viernes, 23 de enero de 2015

Frases que son mentira

Frases que son mentira

Esta entrada es digna del llamado ''cuaderno azul'', un sitio donde escribo lo que me sale de las entrañas de vez en cuando. No lo que quiero que la gente vea bonito, no lo que me esfuerzo en escribir con bellas palabras para que se entienda y todo el mundo pueda leerlo. No. Simplemente escribo lo que necesito sacar de mí, normalmente porque me hace daño. Hoy vengo a desmitificar una frase que es completamente falsa y que odio.

Y es esa de ''las mejores personas son esas que se duermen llorando cada noche y luego lucen una preciosa sonrisa cada mañana''. UH. MENTIRA. MENTIIIIIIRAAAAAAA.

Vamos a ver, ¿Por qué coño intentan hacer bonito un concepto tan horrible? Todos los que alguna vez se han dormido llorando saben que al día siguiente no se puede lucir una preciosa sonrisa.

Yo he perdido la cuenta de cuántas veces me he dormido llorando. Literalmente, he perdido la cuenta. Y no llorando un poquito de tres lágrimas bonitas y femeninas y luego a dormir como una santa. No. Llorar de ahogarme entre lágrimas y mocos y de encima preocuparme porque no quería que mis padres se despertaran en plena madrugada para descubrir a un bulto enrollado en mantas con los ojos más rojos y más hinchados que dos jodidos tomates de huerta. Y os pudo jurar por lo que queráis que cuando esas cosas pasan luego, a la mañana siguiente, no se pude lucir nada parecido a una sonrisa fuerte y vital. Estás ahí, plantada, pálida como tú sola, que parece que acabas de salir de la puta tumba, desganada y completamente ida, neutra. Si te ríes con algo se nota que no te ríes igual que siempre, que es por compromiso vaya. Y no te encuentras bien (Obvio anímicamente estás aniquilada) ni siquiera físicamente. Y es porque estás agotada. Porque sentir que te consumes con cada lágrima que sale de ti es agotador. Porque sentir que te mueres es doloroso. Porque desearlo es deprimente, y si te deprimes lloras más, y luego cuando paras y crees que toda la crisis horrible ha pasado, las vocecitas de tu estúpida conciencia, que están confusas, empiezan a susurrar por cada rincón de tu maldita mente, y te marean, te agobian y te llenan de paranoias adolescentes que no hacen sino crearte complejos e inseguridades muy bastos que luego apenas se pueden disimular en público. 

Wow, si estuviera diciendo esto en vez de escribirlo creo que estaría sin aliento. Pero lo que e dicho es la pura verdad. Los agobios más fuertes, los más duros, acuden en la noche, y no podemos hacer nada para evitarlo, ni para evitar que todos nuestros complejos se ceben de un pobre cerebro agotado. Y no somos fuertes, ni somos las mejores personas. Somos jodidamente débiles. Todo nos afecta y todo nos pasa factura. Una mala mirada puede entristecernos durante días, un mal comentario oído por accidente nos mata, y al mínimo cumplido nos ponemos a llorar con una emoción exagerada. Y es por eso. Porque no somos nada fuertes. Porque estamos destrozados.

Así que la próxima vez que veáis a alguien luciendo un precioso maquillaje, un peinado bien currado, una ropa guay y una sonrisa que ilumina, dadle la enhorabuena por ser fuerte y estable, e id a abrazar a esa que ha traído toda la mala cara, a esa que está palidísima y no se ha maquillado y lleva una coleta despeluchada y una ropa hortera. Porque esa es la que anoche casi se muere llorando.

miércoles, 7 de enero de 2015

''El romance de Nadia'' Capítulo 15

Capítulo 15


Abrí los ojos lentamente, me sacudí un poco y tosí. No sabía cuánto tiempo llevaba dormida, desmayada, ida. Durante unos segundos me sentí casi tranquila, como cuando uno despierta de un sueño profundo, pero mi mente inquieta comenzó a recordarme los acontecimientos vividos uno por uno y con todos los detalles que podía recordar. Estaba tumbada en un suelo duro, de madera. En cuanto me incorporé y miré a mi alrededor, me di cuenta de que estaba dentro de uno de los carromatos de los juglares, que permanecía cerrado, con la capota echada y la cortina de entrada atada por fuera.

Me acurruqué en una esquina, rodeada de bártulos y trastos que los juglares guardaban en el carro, e instintivamente toqué mi cuello. Mi colgante de clave de sol estaba allí, y yo suspiré aliviada. Me extrañó que aquellos demonios no me lo hubiesen robado. Sin embargo, al tocar mi muñeca izquierda, comprobé con horror que mi brazalete-puñal no estaba allí. Por supuesto, me habían quitado la única arma que poseía. Tampoco estaban mis botas ni mi zurrón. Sólo estaba yo, con un vestido bonito y perfectamente limpio, un colgante, los pies helados y mucho miedo. Me abracé las rodillas con los brazos y lloré durante un buen rato, sin saber qué hacer, sin saber qué iba a pasar, sin saber si mi hermana estaba muerta, sin saber si yo iba a estar muerta en poco tiempo o si iba a acabar igual que Liana.

De repente, la cortina de entrada al carromato se abrió y un rayo de luna arrancó un destello a mi colgante cuando me revolví incómoda, como un ratón acorralado por el gato. Suri y Panta entraron tranquilamente y se acercaron a mí como si vinieran a decirme que el desayuno estaba listo en la mesa. Suri intentó tocarme el brazo, pero yo me encogí aún más y gemí sin poder evitarlo.

-Te lo dije Panta, te dije que estaría asustada... no querrá venir.

-No se trata de que quiera o no quiera, Suri, se trata de que no queda mucho tiempo, de que ellos la están esperando.

Hablaban así, como si yo no estuviese delante o fuese demasiado estúpida como para comprender sus palabras, como si yo no recordara que Panta me había dicho que no eran humanas, como si ignorase el hecho de que debían ser demonios y que esos ''ellos'' que me estaban esperando eran los juglares, los que habían hechizado a mi hermana.

-Me da pena...

-Vamos, hermana. Sabes que debemos llevarla con ellos o no lograremos entrar.

-Está bien. Si al menos no estuviese tan asustada...

Ambas se aproximaron a mí y me agarraron, cada una por un brazo. Yo pateé, arañé e incluso mordí todo lo que pude en un intento de defenderme, pero ambas me sujetaban firmemente, y fue imposible zafarme de las hermanas. Eran condenadamente fuertes a pesar de parecer delicadas. A trompicones me sacaron del carro, y por fin pude ver dónde me encontraba.

Aún era noche cerrada, y la enorme luna creciente iluminaba todo el bosque. Porque estábamos en el bosque, no había duda, aunque aquella parte me era totalmente desconocida.

Todo era verde, muy verde. Parece lógico decirlo dado que hablo de un bosque, pero no era un verde corriente.  Era demasiado intenso, como si los árboles y la hierba que nos rodeaban estuviesen más vivos de lo normal, como si respirasen. Los árboles... me fijé en ellos. Eran de tronco nudoso y fino y de ramas largas, y eran altísimos, tan altos que no alcanzaba a ver las partes más altas de algunos aunque me esforcé en mirar mucho hacia arriba. De repente, unas nubes oscuras y densas taparon la luna en su totalidad, y el bosque quedó a oscuras.

-Es el momento-susurró Panta.

-Bien-asintió Suri- sujétala, voy a dibujar el círculo. Salid chicos.

De entre las sombras, como espectros fríos, surgieron los juglares, con sus impecables trajes negros tan limpios como mi vestido y portando sus diferentes instrumentos y unas antorchas para iluminar el oscuro espacio. Sin decir una palabra y muy seguros y serios, los cinco se colocaron junto a Panta y a mí, y permanecieron inmóviles.

Suri se adelantó, ligera y majestuosa, unos metros, extrajo de algún lugar de su vestido lo que me pareció una especie de trozo de carbón, y pintó, literalmente se inclinó hacia la hierba y pintó con el carbón, como un niño pequeño que juega en una plaza, un círculo en el suelo.

-Kamal, tú aquí- murmuró ella, y él le hizo caso sin rechistar y fue, silencioso y rápido, a colocarse dentro del círculo.

Suri se desplazó unos cuantos pasos a la derecha, midiendo con cuidado sus movimientos, y volvió a dibujar un círculo. A continuación mandó a Jaques a ocupar el sitio. Repitió la operación tres veces más, hasta que todos los juglares se colocaron ocupando pequeños círculos a una distancia igual y, valga la redundancia, circular. Suri unió todos los círculos dibujando un último círculo, mucho más grande, e hizo a Panta un gesto para que se acercase. No sin dificultad, ya que yo seguía retorciéndome para escapar aunque no sabía muy bien adónde debía huir, Panta hizo que me colocase justo en el centro, con Joseph justo frente a mí y el resto de los chicos a mis lados y a mi espalda. En cuanto posé mis pies descalzos en la hierba ligeramente húmeda, todos los círculos, tanto el mío como los de los juglares, se volvieron de color plateado. Contuve la respiración, aterrada por el inexplicable suceso.

Panta lanzó una exclamación triunfante, y todos los juglares, todos menos Joseph, apagaron sus antorchas de un soplido. Él sin embargo se adelantó, dando su antorcha a la propia Panta. Las hermanas, por fin, me soltaron y se retiraron, pero antes de que pudiese reaccionar, Joseph hizo lo último que esperé jamás que hiciera. Me rodeó con los brazos y me estrechó en actitud protectora. Susurró mientras me abrazaba:

-Dios santísimo Nadia, lo siento tanto... perdóname pequeña, debí explicártelo todo mucho antes, lo siento, lo siento mucho...

-Joseph...-Hasta hacía apenas unos instantes, había estado convencida de que iba a morir con toda la dignidad de la que fuese capaz y mirando a los ojos a los malnacidos que habían hechizado a mi hermana. Pero el gesto de cariño de Joseph, lejos de enfadarme, asquearme o asustarme, me había dejado completamente desarmada. Permanecí allí, tensa y recta como una vela, derramando silenciosas lágrimas mientras Joseph me abrazaba cariñosamente. En cuanto terminó de disculparse, el juglar apoyó una mano en cada uno de mis hombros y acercó su rostro al mío, clavándome los ojos verdes como dos puñales:

-Nadia, escúchame por favor. No tenemos mucho tiempo, la luna va a volver a salir en unos minutos... debes prestar mucha atención y ayudarme, ayudarnos a todos. Cuando salga la luna tendrás que cantar una canción para... demonios, antes tengo que explicártelo todo...

-¿Qué?-logré articular la pregunta a duras penas. Aquello era demasiado para mí. ¿Cantar? ¿Otra vez cantar? ¿Para los brujos que casi habían matado a mi hermana?

-Una canción, Nadia... pero no te preocupes, vas a entenderlo todo enseguida- Vio mis lágrimas- Cálmate por favor, no tienes por qué llorar. Suri-dijo girándose hacia la hermana, que se encontraba justo fuera del límite del círculo plateado-trae sus cosas, por favor. El zurrón y el puñal.

-Pero Joseph...

-Venga mujer, hazlo.

-Es peligrosa con ese puñal, Joseph, no se lo des- la voz de serpiente de Kamal cortó el aire como un cuchillo. No le oía desde que casi lo había apuñalado, pero parecía que todo aquello había sucedido en otra vida, en otro mundo. Cada mínima parte de mi cuerpo se tensó, y las palabras se escaparon de mi boca antes incluso de pensarlas:

-Dime dónde está el caballero de oro o no abras tu boca, sucio perro.

-¡Niña estúpida!-Exclamó Kamal.

-Kamal, guarda silencio, por favor- replicó Joseph duramente. Miró a Suri de nuevo y la muchacha salió corriendo, volviendo un instante después con mi zurrón entre las manos.

-Está todo aquí, Joseph- susurró, respirando un poco entrecortada por la carrera.

-Estupendo. No te muevas, Nadia. Voy a por tus cosas para devolvértelas. No salgas del círculo, ¿De acuerdo?

Joseph cogió mis cosas sin traspasar el borde plateado. Yo me quedé inmóvil, no porque quisiera hacerle caso ni a él ni a ninguno de los otros, sino porque mi cuerpo no me respondía en modo alguno. Volvió junto a mí y posó mi zurrón en el suelo.

-Toma, cógelo, no falta nada.

En lugar de agarrar mis pertenencias lenta y medrosamente, reaccioné de una forma muy rápida. Agarré mi zurrón, revolví entre mis cosas hasta que encontré el brillante brazalete, y sin preocuparme siquiera de calzarme o ponerme la capa, desenvainé el puñal y me lancé contra Joseph. Tan sólo llegué a rozarle un brazo, pero el juglar soltó una exclamación de sorpresa que hizo que todos se alarmaran:

-¿Estás bien, Joseph?

-¡Te dije que es más peligrosa de lo que parece!

-Hay que quitarle ese puñal...

-¡Quietos todos donde estáis, ni se os ocurra moveros!-Joseph presionó su brazo izquierdo con la mano derecha para cortar la pequeña hemorragia- sólo ha sido un arañazo, ¿De acuerdo? Si alguno más se mueve fuera de su círculo o vosotras volvéis a entrar, el vínculo se romperá. Voy a hablar con ella. Nadia- Volvió a girarse para mirarme- suelta el puñal, por favor. Escúchame...

-¿¿¡¡Quieres que te escuche!!?? ¿¿¡¡Eso es lo que quieres!!?? Porque yo creo que quieres matarme o hacerme el mismo daño que le hiciste a mi hermana ¡¡¡Que todos le hicisteis!!!

-¡Eso no es así, estás equivocada, todo ha sido una enorme confusión! -Dante intervino desesperado, hablando desde detrás de donde yo me encontraba- Ninguna de las personas que estamos aquí somos malas, y mucho menos le haríamos daño a Liana... ¿Por qué no lo entiendes?

-¡¡¡No la nombres!!! No os atreváis a nombrarla, ¡Ninguno! Y tampoco os llaméis personas, no tenéis que seguir fingiendo-señalé a las hermanas- ellas lo confesaron, dijeron que no eran humanas, ¡¡Son brujas, son demonios, son...!!

-¡Sólo son medio duendes!

-¿Qué?-Miré a Joseph, tan sorprendida que no pude seguir gritando.

-Basta, Nadia, tienes que calmarte-continuó él- suelta ese maldito puñal y escucha lo que voy a decirte, apenas nos queda tiempo... en la taberna Suri, Panta y Kamal se dejaron llevar por los nervios y temo que no te explicaron la situación. Yo tampoco lo hice en su momento, así que voy a enmendar mi error ahora mismo. 

-¿Qué demonios quieres decir?-Estaba mucho más harta de aguantar todo aquello de lo que yo misma creía.

-Presta mucha atención. Lo primero que tienes que entender, Nadia, por increíble que te parezca, es que los seres mágicos, duendes, hadas y esos términos que usan los humanos... todos esos seres existen. Sé que crees que estás hablando con un loco, pero puedo asegurarte que es cierto. Los seres mágicos con cualidades muy especiales o “poderes” como los llamáis vosotros, habitan en este mundo como tú y como yo. Y no pienses en los monstruos o demonios infernales con los que desde pequeña te han llenado la cabeza. Estos seres son puros, delicados y frágiles, y pasaron siglos y siglos viviendo y coexistiendo con los humanos, todos unidos, todos mezclados. Pero cuando éstos intentaron aprovecharse de ellos y usar su magia y su poder injustamente, los seres mágicos decidieron huir y volver con su madre tierra, volvieron al lugar en el que habían nacido, volvieron al bosque. Desde entonces viven ocultos en perfectas comunidades cerradas, dejando que las leyendas y los cuentos sobre su existencia sea lo único que los humanos pueden contar sobre ellos.

-¿Por qué me estás contando cuentos de duendes y hadas, Joseph? ¿Es algún tipo de juego para distraerme antes de matarme?- Ya no me importaba sonar ruda o cínica. Nada me importaba en aquel momento.

-¿Puedes parar de decir que vamos a matarte? Resultas bastante molesta- El hecho de que Joseph me tratase como a una niñita pequeña no hizo sino enfurecerme aún más- Te cuento todo esto para que te ayude a entender. Calla y comprenderás.

<<Los seres mágicos, como he dicho, se separaron de los humanos. Pero durante los años que habían vivido en armonía... bueno, en plena armonía siempre surge el amor. Y lógicamente, nada impide que un duende se enamore de una humana o viceversa... así, nacieron muchos niños cuya sangre era medio humana, medio feérica. Hoy en día siguen naciendo, aunque apenas pasa. Aún hay duendes traviesos y humanos descarados...-Joseph se rio, un poco amargamente- Estos niños no desarrollan exactamente poderes mágicos plenos, aunque suelen tener muchas habilidades, gran inteligencia, y el poder de realizar ritos al servicio de la naturaleza. Suri y Panta eran dos de esas niñas, que, como creo que todos apreciamos, dejaron de ser niñas hace un tiempo.>>

-Me... ¿Me estás diciendo que debo creer que estas dos son medio humanas medio duendes porque los duendes y las hadas y todos esos personajes de los cuentos existen y que además eran amigas de mi hermana y no le han hecho ningún daño?

-¿Ves como no era tan difícil?- la voz de Dante sonó alegre a mi espalda.

-¡¡¡Cállate!!! ¿¿¡¡Pero con qué clase de tonta crees que estáis tratando!!?? ¿¿¡¡Qué clase de imbécil creería jamás una mentira de ese calibre!!??

-Liana nos creyó-dijo Suri- y no hizo falta darle tantas explicaciones como te estamos dando a ti. Ella supo que podía confiar en nosotros en cuanto nos vio. Todo lo que ha dicho Joseph es verdad.

-No somos humanas, al menos no del todo-prosiguió Panta- Como ha dicho Joseph, no tenemos plenos poderes, pero podemos hacer unos cuantos trucos, como el que hemos empleado, por ejemplo, para salir de la ciudad con las puertas cerradas... y además, tenemos esto- se apartó el liso pelo del rostro, y lo mismo hizo su hermana. Ambas revelaron unas enormes orejas puntiagudas y pálidas que yo también me habría esforzado por ocultar. Realmente parecían orejas de duende, de esas que se decían en las historias para niños.

-Esto no es verdad. Esto no es verdad. Debo estar en mi castillo. Dormida, enferma, delirando, no sé. Pero esto no es verdad.

-Nadia... hay más- Joseph se encogió de hombros y prosiguió como si nada, como si yo no sintiera que me estaba volviendo loca de verdad, que mi mente se paralizaba a cada segundo, que mi alma se ahogaba- Suri y Panta no son las únicas con sangre mágica... no, no los mires a ellos. Todos los chicos son completamente humanos... todos menos yo.

-¿Ahora me vas a decir que tu padre era un duende?

-No, para nada. Pero mi abuelo sí. Mi padre era medio duende, medio humano y yo... bueno, yo sólo tengo un cuarto de sangre mágica corriendo por mis venas. Aun así mi vida no ha sido muy fácil. Siempre he tenido muchos problemas, sobre todo por el único rasgo de duende que heredé de mi abuelo...

Miré a Joseph como si lo viera por primera vez en mi vida, y lo vi claro. Sólo había una cosa más brillante que las hojas de los árboles del bosque.

-Tus ojos-Murmuré sin quererlo.

-Exacto. Curioso, ¿Verdad? Suri y Panta tienen más sangre mágica que yo en su cuerpo, y sin embargo heredaron los ojos negros de su padre humano y las orejitas de su madre. Yo tengo las orejas muy normales, como puedes ver, pero mis ojos... en fin. Al menos sé que son bonitos. Y útiles.

-¿Útiles?

-No tengo poderes, Nadia, ni nada parecido, ni los tendré jamás... pero poseo una habilidad un tanto especial. Sé hipnotizar a la gente.

-Vale, se acabó. No puedo soportar ni una locura más. No quiero volver a veros en la vida- me giré bruscamente y estuve a punto de cruzar la línea plateada, fuera del círculo, pero Joseph me agarró fuerte y bruscamente del brazo, haciendo que se me cayera el puñal, al tiempo que todos gritaban un ''No'' desesperado.

-Incrédula, ¿eh? Bien, hagamos una pequeña prueba...

-¡Suéltame! ¡¡¡Suéltame, no me toques!!!-chillé retorciéndome desesperada.

Joseph me agarró la barbilla con la mano que le quedaba libre y giró mi cabeza con fuerza, obligándome a mirarle a los ojos. Quise cerrarlos, lo intenté con todas mis fuerzas, pero descubrí, con estupor y horror a partes iguales, que simplemente no podía.

-Nadia, no vas a querer salir de este círculo hasta que todo haya pasado, vas a estar muy tranquila y dispuesta a oírnos a todos, y luego decidirás por voluntad propia si colaboras o no. No vas a usar tu puñal contra ninguno de nosotros, pero no vas a perder tu identidad ni tu consciencia en ningún momento. Bien... ya-Chasqueó los dedos.

-Voy a matarte maldito manipulador, ladrón, deshecho-Aunque me sentía estallar de rabia, pronuncié las palabras con el mismo tono con el que habría dicho ''Buenos días, querido amigo Joseph''. Un rincón de mi mente comenzó a plantearse la bizarra posibilidad de que lo que Joseph contaba fuese cierto. No sabía lo que me ocurría de repente, pero mi cuerpo estaba relajado y perfectamente calmado. Y no pensaba irme del círculo por nada del mundo, no señor. Sentía que no podía, de ninguna manera. No hasta terminar de oír la interesantísima historia que me contaban.

-¿Ves? mucho mejor- sonrió levemente- y ahora permíteme que termine de contarte toda la historia. Lo hemos dejado en la parte más importante...-Las nubes continuaban tapando la luna, y la atmósfera del bosque era húmeda y muy fría- Como iba diciendo, las personas que tienen cierta cantidad de sangre mágica en su cuerpo no pueden comportarse exactamente como humanos, y estos los desprecian y los apartan en la mayoría de los casos... pero tampoco pueden comportarse enteramente como seres mágicos, porque no lo son, así que no se les permite vivir en el bosque con el resto de la comunidad.

-Sin embargo, necesitamos el bosque para vivir-intervino Panta- sin contacto con el mundo mágico, nuestra parte no humana acabaría por perecer, y con ella nosotros mismos. Así que, hace muchos años, nuestros antepasados acordaron con el jefe de los duendes que podrían acceder al bosque una vez al año, mediante un rito mágico.

-Pero no lo entiendo...-mi voz seguía sonando somnolienta por culpa de Joseph- ya estamos en el bosque, y parece un bosque muy profundo y solitario...

-Y lo es, pero es un bosque humano. Nosotras debemos ir al bosque de verdad, a un lugar tan puro y tan vivo que alguien como tú lo consideraría diabólico y extraño. Un lugar que, sin embargo, es un hogar para nosotras y para muchos más.

-¿Por eso estoy aquí? ¿Por ese...rito que has mencionado? ¿Tenéis que matarme para poder entrar en el bosque?

-Nadia, si insistes tanto en que debemos matarte acabaremos haciéndolo-Joseph suspiró desganado- el rito no consiste en matar a ninguna chica. Consiste en complacer al bosque, simplemente para que nos deje entrar. Y al bosque le gusta la música, pero la música pura. Por lo tanto, necesitamos la voz de una muchacha. Pero no de una muchacha cualquiera...

-¿A qué te refieres?

-Esta chica es lela- Panta me miró arqueando las cejas- Una virgen, cariño, necesitamos una humana virgen. ¿Por qué crees que llevas un vestido tan blanco? es tela mágica. Si hubieses resultado un poco traviesa, el vestido se habría teñido de rojo al tocar tu piel. Pero resulta que está inmaculado. Eres una niña muy buena, Nadia.

-Pero… pero no entiendo-Miré mi precioso vestido, asqueada de repente por llevarlo-¿Acaso las voces de las muchachas que no son doncellas son diferentes?

-No... Pero su aura sí. Y el bosque lo ve y lo siente.

-¿Y qué tiene todo esto que ver con Liana?

-Oh, por supuesto. Tu hermana-Joseph retomó la palabra rápidamente- sí, tu hermana es estupenda. La conocimos el año pasado... antes de conocerla siempre estábamos engañando a muchachas pueblerinas para que cantasen para nosotros y así decidir si las traíamos o no. Pero con tu hermana no fue necesario. La conocimos en Hiedrazul como a ti, y enseguida nos caímos en simpatía. Nos dijo quién era y que estaba de viaje, sola... y cantó con nosotros sin necesidad de pedírselo, así que no tuvimos que montar ningún teatro ni hacer que Suri y Panta aparecieran como dos taberneras misteriosas. Vinimos al bosque y todos juntos entramos gracias a la voz de Liana.

-Entonces ¿Todo es una pantomima? ¿Ni siquiera ellas son taberneras ni vosotros juglares? ¿Y el concurso?- Las lágrimas asomaron de nuevo a mis ojos.

-Bueno, no somos taberneras, es cierto, al menos no completamente- Esta vez habló Suri- durante todo el año, la taberna es nuestra casa. Vivimos allí con otros semi- duendes... eran la gente que viste al entrar, esos a los que llamamos clientes. Todos ellos se han ido esta noche para poder entrar al bosque con sus correspondientes ritos.  El nuestro es este. Le regalamos al bosque una canción bonita cada año. Por eso hablamos con el comendador de Hiedrazul, para que los mejores cantantes de cada año, los que resultasen ganadores del concurso, vinieran a vernos. Aunque desde que Joseph y los chicos aparecieron, siempre intentamos trucar un poco los resultados.

-Sin embargo, nosotros sí que somos juglares. Aunque la verdad es que no participamos en el concurso porque queramos- Joseph se encogió de hombros- es nuestra particular forma de probar a la chica escogida cada año. Si puede gustar al público del concurso tanto como para hacernos ganarlo o al menos quedar en una buena posición, entonces sabemos que es una voz bonita de verdad. Si es una voz buena pero no puede soportar la presión, yo me encargo de hipnotizarla para que se relaje y cante. Con tu hermana, sin embargo, y como ya te he dicho... no hizo falta. Liana accedió a ayudarnos y cantó con nosotros en el concurso por propia voluntad...

-Espera, ¿Por eso me decías que te mirara a los ojos mientras actuábamos? ¿Canté bien en el concurso sólo porque me estabas hipnotizando? por...por eso estaba mareada al bajar del escenario... -Sentí cómo me flaqueaban las piernas.

-No, todo el trabajo lo hizo tu ingente talento, hermosa Nadia...-Kamal volvió a mirarme mal- ¿De verdad crees que te aprendiste la canción del molino del viento en una sola tarde por casualidad? Fue Joseph. ¿Sabes por qué me cuesta soportarte? Porque crees ser la dueña y señora de todos nosotros, y no eres más que una cría. Tu hermana no era así, era una mujer madura y respetuosa.

-Kamal, basta ya por favor. Creo que por esta noche ya has hablado de más. No la perturbes, no ahora que está comenzando a comprenderlo todo. Nadia no es la única de nosotros, ni mucho menos, que ha cometido errores imperdonables en todo este asunto- Joseph cambió el tono frío que había empleado para dirigirse a Kamal y volvió a hablarme suavemente- tuve que hacerlo, Nadia... teníamos que seguir con toda la historia.

-¿Pero por qué no me dijisteis nada? ¿Por qué no pudisteis ser sinceros? Si es cierto que lo fuisteis con mi hermana... ¿Por qué no conmigo?

-Porque al verte dudamos de ti. Verás, el año pasado nos despedimos de tu hermana. Ella partió hacia la capital, y nosotros seguimos vagando de pueblo en pueblo. Pero antes de separarnos, todos prometimos volver a encontrarnos un año después, a las puertas de Hiedrazul. Según lo acordado, un año después llegamos… para encontrarnos con la promesa rota. Liana no aparecía, se había esfumado completamente, habíamos perdido toda la esperanza… y justo entonces, Dante te encontró. Resulta que Liana de Campoflorido ha desaparecido... y en su lugar ha aparecido su hermana menor. Sin embargo, esta hermana no parece conocernos, no parece estar al corriente de nuestras actividades, parece querer huir y no está nada dispuesta a colaborar. Comprenderás que desconfiamos, y que por lo tanto, preferimos engañarte sólo un poquito.

-¿Sólo un poquito? todas y cada una de vuestras palabras han sido una sucia mentira, me habéis utilizado...-caí de rodillas, rendida, con el único deseo de que toda aquella pesadilla se esfumase.

-Sólo lo hicimos porque creímos que tu hermana te había enviado en secreto, ¿Cómo explicar si no que estuvieses en el mismo sitio que ella justo un año después?

-Si mi hermana vino a Hiedrazul, nunca me lo dijo-Miré con fiereza a Joseph- Nunca me habló de vosotros ni de absolutamente nada de esto, ni siquiera me habló de sus viajes. Mi hermana iba a Gubraz para tomar lecciones de protocolo y luego volvía a casa...

 -Tu hermana nunca nos habló de esas lecciones que mencionas- Interrumpió Panta. Todos pensábamos que era simplemente una viajera.

-Pero eso es imposible... sin duda estáis hablando de otra doncella, jamás pudo ser mi hermana.

-Sí que era tu hermana -Suri Parecía ofendida-No somos idiotas. El parecido es innegable, su porte regio, su talento para cantar igual que el tuyo, su pelo y sus ojos negros, su gusto por las flores de color rojo… Y además ese colgante de plata que llevas, ella también tenía uno. Liana no sería capaz de mentirnos. Nos apreciaba de verdad.

-No puede ser…

-Nadia-Joseph me ayudó a levantarme y me abrazó de nuevo- todo es verdad. No sabemos qué le ha pasado a Liana, pero si quieres contárnoslo y accedes a entrar en el bosque, todos nosotros y el resto de sus amigos podremos ayudarte. Tal vez...

-¿El resto? ¿Hay más gente que conoce a mi hermana?

-Claro, muchos más...

-Yo...- me sequé las lágrimas rápidamente y me esforcé por seguir respirando y no desmayarme allí mismo- estoy buscando a un amigo de mi hermana. Al menos eso creo. Es un asunto de vida o muerte, y tengo que encontrarle pronto.

-Lo intentaremos Nadia, te lo prometo. Te prestaremos toda nuestra ayuda. Esta vez te juro que te estoy diciendo la verdad. Sólo tienes que cantar una canción y podremos ir al bosque, no a este, al verdadero bosque. Nadie va a ponerte las manos encima, es más, ahí tienes tu zurrón y tu puñal. Todos vamos desarmados. Si no te gusta el bosque, podrás marcharte. Hagamos esto por Liana, piensa que ella habría sido muy feliz estando aquí, esté donde esté ahora.

Pensé en Liana y suspiré profundamente unas cuantas veces antes de murmurar- De acuerdo, cantaré.

-Gracias a Dios- Todos suspiraron aliviados y lanzaron exclamaciones de victoria- Verás, hay un pequeño contratiempo… en otras circunstancias no me importaría enseñarte la canción tranquilamente hasta que la supieses de memoria por ti misma, pero no tenemos tiempo. Tienes que dejarme hipnotizarte, sólo un poco, sólo para hacer que aprendas la canción en un instante.

-No Joseph. Por favor, debe haber otra forma...

-No la hay, no hay tiempo. Lo siento Nadia, he cometido un gran error al no serte sincero desde el principio, pero te prometo que sólo tardaré un instante. Tan sólo pretendo que aprendas la canción y no la olvides nunca. Por favor, confía en mí.

-No confío en ti. Confío en mi hermana. Y si, por causas que no puedo explicarme pero que pretendo averiguar, mi hermana logró confiar en vosotros, es que yo también debo hacerlo. Al fin y al cabo, estoy atrapada por vuestra culpa. Ya no tengo nada que perder y al menos intentaré averiguar algo más acerca de por qué mi hermana se muere.

En ese momento, las nubes húmedas y frías comenzaron a disiparse, y los rayos de la luna comenzaron a iluminar el claro tímidamente.

-Joseph, haz lo que tengas que hacer y ve a tu círculo. No hay tiempo, necesitamos los rayos de la luna o no podremos entrar- Exclamó Panta, visiblemente nerviosa.

-Está bien. Nadia- Joseph volvió a agarrarme el rostro, si bien esta vez lo hizo dulcemente, sin forzar, y me traspasó con la mirada, brillante y serena. Sólo podía distinguir el color de sus ojos, y de nuevo, sentí que no podría cerrar los míos por nada del mundo- Vas a saberte la puerta del bosque como si la hubieses cantado cada día de tu vida. Y vas a cantarla con nosotros ahora mismo porque es una canción preciosa. No perderás tu conciencia en ningún momento, y te libero de tus emociones. Podrás sentir lo que quieras y pensar lo que quieras. Y todo a partir de... ahora-Echó mi cabeza hacia atrás y salió corriendo del círculo grande para entrar en el suyo, en el pequeño, de un salto.

Me estremecí de pies a cabeza. De repente me habían entrado muchas ganas de cantar una canción, una canción que conocía muy bien... aunque sabía que no la había cantado en mi vida. Era como si hubiese estado en mi mente siempre, pero nunca me hubiese dado cuenta. Me coloqué en el centro del gran círculo sin pensarlo siquiera, y la hierba cobró vida y se enredó suavemente en mis tobillos desnudos. Las nubes se apartaron completamente, dejando a la luna sola en el cielo iluminando el oscuro espacio como si fuese de día. Los círculos, tan plateados como la propia luna, brillaron espléndidos. Panta miró al cielo, Prendió el trazo de carbón y lentamente todos los círculos se cubrieron de llamas bajas y rojizas, que no alcanzaban a quemar a nadie. Respiró y dijo Ahora

Todos los juglares comenzaron a tocar una misteriosa y absorbente melodía que yo no había oído nunca, pero que había oído siempre. Cuando comencé a cantar la canción me asusté por mi voz, tranquila y armoniosa, que resonaba en medio de un círculo de fuego en un bosque:

Estoy hecha de magia y luz,
Dentro de mí llevo la eternidad,
Con mi canto abriré la puerta al más allá,
Y sólo si te duermes me podrás encontrar...

Estaba cantando las mismas palabras que Liana cantaba en su celda. Aquellos versos eran hermosos, tristes y muy misteriosos, pero no me eran completamente desconocidos. Aun sin el hechizo de Joseph, estaba segura de que jamás podría olvidarlos.

El fuego comenzó a teñirse de azul. Los árboles a nuestro alrededor se agitaron, y la hierba parecía susurrar, parecía querer cantar conmigo. Las llamas crecieron y crecieron, haciéndose cada vez más altas, aunque no se propagaron en ningún momento fuera de los círculos. Cuando terminamos la canción y Dante, él solo, tocó la última nota con su flauta, el fuego desapareció de repente. Suri y Panta no estaban por ninguna parte, y tampoco vi la luna ni el cielo. A mi alrededor todo era verde, no había ni rastro de hierba quemada, solo árboles, troncos y hojas. Los círculos plateados habían desaparecido.

-¡Nadia, es fantástico! -Joseph se acercó a mí  muy contento- Hemos abierto el portal, hemos entrado, ¡Estamos en el bosque! Suri y Panta llegarán enseguida. ¿Por qué lloras? ¿Te ha asustado el fuego?

Negué con la cabeza en silencio. Liana había intentado hablarme de todo aquello en medio de su horrible locura, y yo nunca había querido entenderla. Los juglares no mentían, mi hermana había estado realmente allí justo un año antes.

Mientras intentaba apaciguar mi llanto, todos los juglares se movían despreocupados y felices a mi alrededor, caminando juntos hacia algo que no distinguí a la primera. Sin embargo cuando Joseph me guio tomándome de la mano, vi que era un cartel, un viejo cartel de madera clavado en el tronco de un árbol.

-Vamos, léelo. Te corresponde a ti abrir la puerta.

-¿Debo... leer el cartel en voz alta?

-¡Ánimo, Nadia!-Dante me abrazó y se puso a dar saltitos- ¡Va a ser muy emocionante, te lo aseguro!

Dubitativa y algo medrosa, me acerqué al cartel de madera. Las letras, incomprensibles, parecieron juntarse y formar palabras en el mismo momento en el que las miré. Susurrando, leí con un hilo de voz:

Saludos al viajero:
Si es verdad que hasta aquí has llegado, 
a partir de ahora avanza con gran cuidado:
Pues caminas por la ciudad de los árboles encantados,
donde nada es lo que ves, 
donde nada es de verdad.
Has llegado a la ciudad
De la magia y el pecado
 donde cada anochecer, se oyen árboles llorar.