? ¿Con qué propósito deseas hablar conmigo?

-Es simple curiosidad, deseo saber algunas cosas, como qué edad tienes. No me lo dijiste durante nuestro último encuentro.


-No creo que sea un dato importante.

-Si no lo es, ¿Por qué temes decírmelo?

-¡No temo decírtelo! Tengo dieciséis años. ¿Estás satisfecho ahora que lo sabes?

-¡Sí! aunque en realidad ya sabía tu edad, sé la edad de casi todos los nobles del país... al fin y al cabo la gente de la corte no para de cotillear, y como me he pasado dos años en Gubraz... ¡Uno no puede evitar oír ciertas cosas! ¿Verdad que vuestra hermana tiene dieciocho años?

-¿Y si ya lo sabías para qué me preguntas?

-¡Era sólo para demostrarte que mis preguntas son inocentes!

Ignoré el resto de sus inocentes preguntas y Comencé a ver algunos instrumentos de cocina en los primeros puestos. No me interesaban nada, pero todo estaba tan arreglado y bien presentado que no podía evitar acercarme a cada tiendecita. Los propietarios no paraban de llamar la atención del público gritando sus ofertas especiales del festival, y a veces tenía que esperar largos minutos para ver lo que exponían, pues con tanta gente era imposible avanzar. Estreché mi zurrón contra mí para evitar 'descuidos' mientras resoplaba algo aturrullada. Me alegraba contar con la protectora presencia de Axel, pero lo cierto era que el muchacho no podía cerrar la boca ni un minuto.

-Así que estás en viaje de peregrinación, ¿Eh? ¿Y por qué viajas sola y no con escolta?

-No es de tu incumbencia.

-¿Y cuál es tu destino final? Porque si es un viaje de peregrinación, tendrá algún destino final. ¿No?

-No es de tu incumbencia.

-Pero es que no entiendo por qué una duq...

-¡Sssshh!

-¡Está bien! quiero decir que no entiendo muy bien tus propósitos...

-Mis propósitos son privados y no voy a contártelos, Axel.

-¡Pues sí que estamos bien! Así no hay quien entable conversación. ¿Me dirás al menos qué haces en Hiedrazul?

-Eso...-suspiré- eso quisiera saber yo, cómo demonios he acabado aquí encerrada tres días...estúpido festival, estúpida gente, estúpidas puertas cerradas-sacudí la cabeza rabiosamente, y de repente, caí en la cuenta de algo. Miré fija a Axel- ¿Y tú?

-¿Yo? Estoy bien, gracias.

-¡No, quiero decir que qué haces tú en Hiedrazul! ¡Eres de Brownstone, me lo dijiste, ibas al sur! ¿Se puede saber qué demonios haces al norte?

-¿Brownstone? Jesús del cielo, ¡Eso ocurrió hace siglos, Nadia!

-¿Siglos? ¡Ocurrió hace unos días!

-Oh, por supuesto… ¡Había olvidado que tú no viajas a través del camino real! –Me miró desconcertado- ¿Por qué demonios no viajas a través del camino real?

-Larga historia. Pero no hablamos de eso, sino de cómo has llegado a Hiedrazul en vez de a Brownstone. ¿Acaso te has perdido?

-¡Claro que no! Verás, tras ponerte a salvo hace unas cuantas noches seguí mi camino. Como ya soy caballero oficial pude tomar el camino real y así,  llegué a Brownstone enseguida. Mis padres me esperaban anhelantes, deseosos de oír mis buenas nuevas, ¡Y se sintieron tan orgullosos cuando les dije que había obtenido el favor de una familia de la alta nobleza!... ¡Ay! ¡No me pegues! no les dije de qué familia se trataba ni te mencioné, y lo mío me costó, porque como es natural mis padres se mostraron ansiosos por conocer todas las novedades de mi vida y... está bien, deja de mirarme como si mereciera la horca... el caso es que decidí volver a Gubraz, por si necesitan algún caballero para alguna hazaña de la más peligrosa índole... pero antes, como es obvio, me he detenido en Hiedrazul para ver el festival. ¡Las fiestas de esta ciudad son magníficas!

-¿Vas a Gubraz? espera... ¿¡Vas a ver el festival!?-No sabía cuál de las dos declaraciones de Axel me sorprendía más.

-¡Claro! no te puedes imaginar lo animada que estará la plaza esta noche en el concurso de canciones, ¡Será fantástico! tras proclamar al ganador se encienden hogueras muy altas y la gente baila y bebe mucho... ¿Tú no estás aquí para ver el festival?

-No exactamente. ¡Mira! más tiendas...

Me acerqué a un pequeño pero cargado puesto en el que había bastantes accesorios de los más variados tipos. Me percaté de que a medida que habíamos ido rodeando la plaza, los puestos parecían más finos y sus productos más ricos.

-¡Oh! Mira Axel, dos puestos más allá tiene mascotas... ¡Gatitos, ardillas y ratones! ¡Vamos a verlos! ¡Y en aquel tienen broches, los veo brillar!

-¡No, chiquilla! ni se te ocurra hacer eso- el dueño del pequeño puesto me agarró justo cuando iba a echar a correr.

-¿Qué cree que hace? ¡Suélteme!

-¡Te libro de un severo castigo! ¡Todos los puestos que ves más allá del mío están exclusivamente reservados para la nobleza!

-¿Cómo?

-No puedes visitarlos. Mi puesto es el último al que puedes acercarte, a no ser que de repente me digas que eres la hija de un noble desconocido y extranjero.

Negué muy fuertemente con la cabeza.

-¡Por supuesto que no, señor! me alegro de que me hayáis evitado un problema. Os lo agradezco.

-Bueno, más que tu agradecimiento, me valdría más que me compraras algo... mira cuántas cosas vendo para que puedas engalanarte en condiciones durante el festival...

Axel se situó a mi lado con cara de aburrido mientras el señor me enseñaba joyas de imitación y otras baratijas que yo fingía contemplar con deleite. El adorno más feo y barato de mi tocador valía diez veces más que todo aquello.

-Me parece que no voy a... ¡Oh! ¿Eso es una cruz de madera?

-Sí chiquilla, cruces de peregrino de las más alta calidad, ¿Te interesan? en la mesa solo tengo una, pero en la bandeja tengo muchas más, te las mostraré...

El orondo vendedor, amable pero interesado, se puso a revolver entre un montón de sacos para encontrar las cruces de peregrino. Seguí mirando y toqueteando cosas del puesto. De repente, en una esquina, cuidadosamente enrolladas, vi un montón de cintas de colores.

-¡Cintas para el pelo! ¿Qué precio tienen?

-Dos monedas de bronce cada una, chiquilla, son de una calidad excelente y hacen mucho adorno...-el vendedor no cesaba en la búsqueda.

-Son preciosas -cogí una de color azul claro, ligeramente brillante y que conjuntaría y destacaría perfectamente con mi sencillo vestido.

-¿Te vas a comprar ese lazo? es bonito-Axel miraba el producto sin mucho interés.

-No, no puedo-la solté de nuevo en la mesa- es muy bonito, pero las peregrinas no llevan lazos ni adornos en el pelo. Sólo compraré la cruz, me hace falta después de haber perdido la mía...

-Eso es una tontería, si lo quieres puedes llevártelo. Seguro que te queda bien. En fiestas como esta todas las muchachas visten coronas de flores y lazos y broches en el cabello, y todas están muy bonitas.

-Yo no soy como todas esas muchachas, Axel-Repliqué, sonriendo y pensando en las ropas que llevaba en las fiestas de mi castillo.

El vendedor regresó con una amplia selección de cruces de madera. Sin demora, escogí una simple y de color claro y la pagué. Eché a andar de nuevo con Axel hasta que llegamos al centro de la enorme plaza, cerca de la fuente.

-¿Entoces… irás a ver el festival esta noche?

-Pues... no sé.

-De verdad Nadia, ¡Es un acontecimiento digno de admirar! Mientras me formaba en Gubraz tuve la oportunidad de asistir a uno o dos bailes de la corte... y te aseguro que esto no tiene comparación, es mucho más divertido.

Lo miré sorprendida.

-Permíteme que lo dude...

Sin previo aviso, unas voces masculinas interrumpieron la conversación.

-¡Nadia! ¡La he encontrado, junto a la fuente! ¡Vamos chicos!

Me giré bruscamente al oír mi nombre. El grupo entero de juglares se acercaba hacia nosotros con energía. Llamaban mucho la atención con sus coloridos ropajes.

-Oh, Dios mío...-musité.

-¿Qué pasa?-Axel me miraba confuso.

-Ay Dios, no, qué vergüenza...

-Nadia, ¿estás bien?

-¡Nadia! Menos mal que te encontramos-Dante volvía a tener la mirada dulce de un niño inocente. Todos parecían aliviados y contentos de verme, incluso Kamal- ¡Oh! ¿Quién es tu amigo?

-¿Qué? este... ¡Este no es mi amigo! es mi... es un...-me ruboricé hasta la raíz del cabello.

-Soy, en realidad, su paladín... ¿Y ustedes son?

-¡Axel, te he dicho que no eres mi paladín, haz el favor de callarte! No le hagáis caso...

-Eso no importa ahora-Joseph tomó la palabra- El caso es que queremos hablar contigo para...

-No necesito ni quiero oír una sola palabra de lo que tengáis que decirme. Sois unos mentirosos, y yo detesto a los mentirosos. Si me disculpáis, me voy.

-¿Qué está pasando aquí?

-Déjalo Axel, no vale la pena.

-Nadia por favor, queremos disculparnos.

-Sí, escúchanos, te lo rogamos...

-Debes comprender lo importante que es esto para nosotros...

-Para mí lo más importante es que no me mientan-Miré fija a Joseph-No puedo confiar en vosotros, y mucho menos ayudaros.

-Nadia, te hemos inscrito con nosotros, si nos presentamos sin voz femenina nos echarán del concurso...

-¿Qué concurso?

-Calla, Axel... pero Joseph, ¿Por qué me engañasteis? no es justo para mí, necesito irme pronto y ahora no puedo salir de la ciudad.

-Lo lamentamos profundamente, te juro que no queremos interferir en tu viaje en modo alguno, pero Nadia, tu voz... necesitamos tu voz, es maravillosa. Sólo somos unos humildes artistas ambulantes, y este concurso es una gran oportunidad para prosperar un poco... por favor-Joseph hincó una rodilla en el suelo y se dirigió a mí como un caballero jurando fidelidad a su señor- Si es tu deseo, todos y cada uno de nosotros te pediremos sinceras disculpas. Seríamos los juglares más felices del mundo si cantases con nosotros en el concurso, Nadia. Por supuesto, parte del premio te correspondería a ti también, en el caso de que ganáramos. Y con tu voz lo haremos.

-¿Qué? ¿¡Vas a participar en el concurso esta noche!? ¿¡Con estos... sois juglares!?-Axel abrió los ojos de hielo de forma desmesurada.

El grupo entero de juglares le respondió a la vez, como activados por un resorte.

-¡Sí!

-Pues en ese caso… Enseguida vuelvo-Axel echó a correr. Se perdió entre la multitud en un segundo.

-En cuanto a eso de las disculpas... no estaría nada mal- Intervine, decidida.

-Dadlo por hecho, bella señora-Joseph sonrió. Todos, uno por uno y sin excepción, se arrodillaron ante mí, me besaron la mano y me pidieron disculpas. Incluso Kamal parecía arrepentido de verdad.

-Qué demonios, está bien, os ayudaré a ganar ese estúpido concurso... ¡Pero tras esta noche no quiero volver a veros más! ¿Está claro?

-¡¡Viva!! ¡Tres hurras por esta hermosa doncella!- exclamó Dante. Los gemelos y él corearon tres veces, mientras Joseph y Kamal reían satisfechos.

-Debemos ir a comer algo y luego ensayar, ¡No tenemos mucho tiempo!

-Tienes razón, Kamal-Joseph me tomó de la mano-vamos Nadia, es muy tarde.

-Oh, de acuerdo...

Me dejé arrastrar por los juglares, que iban vitoreando y montando jaleo por toda la plaza. Casi nos habíamos marchado por una calle lateral cuando vi a Axel acercarse corriendo muy apurado.

-¡Nadia, espera!-Llegó apenas sin aliento- Casi no os alcanzo... to... toma. ¿Tenéis un poco de agua?

-¡Pero Axel, la cinta azul!- la recogí entre mis manos- Te he dicho que no la quería, no puedo llevarla... ¿Por qué…?

-Acabo de comprarla. Debes llevarla en el concurso, te hará destacar y los jueces te darán muchos puntos... estoy convencido de que ganaréis, ¡No me lo perderé!

-No, lo siento, no puedo aceptarla- se la devolví a Axel.

-¡Por La virgen María niña, es un lazo, no un puñal envenenado! ¡Cógelo y vámonos!-Dante tomó el adorno y lo puso de nuevo entre mis manos. Se volvió hacia Axel- muchas gracias por los ánimos, chato. Nos llevamos a tu doncella, si no te importa. Y permíteme darte un consejo. La próxima vez, cómprale flores. Así la conquistarás más rápido-le guiñó un ojo pícaramente.

-¡Dante!


No me dio tiempo a reñirle más, porque en ese mismo instante echamos a correr hacia la plaza del concurso.

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