jueves, 27 de noviembre de 2014

''El romance de Nadia'' capítulo 14

Capítulo 14


Parpadeé con energía unas cuantas veces seguidas y sacudí ligeramente la cabeza para poder acostumbrarme al súbito cambio de luz que había sufrido al entrar en la taberna. Podía oír ruido de conversaciones, lo que me indicaba que había más clientes aparte de nosotros, pero no se vivía el gran jaleo de la típica taberna de ciudad o pueblo humilde, sino que todo parecía bastante tranquilo. 

Cuando por fin pude distinguir lo que había a mi alrededor, lo primero que vi, delante de mí, fue a dos chicas abrazando muy calurosamente a los juglares. Una de ellas salió un momento de la sala, mientras la otra continuaba con los saludos y las felicitaciones:

-¡Mis niños, mis chicos, qué digo, mis hombres! A mi hermana y a mí casi nos da algo cuando oímos que habíais ganado por segundo año... ¡Estamos contentísimas! no querríamos a nadie más aquí esta noche, ya sabéis... ¿Y la chica? ¿Dónde está esa mujer seductora y hecha a sí misma, esa que os ha hecho ganar?

-Pues aquí la tienes-Joseph me señaló tímidamente.

-¡Querida, qué alegría verte por segundo año... oh espera, ¡Pero si esta no es...!

-No, no es la del año pasado- se apresuró a decir Kamal- de esa no sabemos nada.

-Esta es Nadia- completó Dante, alegremente como siempre.

-¡Una dama nueva! Eso es muy inusual por aquí, habrá que mimarla mucho...-se acercó a mí y me abrazó, gesto que me molestó, porque no estaba acostumbrada a que los desconocidos se tomaran aquellas confianzas- Encantada cielo, soy Panta, la dueña de esta taberna tan bonita.

Sonreía radiante. Yo le devolví una especie de sonrisa incómoda. Era muy alta, y tenía cuerpo de mujer a pesar de que parecía una adolescente joven. Tenía el pelo muy negro y liso, y para mi sorpresa corto, a la altura del cuello. Era muy extraño ver a una chica con el pelo corto, pero lo cierto era que le sentaba muy bien cayendo a los lados de su rostro y destacando su piel pálida y sus ojos oscuros y enormes. Sin embargo, aunque a primera vista me pareció muy guapa, su atuendo era bastante escandaloso para mi gusto. Llevaba una falda oscura de una tela que no supe identificar, larga en principio pero con una abertura que dejaba ver prácticamente toda su pierna izquierda. La camisa de verano blanca escotada y el corsé negro bien ceñido no la ayudaban nada a ocultar su anatomía. Más bien la marcaban, haciéndola atractiva y, a mis ojos, provocadora.

Panta seguía hablando. Tenía una voz musical.

-Ya verás lo bien que te lo vas a pasar hoy, te vamos a tratar como a una reina... esa chica es mi hermana, ella también es dueña de la taberna, ¡No te muevas, te la voy a presentar! ¡Suri!

No me dio tiempo a decirle que no pensaba moverme puesto que no conocía el sitio, ya que Panta se movió ligera y danzante hacia la chica que antes había abrazado a los juglares. Estaba atendiendo a un hombre y una mujer que parecían mayores y muy serios, vestidos con largas túnicas de diferentes tonos de verde y extravagantes sombreros. Me fijé en que todos los clientes iban vestidos de verde y llevaban complejos tocados en la cabeza. Me pareció curioso, aunque no le di importancia.

Sin embargo, en cuanto se acercó y se presentó con un abrazo igual que su hermana, me pregunté cómo demonios podía no haberme fijado en ella antes.

Suri era alta, y tenía el pelo espeso, del mismo negro que su hermana, aunque ondulado y muy largo, por la cintura. Sus ojos eran pequeños pero muy vivos, mirando siempre a todas partes, y no podía estar quieta ni un momento. Sin embargo, era más comedida y algo más tímida que su hermana, como pronto descubriría. Pero su ropa...
No era nada provocativa, cosa que aprecié, pero no pude parar de preguntarme cómo una persona podía llevar un corpiño azul, adornado con un cordón verde claro, una manga verde más oscuro, otra de un morado intenso, la falda malva y una flor roja en el pelo sin sentir que llamaba la atención.

-Bueno, bueno, ¡Basta ya de presentaciones, vamos a empezar ya con vuestra noche especial!- Panta parecía realmente contenta y nerviosa- Chicos, vuestro baño está casi listo, sólo tengo que dar los últimos toques... a ti sin embargo- me miró como si yo valiera mucho dinero- te voy a preparar la habitación especial y el baño grande, ¡Ay, por fin una chica aquí! ¡Vamos a mimarte mucho! ¡Qué noche tan estupenda pasaremos!

Desapareció dando saltitos escaleras arriba. Yo, que seguía sin entender nada, me limité a seguir a los chicos, que no paraban de parlotear orgullosos y contentos, y a Suri, que nos condujo a una sala contigua a la principal, más pequeña y mucho más íntima, e igualmente lujosa. Las puertas que supuse que daban a la cocina eran de una madre ligera y muy bonita, y podían verse al fondo de nuestra habitación. Estuvimos todos charlando acerca del concurso con Suri, que resultó ser bastante simpática y buena oyente. Definitivamente era mucho más tranquila y menos alocada que su hermana, o eso creía yo.

Suri entró un momento en la cocina, y los chicos empezaron a reírse y a susurrar muchas cosas al mismo tiempo. Al preguntar qué pasaba, Dante me respondió pícaramente:

-Vamos a contarle una historia divertida a Suri. Es digno de ver, créeme, ahora está muy tranquila, pero si se ríe mucho, bueno...

-¿Qué? ¿Qué pasa si se ríe mucho?

-Se vuelve loca. ¡Ya verás!

-Creo que no lo comprendo...

En ese momento Suri entró en la estancia portando una gran bandeja con jarras de cerveza, un vaso más pequeño con sidra y una pequeña botellita de vino suave.  Todos los chicos cogieron las toscas jarras de madera, a excepción de Kamal, que tomó el vaso, mientras que la joven mesonera y yo nos servimos un poco del vino en finas copas. Los chicos, entre risas, comenzaron a contarle cómo nos conocimos, es decir, el vergonzoso encuentro que habíamos tenido Dante y yo en el río, y en la parte más divertida de la historia, comprendí de repente lo que Dante había querido decir.

Suri comenzó a reírse de una forma estridente y escandalosa. Saltaba sin parar, sin poder contener el impulso de alegría y risa que recorría su ser, y yo estaba convencida de que todos los clientes de la taberna estaban oyendo su ataque de histeria. Estaba convencida de que los danzarines de la fiesta de Hiedrazul estaban oyendo a Suri reírse. Estaba, de hecho, casi convencida de que mis padres, allá en Campoflorido, estarían oyendo a Suri reírse.
Y he de reconocer que aunque al principio me sobresalté bastante y la miré sintiendo que Suri estaba por lo menos igual de loca que Panta, si no más, al cabo de un pequeño rato estaba riéndome con Suri y con los chicos, que casi se revolcaban por el suelo de piedra de la bonita taberna.

Y así, alegres y distendidos, nos encontró Panta al entrar en la sala pequeña. Cuando pudimos relajarnos un poco y contarle el episodio, ella casi se cae también al suelo. El ambiente era tan alegre que me olvidé de mi vergüenza. De hecho, poco a poco estaba comenzando a olvidarlo todo, aunque no me daba cuenta en aquel momento.

Suri y Panta nos anunciaron muy alegremente que nuestros baños estaban listos, y que tras ellos tomaríamos la cena, y nos pidieron con gran amabilidad que las siguiéramos a una de las plantas superiores.

Volvimos a pasar por el salón principal para subir las escaleras de madera del fondo de la estancia. Todo estaba vacío y en completo silencio, aunque la taberna no dejaba de ser acogedora. No pude evitar preguntar:

-¿Dónde está todo el mundo?

-¿Qué? ¡Oh, los clientes! todos se han marchado ya. Esta noche la taberna está a vuestra entera disposición- Panta parecía muy orgullosa.

-Pero aquí debe haber muchas habitaciones, esto es enorme... ¿No es un poco raro que se hayan ido?

-Son todos nobles y adinerados extranjeros- completó Suri- tienen unas costumbres un tanto raras, y no hablan apenas nada, siempre en susurros y en su idioma... ¡Pero nuestra taberna es tan exclusiva que todos se mueren por venir aquí!

-Comprendo...-dije, aunque no entendía por qué un sitio tan grande, exclusivo, y supuestamente caro se reservaba solo para nosotros.

Nos detuvimos en la tercera planta, en un pasillo oscuro con paredes y suelos de madera, aunque las escaleras seguían subiendo. Me pregunté cuál sería el tamaño de aquella taberna, ya que por fuera parecía sólo de dos plantas.

-Bueno chicos, vosotros a la izquierda... tú ven con nosotras a la derecha, cielo.

-Pero, ¿Adónde?-pregunté mientras nos separábamos.

-Pues a bañarte, claro. Lo tenemos todo preparado.

-¿Tenéis una planta sólo para el baño?

-Es que es... amplio- Suri abrió una puerta situada en el extremo derecho del pasillo y entramos rápidamente.

Amplio era un término que se quedaba bastante corto. Era la bañera más enorme que había visto nunca, mucho más que la de mi castillo. Podía nadar en ella perfectamente, y estaba llena de agua tibia y espuma. Suri y Panta se ofrecieron a lavarme el pelo y a traerme una muda de ropa limpia, y todo aquello me recordó tanto a casa, a cuando mis baños eran largos y relajados y mis criadas me atendían, que no pude negarme a pesar de lo extraña que resultaba toda aquella situación.

Estuve nadando y relajándome entre lociones y burbujas más tiempo del que puedo recordar. Charlé de cosas banales y divertidas con Suri y Panta, que a cada segundo me caían mejor, e incluso me permití unas cuantas bromas:

-¿Mimáis tanto a todos vuestros clientes? ¡Así es lógico que todo el mundo esté deseando entrar en vuestra taberna!

-Oh, gracias cielo, pero la verdad es que vosotros sois especiales, os mimamos más que al resto-Panta, sentada en el borde de la enorme bañera, sopló unas cuantas burbujas de espuma que tenía entre las manos.

-¿A los chicos también los ayudáis a bañarse?- pregunté en tono burlón.

-Bueno, si son guapos...

-¡Panta! Claro que no, Nadia-Suri sacudió la cabeza un par de veces- sería algo impropio...

-Cosas peores se han hecho entre un hombre y una mujer, bañarse es una tontería, ¿No, hermanita?

Cada milímetro de mi rostro y mi cuello enrojecieron al oír hablar a Panta de aquella forma. Parecían bastante informadas en el tema de los amoríos.

-No te ruborices querida, no es necesario que seas tan tímida… ¡Estoy segura de que debe haber un caballero que suspira por ti!

-No, yo...- A mi mente acudió enseguida la imagen del dulce rostro de Axel, que se esfumó pronto al recordar que, aunque no llevase anillo, aunque ni siquiera lo conociese, yo ya tenía un hombre. Estaba prometida con Flavius de Bosqueumbrío. Enrojecí aún más al darme cuenta de que había pensado en un muchacho cualquiera antes que en mi futuro marido. Quería hundirme en el agua y no salir a la superficie nunca más.

-Vamos Panta, no seas mala- dijo Suri tras soltar otra de sus escandalosas risas- tráele los paños a nuestra invitada para que se seque. Yo le traeré el vestido.

Panta me ayudó a salir de la enorme bañera y comenzó a secar mi pelo mientras yo me envolvía en un gran paño blando y suave. Una vez que estuve seca, y me puse una muda de ropa interior limpia, Suri volvió a la enorme estancia tenuemente iluminada portando lo que me pareció una gran túnica blanca. 

-Ten Nadia, póntelo. Estoy segura de que te va a gustar mucho.

-¡Es un vestido!- lo sostuve entre mis manos. Era suavísimo y de tacto muy delicado- parece muy grande... temo que no me siente bien.

-No debes preocuparte, estoy convencida de que está hecho para ti. ¿Quieres que te ayude a atarte las cintas de la espalda?

-Está bien, pero aun así creo que es grande para mí... soy un poco pequeña- reconocí, avergonzada.

Sin embargo, en cuanto lo pasé por mi cabeza, lo ajusté a mi cuerpo y me ataron las cintas de la espalda, comprobé que el vestido me sentaba como un guante. Pero cuando las hermanas, sonriendo encantadas y diciéndome lo guapa que estaba, me condujeron ante un gran espejo situado en un rincón de la enorme sala de baño, me quedé casi sin aliento.

Nunca había llevado puesto un vestido tan bonito. Era completamente blanco, sin adornos ni bordados. Parecía demasiado simple, pero su simplicidad era precisamente lo que lo hacía precioso. El corpiño era ajustado, con cintas a la espalda, y las magas eran también ajustadas hasta el codo, donde se abrían, cayendo largas hasta el final de la falda, liviana y elegantemente. La falda arrastraba un poco por el suelo, y tenía una fina capa de tul que la adornaba ligeramente. Pero lo más sorprendente era cómo me sentaba la prenda. El mejor artesano modista no habría hecho un vestido a medida más apropiado. Parecía hecho para resaltar cada parte de mi anatomía. Me hacía atractiva en su justa medida, sin resultar escandaloso. Me encantó.

-¡Caramba! ¿De dónde habéis sacado este vestido?

-¡Ay! cómo se nota que eres mujer, qué ojo... Es un vestido hecho especialmente por un exclusivo modista extranjero... ¿No es precioso? ¡Combina perfectamente con ese colgante plateado y ese brazalete que llevas! ¡Y aún no has visto lo mejor!

-¿Lo mejor?

-¡Vamos abajo! La cena ya estará lista... ¡Va a ser fantástico! ¡Mágico!-Suri me recordó a Dante, con la misma energía que una niña pequeña, dando saltitos hacia la puerta.

Suri y Panta cepillaron mi pelo, aunque no lo adornaron en modo alguno ni me hicieron ningún recogido, y pronto volvimos al salón grande de la planta baja para disfrutar de la cena.

Los chicos ya estaban sentados a la mesa. Todos se levantaron impresionados al verme y alabaron mi aspecto, pero yo, divertida y sorprendida, alabé también el suyo. Todos los juglares llevaban finos trajes de cortesanos con camisas blancas, casacas y pantalones negros con medias, botas negras y chalecos negros con una fina y brillante tira plateada como único adorno. Todos estaban bien peinados y limpios, y Kamal llevaba un turbante negro en la cabeza. 

Con un humor excelente, Suri y Panta sirvieron en la gran mesa una cena copiosa y abundante con muchos platos variados de carne, verduras, pescado, salsas... y vino y cerveza para acompañar. Antes de sentarnos y comenzar, Panta me colocó en el centro con todos a mi alrededor y anunció solemne:

-¡Atención! vamos a comprobar la eficacia del vestido de Nadia. Ya verás como hacemos magia. Suri, haz los honores, querida.

-¡Oh, hermanita! Nada me haría más feliz...-Suri llenó hasta la mitad una copa con un vino tinto oscuro y dulce y, sin previo aviso, me la tiró encima, directamente al pecho.

-¡No! ¿¡Pero cómo se te ocurre!? ¿Cómo...?-No pude continuar riñendo por la gigantesca mancha granate de mi vestido porque tal mancha no existía. El vino había resbalado por la prenda y había llegado hasta el suelo sin dejar un solo rastro. Yo seguía brillando blanca e impoluta como hacía tan solo unos instantes. Los chicos aplaudieron y las chicas me miraban orgullosas.

-No se manchará jamás, y además la tela es especialmente resistente. Tendría que rajarte con un cuchillo para romperlo. Y por supuesto no pienso hacer eso.

-Quiero... quiero cien de estos en colores diferentes- fue lo único que pude decir, maravillada como estaba.

Todos rieron y nos sentamos a comer. Curiosamente y con todo lo que había pasado aquella larga noche, no me di cuenta del hambre que tenía hasta que empecé a masticar, y tuve que esforzarme un poco por no parecer ansiosa. Al acabar creí que ya no podría comer más, pero entonces Suri y Panta se levantaron y comenzaron a mirarnos pícaramente:

-Ahora Kamal, ¡Es tu turno! acompáñanos a la cocina, te ayudaremos a prepararlo todo.

-¿Preparar qué?

-El postre, por supuesto- respondió Suri- ¿Dónde se ha visto una cena tan buena sin postre? Kamal es un especialista en repostería exótica, ¡Si hasta tiene un sobrenombre! Nunca sé pronunciarlo, ¿Cómo era?

-No hace falta entrar en ese tipo de detalles-Kamal parecía incómodo y se escurrió sigiloso hacia la puerta que daba a la cocina.

-¿Y seguro que es él el que cocina el postre y vosotras las que lo ayudáis?

-Es lo justo, al fin y al cabo nosotras hemos preparado la cena... ¡Volveremos enseguida!

Iba a preguntarles a las hermanas cómo era posible que hubieran preparado una cena tan grande si habían estado todo el tiempo en la gran sala de baños conmigo, pero no me dio tiempo, ya que se largaron tan rápido como Kamal. Me encogí de hombros, pensando que, simplemente, Suri y Panta no eran dos muchachas corrientes.

-No sé...-me dirigí al resto de los juglares- No puedo imaginarme a Kamal cocinando nada, y mucho menos dulces. No parece algo que él haría.

-Lo sé. Es sorprendente, ¿Verdad?-Joseph me sonrió- talento oculto, supongo. Su plato estrella es delicioso, es justo el que está cocinando ahora mismo. Y le sale tan bien, que hasta le hemos puesto un apodo... a él le fastidia mucho, ¡Pero a nosotros nos divierte!

-¿Tan ofensivo es ese apodo?

-No- Jaques esbozó una risilla- simplemente le llamamos por el nombre de su plato.

-Lo llamamos Baghrir- completó Telmo.

-¿Cómo has dicho?

-Baghrir. Son unas tortitas con miel. Enseguida las probarás, están buenísimas

-Baghrir, mmmm... Baghrir...

-Te ha gustado la palabreja, ¿Eh, Nadia?-rio Dante- no paras de repetirla.

-No es eso, es que... tengo la sensación de haber oído esa palabra antes.

-Tal vez es que ya has probado el postre alguna vez.

-No, nunca he comido nada así… ese tipo de comida no entra en mi castillo-susurré- Sin embargo, tengo un amigo musulmán... tal vez él haya mencionado alguna vez la palabra delante de mí...-Pensé en el cálido rostro de Vahid por primera vez en mucho tiempo.

-¿Quién quiere dulceeeees?-Las voces de Suri y Panta resonaron cantarinas por toda la estancia. Detrás iba un satisfecho y, cosa que me sorprendió, sonriente Kamal limpiándose las manos llenas de harina en un paño. Su ropa, sin embargo, permanecía impoluta, por lo que supuse que estaba hecha de la misma tela que mi vestido. Las hermanas sirvieron una gran bandeja llena de finas tortitas con un pequeño cuenco de miel y otra con vasitos y una tetera de té humeante. Todos volvimos a sentarnos y aunque yo creía que no podía comer más, quedé realmente impresionada al untar de miel una blanda tortita y probarla. El primer plato exótico que probaba en mi vida era realmente delicioso. Y el té, aunque mentolado y ligeramente amargo, le sentaba estupendamente al postre.

-Ay, vivan las ocasiones especiales en las que tu talento sale a relucir, Baghrir querido-Se deleitó Dante.

-Baghrir, te superas día a día-apoyó Joseph.

-Vamos, sabéis que odio que me llaméis así. Imbéciles...- Parecía medio molesto, medio divertido.

-Está delicioso, Kamal- dije. El me miró serio- Y te lo digo yo, que no estoy acostumbrada a este tipo de sabores- concluí tímida.

-Me alegro de que te guste-Sonrió levemente-Siento haber sido antipático contigo, Nadia, pero la vida me ha enseñado a no confiar en las personas. Gracias a ti hemos ganado el concurso. Te respeto.

-Gracias, Kamal. Yo te respeto a ti- me sentí halagadísima, ya que sabía que aquella declaración de respeto era lo máximo que iba a conseguir de una personalidad como la de Kamal.

Las bromas burlonas con Baghrir se prolongaron durante todo el postre. Yo me levanté en cuanto di el último sorbo al vasito de té.

-Compañeros, anfitrionas, me retiro a descansar. Ha sido una velada magnífica, pero temo caer al suelo por el cansancio en cualquier momento, así que si quisierais decirme dónde está mi habitación...

-Por favor... ¡Qué chica tan educada! ¿No es graciosa, Suri?

-Tienes razón Panta, es muy divertida. Ven Nadia, te acompañaremos a tu habitación. Mientras, vosotros- se giró a los juglares- recoged la mesa para que mi hermana y yo podamos fregar más rápidamente.

Misteriosamente y justo en ese momento, todos los chicos empezaron a bostezar, a quejarse de lo agotados que estaban y a dar las buenas noches educadamente. En unos segundos todos habían escurrido el bulto menos Kamal, que defendía la idea de que, puesto que él había preparado el postre, él debía despejar la mesa para que Suri y Panta fregaran. Ellas, colmándolo de piropos por su caballerosidad, me guiaron tranquilamente hasta una de las grandes puertas del primer piso.

La habitación era austera, tan solo compuesta por una silla, un baúl y una cama, pero ésta era tan amplia y cómoda, y estaba tan limpia, que en cuanto me tumbé sentí que me esperaba un sueño largo y reparador, ese que tanta falta me hacía.

Suri y Panta se marcharon a limpiar, y la habitación quedó en silencio. La luna se filtraba levemente por una pequeña abertura de la ventana, y yo me sentía en paz y segura por primera vez en más o menos tres semanas. Había sido tan duro vivir cada día y cada noche en tensión sin saber si iba a amanecer muerta, sin saber en quién podía confiar, sin saber siquiera si estaba siguiendo el camino correcto para llegar a Gubraz... y aquellos últimos días, en cambio, estaban siendo tan maravillosos... había cantado, había vivido una gran fiesta con mis compañeros, a los que ya consideraba amigos... había vuelto a ver a Axel ''Y-pensé ruborizándome ligeramente- he bailado con él'', me había vuelto valiente y más decidida. Y por último había conocido a dos chicas estupendas, había tomado un baño reparador, y había disfrutado de una cena exquisita.
Mientras sentía que las nieblas del sueño se apoderaban de mi mente, suspiré satisfecha y pensé que a mi hermana le habría encantado vivir todo aquello conmigo... bailar, cantar juntas, dormir en aquella cama tan cómoda, probar aquel plato exótico...

Y entonces, como un resorte, me incorporé de golpe en el lecho, y tan brusco fue mi movimiento que la cabeza me dio vueltas. Había recordado. De repente había recordado por qué me sonaba aquella maldita palabra, y mi mente trabajaba a tal velocidad para intentar comprenderlo todo que temí desmayarme antes de poder hacer algo.

Baghrir era la palabra que mi hermana había empleado para dirigirse a Vahid el día en que él leyó su sangre. Pero extrañamente, y aunque en aquel momento no le di importancia, no pareció usar aquella palabra al azar, sino como una especie de nombre. Aunque, ¿Qué clase de nombre podía ser Baghrir?
Por fin lo comprendía todo, no podía estar más claro, aunque por supuesto, me negaba a creerlo. Mientras las lágrimas comenzaban a resbalar por mi rostro, me di cuenta de que no podía ser de otra forma.

Liana conocía a Kamal. Ignoraba cómo, cuándo o por qué, pero mi hermana había conocido a Kamal, y lo había llegado a conocer hasta el punto de llamarlo Baghrir, apodo (y no nombre) usado solamente por el resto de los juglares, de lo que podía deducir que mi hermana también llegó a conocer a los juglares. Y aquel día en la celda, en un momento de locura, o mejor dicho, en un momento de lucidez dentro de su horrible locura, mi hermana creyó reconocer en el rostro de Vahid al muchacho al que ella llamaba Baghrir,  y le dijo algo.... dijo algo de alguien que le hacía daño.

Y yo había estado con ellos. Había hecho amistad con ellos. Había cantado con ellos, les había dado mi voz a los captores de mi hermana. Había estado viviendo con los culpables de que mi hermana se estuviese muriendo...

Y entonces me di cuenta de lo que estaba haciendo. Mi hermana se estaba muriendo presa de su propia locura y allí estaba yo, cantando cancioncitas, paseando por el bosque, bailando con plebeyos de pelo rojo, cenando con dos muchachas rarísimas que parecían tener el poder de hacer que me olvidara de todo por lo que luchaba... y durmiendo con el enemigo.

En cuanto todos esos pensamientos se arremolinaron en mi cabeza, me accioné como un resorte. La rabia me impulsaba a actuar de forma fría y efectiva. Me deslicé silenciosa fuera de mi alcoba, al pasillo, y bajé hasta el último escalón sin hacer un solo ruido, sin apenas respirar. Me asomé rápida como un rayo, y vi cómo Kamal llevaba una bandeja en las manos y se dirigía a la puerta que daba a la cocina, dándome la espalda. Sabía (Hasta yo sabía eso) que el salón principal de una taberna no era sitio para matar a un hombre, pero era en ese momento o nunca. Cerré los ojos y tomé aire, y el rostro de mi hermana acudió a mi mente... Y el dolor me impulsó por primera vez en mi vida.

Desenvainé el puñal y salí de las sombrías escaleras. Corrí a lo largo del iluminado salón, completamente exenta de protección alguna y además vestida de blanco, y me lancé contra el juglar justo cuando iba a cambiar su trayectoria para entrar en la cocina.

Kamal soltó una exclamación de sorpresa. La bandeja cayó al suelo con un estrépito horrible mientras el cuerpo del juglar daba contra la pared.

-¿Pero qué...?-Comenzó, mas eso fue lo único que dijo, porque antes de que pudiera reaccionar yo ya le había dado otro empujón, que consiguió arrinconarlo contra la pared, y en menos de lo que yo misma pude decir, le apretaba el pecho con mi mano izquierda mientras que con la derecha presionaba el puñal contra su garganta.

-¿Qué...?-Kamal parecía verdaderamente sorprendido, y tardó unos cuantos segundos en darse cuenta de que efectivamente era yo, la pequeña Nadia, quien lo tenía preso contra una pared.

-¿Qué le has hecho a mi hermana?- Mi voz no parecía la mía. Era grave y rasposa de repente, casi como si fuera a rugir de un momento a otro en lugar de a hablar.

-Nadia... ¿De qué hablas?

-¿¿¿¡¡¡Qué le has hecho a mi hermana!!!??? ¡¡¡Maldito desgraciado, mi hermana se está muriendo en una celda por tu culpa y te juro que antes de rajarte el cuello para que ardas bien en el infierno vas a confesar!!!

-¿Tu hermana? pero no entiendo...

-¿¿¡¡Vas a negar que conociste a mi hermana!!??- Apreté aún más el puñal. La piel del cuello de Kamal se tensó, y él gruñó involuntariamente.

-Tu hermana...-le costaba más hablar por la presión de la cuchilla- Tu hermana es extraordinaria...va...liente y verda...dera. Nunca le haría daño...

-¡¡¡Mentiroso!!! Maldito mentiroso, confiesa, dime cómo hiciste los lazos de sangre, dime dónde está el maldito caballero de oro... ¡¡Dímelo!!

Por encima de la tensión, los ojos de Kamal me miraron con desprecio.

-Estás loca... nunca serás ni la mitad de lo que es tu hermana. Sólo... eres una niña mimada y cobarde.

-Te lo advierto, Kamal. Puedo hacer confesar a alguno de tus amiguitos si tú no lo haces. Y a ti puedo matarte en este mismo instante. Estoy siendo benévola. Dime dónde está el caballero de
oro...

-Ignoro...esa información de la que vuestra excelencia...tiene necesidad...

-¿Te estás burlando? ¿De verdad no me crees capaz de matarte, Baghrir? ¿Crees que esta niñita está bromeando?-apreté más el puñal, esta vez con fuerza. Del cuello de Kamal comenzó a manar un fino hillilo de sangre. Noté cómo todo el cuerpo del juglar se tensaba al instante.

-Maldita seas… ¡SURI! ¡PANTA!-Gritó de repente.

-Oh Baghrir, qué bajo has caído...-susurré ciega de rabia- ¿No te atreves a estar a solas conmigo? ¿¿¡¡Y te atreviste a hacerle a mi hermana ese hechizo que la está matando!!?? ¡¡Confiesa, malnacido!!

-¿Qué está pasando aquí?- No podía verlas, ya que si giraba la cabeza perdería de vista a Kamal y podría aprovechar para escaparse, pero las voces de Suri y Panta sonaban cerca, justo detrás de mí.

-¿Nadia? ¿Eso es un puñal?

-¡Kamal! Dios mío, está sangrando...

-¡¡¡Si os acercáis le mataré!!! -Grité desesperada. Estaba comenzando a sentirme atrapada.

-¡Se ha vuelto loca! Ha descubierto que conocimos a su hermana, no sé cómo, y dice que la he hechizado... que se muere en una celda o algo así.

-¿Que Liana se muere?-La voz de Suri denotaba preocupación, y oír el nombre de mi hermana en boca de una extraña me hizo chillar de rabia.

-¡Vosotras también sois culpables! Sois brujas, engañasteis a mi hermana y la hechizasteis con la ayuda de estos desgraciados… demonios sin corazón, ¿¿¡¡Cómo osáis siquiera pronunciar su nombre!!??

-Esta chica no tiene ni idea de nada...-La voz de Panta sonaba irritada pero tranquila-Nadia, acuéstate y descansa, mañana hablaremos de todo esto...

-Eres una hija de la gran…

-Tranquila, duquesita. Átate la lengua y evita faltarme al respeto. No sabes de lo que soy capaz.

-¡Basta de cháchara!-Kamal respiró aprensivamente- quitádmela de encima, ¡Ahora mismo! Me está haciendo daño...

-Qué pesado eres, Kamal... Suri por favor, trae la poción adormidera y un paño. Estoy harta de este jueguecito. Además, ya es casi la hora.

Oí cómo alguien, Suri, salía corriendo de la estancia. Me sentía perdida y muy asustada además de rabiosa, pero por nada del mundo habría apartado mi puñal del cuello de Kamal.

-¿Poción? ¿La misma que usaste con mi hermana, bruja asquerosa?- las palabras salían de mi boca como veneno.

-Bruja, bruja... ¿Qué palabra es esa, Nadia? ¿Crees que estamos en un cuento? De verdad que no tienes ni idea, querida... Oh, hermanita, ya estás aquí y con el paño bien empapado. Gracias.

-Venga Panta, no lo demores más. Iré a avisar al resto. Hay que partir.

-Cierto es. Bien Nadia...-Panta se acercó por detrás, y me susurró al oído- Eres muy torpe al llamarnos brujas a mi hermana y a mí. Las brujas son humanas con poderes... nosotras, cariño, ni siquiera somos humanas.

Apenas hubo pronunciado aquellas palabras, me cubrió la mitad de la cara con un paño húmedo. Mi primera reacción fue no respirar, pero pasados unos segundos de incómodo forcejeo, no tuve más remedio que coger aire, desesperada por sobrevivir.

Aspiré el líquido impregnado en la tela, fuerte y desagradable... y perdí fuerza. El puñal se resbaló de entre mis manos... todo se nubló, y sentí, muy a mi pesar, cómo mi consciencia se iba.