lunes, 13 de abril de 2015

El romance de Nadia, capítulo 16

Capítulo 16

Desperté pasado el medio día, pero no se me permitió moverme de mi habitación, y yo no insistí ya que me encontraba muy débil y apenas podía asimilar nada de lo sucedido. Según pude saber luego, mi desmayo fue bastante más largo que otros que había sufrido anteriormente, sin duda porque ''la impresión que lo causó fue considerablemente grave'' (al menos eso fue lo que Thaaly me dijo). Para mí, simplemente, era un signo más de mi absoluta debilidad, un motivo más para deprimirme.

Cuando comencé a despertar a la mañana siguiente, Thaaly estaba allí.

-Hola, Thaaly- murmuré, incorporándome lentamente y descubriendo que tenía la melena llena de incómodos nudos.

-¿Estás mejor? por favor, dime que sí, tenemos que hablar urgentemente.

-Hoy no te andas con rodeos, ¿Eh?-la miré amigablemente, intentando transmitirle buen humor, pero al ver su semblante serio, dejé de sonreír- quiero decir que... sí, me encuentro descansada. Y yo también opino que debemos hablar... he tenido tiempo para pensar, llevo aquí desde ayer y...

-Entonces vamos. Ponte un vestido limpio... y péinate, por favor. Te espero junto al árbol.

Aunque notaba el cuerpo un poco engarrotado, me di toda la prisa que pude, ya que era cierto que mi mente no había dejado de funcionar en ningún momento, y me encontraba más o menos determinada a tomar unas cuantas decisiones. Hice lo que pude con mi aspecto y acabé recogiendo mi abultado pelo en una larga y desordenada trenza, y bajé.

''La plaza del bosque'', como la llamaba yo en secreto, ya que me recordaba a Hiedrazul,  bullía de actividad. Duendes de todas las edades, hombres y mujeres, caminaban ajetreados entrando y saliendo del claro. Algunos lo hacían acompañados de gente humana, que había venido de visita tal y como lo habíamos hecho nosotros. Todos parecían ocupados pero felices, y nadie, desde luego, parecía tener tantos problemas como yo. Suspiré y seguí a Thaaly, que se colocaba cerca de nuestro árbol-casa dispuesta a encender una pequeña hoguera. La luz cálida iluminó un poco el rincón verde, y ambas nos sentamos en la hierba.

-¿No molestará el fuego?

-La gente sabe lo que es una hoguera, Nadia. Los duendes discutimos los asuntos importantes y privados alrededor de nuestras hogueras. Ni siquiera se acercarán- Me miró, parecía un poco frustrada- ¿Es eso todo lo que vas a preguntarme?-Negué con la cabeza, sonrojándome y sintiéndome muy apurada de pronto- Venga. Adelante, no debes contenerte.

-¿Dónde está Axel?¿Y Moira y Altea?¿Dónde están ellas? -Las palabras sonaron en mi boca aún más desesperadas de lo que lo hacían en mi mente, cosa que no me ayudó a calmarme precisamente.

-Tranquila. Ellas están en su campamento. Llegarán en seguida, o al menos eso espero, porque las había citado... las amazonas son olvidadizas, pero espero que Selene... digo, Moira, recuerde que me prometió venir aquí. Al fin y al cabo, es tiempo ya de dar explicaciones. Tú también deberás darlas.-Thaaly parecía calmada , pero seguía conservando el semblante serio y concentrado.

-Entonces...¿No lo soñé todo? ¿Moira está.... está...?-No me atrevía a pronunciar la palabra ''Viva''.

-Están bien, de verdad, vendrán enseguida. Eso sí, procura no desmayarte más, por favor.

-Lo intentaré- murmuré, visiblemente ofendida. Yo no tenía la culpa de las cosas raras que pasaban en aquel condenado bosque. Miré el fuego unos instantes antes de volver a preguntar con ansia- Y...¿Y Axel?

-Está bien. Le creemos, creemos que es tu... guardián.

-Paladín.

-Lo que sea-Thaaly hizo un gesto ambiguo con la mano para quitar importancia al dato y siguió hablando seria- Le hemos dado ropa y ha comido y descansado. Ahora está con los chicos... le están enseñando a moverse un poco por el bosque. Supongo que en un rato habrán regresado- Se encogió de hombros.

-Está bien... lo preguntaba porque creo que debo hablar con él muy urgentemente. Es algo bastante importante, y acabo de tomar la decisión, y la verdad es que me gustaría...

-Nadia- Thaaly me miró, luego miró el fuego durante unos instantes, y volvió a clavar sus ojos en mi rostro- Debo decirte algo, pero no quiero que te ofendas.

-¿Crees que a estas alturas estoy como para prestar atención a ofensas? Mírame, Thaaly. Tenía un mes de plazo para realizar mi misión, ese tiempo ya ha pasado y ni siquiera estoy cerca de mi destino. ¿Crees de verdad que dada mi situación y mis... pintas, estoy como para ofenderme?

-Oh, está bien, pero te recuerdo que puedo leer tu aura perfectamente, podríamos decir que te conozco muy bien a pesar del poco tiempo que llevamos juntas, y la verdad... me parece que te vas a molestar un poco. Pero sinceramente, no me importa. He de decírtelo, tal vez te ayude.

-¿Pero qué es lo que pasa?- Me sentía un poco frustrada ante tanta expectación.

-Está bien... esto... ¿Estás segura de que puedes confiar en el muchacho?

-¿Qué?

-El... pelirrojo. Tu guardián. ¿Estás segura de que puedes confiar en él?

Noté cómo mi cuerpo se tensaba. ¿Sabría Thaaly que esa era la pregunta que yo misma llevaba haciéndome desde el día en que le conocí?

-Creo... creo que sí- Miré a Thaaly con los ojos entornados. Tenía, como siempre, ese aire misterioso de quien sabe mucho más que todos los que le rodean- ¿Por qué?


-Verás... -suspiró de nuevo- debes saber, antes que nada, que en este mundo existen dos tipos de almas. Cada alma pertenece a un tipo, y los impulsos y decisiones naturales de cada persona se ajustarán, en gran medida, al tipo de alma que posea. Pero cada persona es también libre para tomar un camino u otro en la senda del destino. Hay gente, sin ir más lejos, que usa sus decisiones e impulsos para hacer el mal, no todo es bueno.

<<Como te digo, en este mundo hay dos tipos de almas, dos tipos de personas: Hay personas que nacieron para proteger, y personas que nacieron para ser protegidas. Yo, que sé ver las almas a primera vista, siempre detecto a qué tipo pertenece cada uno. Y tú, Nadia, está claro, naciste para ser protegida. Sin embargo, en el árbol de las hadas me dijiste que sólo tú podías... proteger a Liana.>>

-Nací para ser protegida-Murmuré, más para mí misma que para nadie- Pero Thaaly, ¿Qué tiene que ver mi aura con mi confianza en Axel?

-Es difícil que una persona que nació para ser protegida logre algo que debería estar haciendo una persona que nació para proteger. Supongo que es algo complicado...-Alzó los ojos hacia las copas de los árboles, como si éstos pudieran ayudarla- Tal vez, si fuera al revés... si fuera tu hermana la que estuviese aquí y tú en peligro... Liana nació para proteger, tenía un instinto de protección inmenso. Ella tal vez habría logrado mantenerte a salvo. Pero tú, que tienes alma de protegida y no de protectora... no lo lograrás sola, Nadia.

-¿Qué... qué quieres decir?- No podía creer lo que Thaaly estaba diciendo.

-Sabía que te ibas a ofender... no digo que no vayas a lograr aquello que te propones, pero... necesitarás ayuda, Nadia. Y no sé si ese muchacho es... el más adecuado. él ha nacido para proteger, pero hay algo en su aura que...

-Basta- Corté al punto- Sinceramente, no necesitaba que tú me contaras tus cuentos de almas para saber que necesito ayuda. ¿Crees que no soy consciente del resultado que han dado mis elecciones? por eso mismo he decidido hablar con Axel-la miré determinada- y lo haré en privado. No tenéis por qué enteraros de nada.

-No seas injusta- Thaaly se inclinó ligeramente, acortando la distancia entre nosotras- Somos amigos de tu hermana, y queremos saber qué le ha pasado. Queremos saber si podemos ayudarte. Antes he dicho que es tiempo de dar explicaciones. También lo es para ti, no lo olvides.

-Sólo he dicho- espeté, cada vez más tensa y remarcando bien cada palabra- Que voy a pedirle ayuda a Axel. Y fin del asunto, Thaaly. No creo que su alma contenga nada extraño, la verdad- pronuncié las últimas palabras con retintín.

-¿Estás... insinuando que me lo invento?- Thaaly entrecerró los ojos amenazadoramente- No he dicho que su alma sea malvada ni que contenga nada extraño. De hecho, no puedo saber con exactitud lo que contiene. Es como si hubiera algún asunto que le preocupa tanto que no puede mostrarlo. Su aura no está sucia... pero tampoco limpia como la tuya. Sólo te advierto.

-¡Pero eso no significa que él sea malvado!- Me levanté con energía- No sé cómo lo hace, pero cada vez que estoy perdida del todo, cada vez que no sé de verdad cómo voy a seguir mi camino o cada vez que estoy en peligro... él acaba apareciendo a mi lado, de repente. ¡Y me salva!- Sabía que estaba sonando como una doncella tonta y desesperada, pero no me importaba- ¡Y no tienes ningún derecho a decir que él es malvado!

-¡Yo no he dicho eso en ningún momento! ¡Sólo te estaba haciendo una pregunta, Nadia!

Y en estas estábamos, cuando vimos a Altea aproximándose hacia la hoguera con ese aire de absoluta parsimonia que la caracterizaba. Estaba un poco mejor peinada y llevaba un vestido verde como el de Thaaly y el mío, pero su piel mal bronceada y aquella nariz tan pronunciada la hacían inconfundible.
Detrás iba Moira. Se me cortó la respiración (aunque no me desmayé) al verla, con unas calzas negras y una ancha camisa que disimulaba su anatomía del mismo color. Ambas iban descalzas, y tomaron asiento justo al otro lado de la hoguera, frente a nosotras. Allí estaban, años después, reunidas de nuevo frente a mí, las dos primas: Altea de Soláureo y Moira de Lunargenta, que eran, en aspecto, carácter e ideas, tan distintas como sus nombres.

-¡Qué emocionante! -Altea miraba a su alrededor lentamente- Reunión para contar historias. Nunca me invitan a estos eventos. Menos mal que me diste el vestido, Thaaly, no habría podido estar en armonía con la ocasión con esos feos uniformes de amazona. Mi prima no ha querido el vestido que le diste...

-No importa, Altea. Thaaly lo sabe. El bosque lo respeta.

-Pero todos vamos de verde, Moira. Mira Nadia. Ella también.

-Lo sé, pero a Nadia siempre le quedaron bien los vestidos. Yo soy una... excepción- Moira me miró sonriente. Yo me sonrojé. Apenas podía creer que ella estuviera viva. Su voz era un poco distinta a como yo la recordaba... pero habían pasado cinco años. Cinco. Y de nuevo, tras haber llorado hasta no poder más por su muerte con mi hermana, allí estaba ella, diciendo, como desde que era pequeña, que los vestidos no eran nada cómodos.

-Los muchachos no han llegado aún, pero no puedo resistirme más... Tenéis que contarme cómo es que os conocéis y todas vuestras historias... ¡Tengo mucha curiosidad! -Thaaly parecía haberse olvidado de nuestro pequeño encontronazo.

Moira rió, con una carcajada limpia y profunda, libre, no como las risitas comedidas que nos obligaban a soltar en la corte.

-Está bien. Al fin y al cabo, creo que ya ha pasado tiempo suficiente como para contároslo todo a vosotros. No es una historia bonita ni poética, pero las verdaderas nunca lo son...

-¡Esperad! ¡No empecéis sin nosotros!

Me giré, y lo mismo hizo Thaaly, para ver a quiénes pertenecían las voces que resonaban a nuestra espalda. Se trataba de Jaques, Telmo y Dante, que se acercaban corriendo con sus instrumentos entre los brazos.

-Se acabó la tranquilidad...-Oí decir a Thaaly.

-¡Sentimos la tardanza, queridas damas! Íbamos a venir antes, pero teníamos que coger nuestros instrumentos...- Jaques se sentó entre Thaaly y yo, a mi derecha.

-Habríamos tardado menos, pero Joseph y Kamal son unos pesados, no nos dejaban marcharnos... Se han quedado por ahí con ese chico... Axel- Añadió Telmo, sentándose a mi izquierda.

Dante, en cambio, se acercó al hueco que había entre Thaaly y Moira. Se aproximó a ella, y, gentil y delicadamente, como jamás le había visto, le tomó una mano y se la besó con dulzura.

-Jamás podréis imaginar el placer que supone para mí veros, queridísima Selene... Estáis arrebatadora, como siempre, por supuesto.

Ella apartó el brazo rápidamente, tan solo para darle un buen golpe en el brazo a Dante.

-¡Cállate, idiota! ¿No te cansas de hacer lo mismo cada vez que me ves? ¿Crees que no sé cómo eres? ¡No soy una muchacha de taberna a la que puedes engatusar con tres palabras bonitas, palurdo!

-Tus golpes, querida, son caricias para mí. Tan sólo con tenerte cerca, todo cambia para mí, y me encuentro justo en el lugar en el que más deseo estar. No me cuesta repetíroslo cada vez que os veo, de hecho me siento afortunado por poder contemplaros mientras os recuerdo que mi corazón muere y vive por vos.

-¿¡PERO QUÉ PARTE DE QUE CIERRES EL PICO ESE NO ENTIENDES!?

-Oh, mi diosa de la luna...

Tras contemplar le escena y mientras aquellos dos seguían... ¿Discutiendo?, miré boquiabierta a Thaaly, a Telmo y a Jaques, que sonreían divertidos. Altea, por su parte, parecía algo molesta porque ningún muchacho la estuviera adulando a ella, y miraba a Dante con lo que a mí me pareció ansia.

-¿Qué... está pasando aquí?-pregunté, volviendo a contemplar la loca escena.

-Oh, ¿No lo sabías?- Jaques me dio un pequeño codazo, ya que no podía soltar el laúd- Dante está enamorado de Selene desde la primera vez que la vio, hace cuatro años. Cada vez que la ve, se esfuerza por ser un auténtico caballero responsable y galante...

-...Aunque no le sirve de mucho- Añadió Telmo.

-Pero... ¿Dante? ¿Ese Dante? ¿El mismo Dante que me robó el vestido en el río?- Pregunté estupefacta, sonrojándome ligeramente al recordar el ya famoso hecho. 

-¿Que Dante hizo qué?-Thaaly soltó una sonora carcajada- ¡Tenéis que contarme esa historia!

-Oh, a Suri y a Panta les encantó- Apuntó Telmo- Verás...

-No, ¡No! ¡BASTA A TODO EL MUNDO!-Dije, levantándome, sintiéndome de pronto muy agobiada- ¡No estamos aquí para contar esas cosas! ¡Debemos centrarnos en lo importante, Moira debe contarme por qué está aquí y qué demonios hace viva! ¡Tengo demasiadas preguntas estallándome en la cabeza y pinchándome en el alma como para que ahora os pongáis a charlar y a discutir!

Todas las conversaciones cesaron, y todos me miraron durante unos para mí embarazosos instantes. Me senté rápidamente de nuevo y Thaaly carraspeó.

-Está bien, Nadia tiene razón, hay muchas cosas que contar... Primero, pues, Moira contará su historia...

-¿Pero quién es Moira?-Saltó Jaques, desconcertado.

-¡Ella, obviamente!-Dije furibunda, señalándola.

Pero si ella es Selene...¿No?-No respondí, pero le lancé una mirada terrible a Jaques, que cerró la boca y no se atrevió a preguntar más.

-Como iba diciendo...- Reanudó Thaaly suspirando- Después, Nadia contará la suya.

Bajé la mirada acobardada.

-Supongo que... es lo justo.

-Muy bien, basta de tonterías- Moira flexionó una de sus rodillas y apoyó el mentón en ésta- Nadia, ¿Por qué no me ayudas a contar el principio de mi historia?

-¿Y-yo?- La miré con los ojos muy abiertos- ¿Cómo podría, Moira? ¿Cómo se ha de contar una historia si te es completamente desconocida?- Me sentía muy nerviosa cada vez que mi amiga me hablaba. Era una sensación extrañísima. Era como si otra persona con su rostro y la voz un poco más ronca se estuviera comportando exactamente como lo habría hecho ella.

-Mi historia no te es completamente desconocida. Es más, tú estuviste presente en gran parte de ella. ¿O vas a negar que nos conocemos desde que éramos unas niñas gritonas? ¿Cuántos veranos pasé en aquella pradera en Campoflorido?

-Ti..tienes razón-Sonreí, pero pronto la sonrisa se rompió, y comencé a llorar muy afectada al recordar mi infancia junto a Moira y mi hermana. Mi amiga había muerto, y ahora... ahora me hablaba de nuevo, me pedía que recordásemos el pasado juntas.

-Vaya por ese Dios vuestro, me parece que en eso de llorar no has cambiado- Miró al resto de los participantes de la hoguera- De niña era la reina del drama. No soportaba la tensión propia de nuestras travesuras, siempre acababa llorando o confesando- Sonrió con ternura- Un corazón demasiado puro.

-N,no... es que tú... eras una diablilla- Solté una risa ahogada que hizo que casi me atragantara.

-Está bien Nadia, intenta serenarte...- Thaaly sacudió la cabeza, con una ligera sonrisa- Así que...¿Os conocíais cuando erais niñas?

-¡Claro!-exclamé, apartándome las lágrimas del rostro y mirando a Moira sonreír- ¡Esta muchacha que téneis delante es la condesa Moira de Lunargenta!

Jaques, Dante y Telmo saltaron de la impresión.

-¿QUÉ?

-¿LA DONCELLA DE LOS LOBOS?

-¡NO PUEDE SER!

-Aaaaay, qué nombre tan feo, prima... el mío es mejor-Comentó Altea, mirándonos a todos buscando aprobación.

-Bueno, la condesa fantasma tampoco está mal...-comenté, por compromiso.

-Un minuto...¿Quién es la doncella de los lobos? ¿Por qué os escandalizáis tanto?-Thaaly parecía verdaderamente desconcertada. 


-Vamos, vamos, señores... dejad que Nadia cuente la historia- Moira exhibía esa sonrisa atrevida y con una travesura escondida, pero dulce, que siempre la había acompañado.

- Ella es Moira de Lunargenta, os lo aseguro- Repetí- nuestras familias siempre han gozado de una buena amistad, ya que Moira y mi hermana tenían la misma edad, así que estábamos todas muy unidas. Además, Altea es tan sólo un año mayor que yo... pero al contrario que Moira, quien pasaba veranos enteros en mi hogar, ella no venía mucho a Campoflorido- Miré hacia el cielo un momento, intentando quitarle importancia al dato.

-¡Tu castillo estaba lleno de bichos y olía mal!-Saltó ella, encantada de tener protagonismo.

-¡Eso es mentira! Y además, ¡Junto al castillo hay una pradera! ¿Qué esperabas? ¡Tenía que haber algún que otro insecto!

- Déjala, Nadia-Moira sonrió incómoda- Ya sabes como es. No quiero volver a oírte pronunciando estupideces, Altea. Ya hablaremos -Cuando miró a su prima, Moira ya no sonreía- Continúa, por favor.

-Bien...-Esperaba que no me interrumpieran mucho más de lo estrictamente necesario, ya que mi mente era como un enorme caldero lleno de pensamientos hirvientes y me costaba mucho seguir el hilo de todo aquel cúmulo de recuerdos e historias- Moira, Liana y yo siempre estábamos jugando juntas, viviendo miles de aventuras e inventando historias que luego representábamos delante de nuestras familias... Años más tarde, a medida que íbamos creciendo, nos convertíamos en refinadas y perfectas damitas que pronto serían señoritas hechas y derechas, y nos contábamos todas nuestras confidencias, sueños y preocupaciones, si no era en persona, al menos por carta... Aunque lo mejor era cuando Moira venía a Campoflorido o cuando nosotras íbamos a visitarla a Valdeplata...

-Juro que no puedo imaginarme a Selene siendo una... ¿Cómo la has llamado? ¿''Refinada y perfecta damita''?

-Pues es verdad, Telmo, ¡Te lo aseguro!

-No...no te pega nada llamarte Moira... ¿Llevaba vestidos?

-¡Por supuesto que los llevaba, Jaques!-tercié, decidida- aunque he de decir que nunca le gustaron mucho... No podías trepar a los árboles, ¿Verdad? 

-Ni trepar, ni correr... Además, picaba muchísimo y muchas veces ni siquiera era bonito llevar esa ropa, ¡Joder, menudo coñazo!

-¡Moira!-La reprendí involuntariamente, el reproche salió de mi boca al instante, sin pensarlo siquiera. La regla cortesana que vetaba a las damas a decir nada parecido a un juramento o improperio, al contrario que a mi amiga, no se me había olvidado.

-¿Ves como no es una damita? ¡Ni nada parecido! ¡Anda que no es basta esta!-Jaques soltó una carcajada.

-¡Bueno! ¿Qué pasó?-Thaaly empezaba a impacientarse- ¡Aún no me habéis contado nada verdaderamente grave!

-Tienes razón... lo grave comenzó...-Intenté tragar saliva a pesar de mi boca seca, y todos guardaron silencio de nuevo- Comenzó hace cinco años.

<<Moira y mi hermana tenían trece años... Altea tenía doce y yo apenas once. Los dos compromisos se anunciaron casi a la vez, tanto en Valdeplata como en Valdoro, y en la corte se formó un gran revuelo, sobre todo al saberse los nombres de los elegidos para...>>

-Espera, ahora la que interrumpe soy yo-Thaaly hizo un gesto con la mano para que detuviera mi apresurada narración- ¿Estás...hablando de compromisos matrimoniales?

-Naturalmente...¿De qué si no iba a estar hablando, Thaaly?

-¿Te refieres a...Moira? ¿Ella era la doncella comprometida?

-Por supuesto... y también Altea...

-Temo que vas a tener que explicarlo todo más lentamente, Nadia. Aquí en el bosque apenas conocemos las costumbres humanas...no tengo ni idea de reglas de compromiso.

-¿No sabes cómo funciona?- De modo que iba a tener que explicarlo absolutamente todo. El asunto era peliagudo- Veréis, en la corte  hay unas reglas... tenemos reglas para casi todo, y son reglas necesarias y que por supuesto hay que cumplir. El matrimonio entre nobles es uno de esos asuntos que está estrictamente regulado: los tratos previos entre las familias y los contrayentes, los plazos para formalizar un compromiso, y por supuesto las edades de los novios... debes tener al menos 13 años para poder casarte, y si a los 20 aún no lo has hecho... bueno, es bastante difícil encontrar un buen compromiso a esas alturas.

-¿Os casáis con 13 años y con 20 ya sois solterones?

-Sí... al menos en la corte-Dije, ligeramente sonrojada- no estoy familiarizada con las costumbres del pueblo llano.

-Básicamente la gente se casa cuando quiere y con quien quiere, o más bien cuando puede, siempre que la unión sea lógica, consentida por la iglesia y por las familias y si hay dinero, claro- Dante resumió los conceptos rápidamente, y yo no pude evitar preguntarme qué se sentiría al poder casarse cuando se quisiera y con quien se quisiera.

-Lo importante-Dije retomando de nuevo el asunto- Es que hace cinco años se anunciaron dos compromisos simultáneamente: tanto el de Altea como el de Moira. La noticia corrió como una saeta por todo el reino, ya que las dos familias han sido siempre bien conocidas, y se esperaba que ambas se casaran en una boda doble y conjunta al año siguiente... pero eso no ocurrió.

-¿Y qué ocurrió entonces?-Thaaly empezaba a comprender, y se mostraba cada vez más interesada. Miré a Moira, quién asintió con la cabeza, dándome a entender que mi relato era correcto y que debía continuar. Así lo hice:

-Ocurrió, nada más y nada menos, que la familia de Moira decidió adelantar la boda de su hija aquel mismo año. Todo fue precipitadísimo, Los invitados, entre ellos mi familia, tuvieron que acudir... podríamos decir que casi corriendo, a Valdeplata, para asistir a la ceremonia apenas unos meses después del anuncio del compromiso. Era pleno verano, menudo calor hacía... y el asunto es que nadie supo nunca exactamente por qué los condes de Lunargenta decidieron hacer eso...

-¿Que nadie lo supo nunca? Por favor, Nadia, no tiene gracia- Moira me interrumpió súbitamente.

-¡Es la verdad! al menos yo nunca lo supe...

-Tenías once años...¿Qué iba a saber una chiquilla como tú? sin embargo, para mí siempre estuvo claro. Dinero, querida. Dinero.

-¿Dinero? ¿A qué os referís?-Thaaly preguntaba intensamente.

-Toda mi boda fue un paripé asqueroso y rastrero para intentar disimular el hecho de que mi familia me estaba vendiendo como a un pedazo de carne en un puesto de mercado. No había más que mirar a mi ''maridito''... ¡Menuda pieza!

-¿Era... malo?

-Era mucho peor que eso. Un viejo borracho, gordo y decrépito al que todo lo que le sobraba de dinero le faltaba de corazón. Era un ser despreciable. Se merecía el sufrimiento que padeció-Unas lágrimas de rabia pura asomaron a los ojos de Moira, si bien nunca llegaron a rodar por sus mejillas. Yo me sentí impotente, y a la vez intrigada por todas aquellas revelaciones.

-Pero, si es cierto todo eso que contáis...¿Por qué habrían tus padres de desposarte de esa forma? ¿Por qué entregarte a un hombre tan horrible?

-Porque cuando ese cerdo grasiento mostró interés por mí, mis padres pudieron ver el cielo abrirse ante ellos. ¿Qué familia, en todo el reino, habría rechazado una boda con Lord Highcrag?

-¿Lord? ¿Era un hombre muy importante?

-Era el noble más importante de toda la parte oeste del reino- Intervine de nuevo- su fortuna era inmensa, y sus títulos y honor grandes, ya que estaba lejanamente emparentado con la familia del rey Todrík. Era bastante mayor, pasaba la cuarentena y era viudo cuando desposó a Moira...

-Pero aún así, tus padres...

-Mis padres... no te atrevas a pronunciar esas palabras, Thaaly. Padres significa amor, protección, unión y familia, y yo no tengo ninguna de esas cuatro cosas.- Moira parecía estar escupiendo veneno en lugar de palabras- Querer asegurar una posición social por encima de la vida de tu propia hija... espero que ardan bien en el infierno, si es que lo hay.

-¡Moira, por Dios bendito!-Me tapé la boca con las manos, horrorizada por tan terribles declaraciones.

-No, Nadia- Clavó sus ojos, del color del ámbar más rico, en los míos. Su determinación, como su dolor, era inquebrantable-  No te permito opinar sobre esto. No tienes ni idea.

-Pero...¡Yo sí tengo idea! ¡Sé que tus padres han sufrido, sé que tu hermana ha sufrido! ¿Crees que no les vi llorar en tu...?-Me interrumpí. No quería decir ''entierro'' delante de la ''no tan difunta'' Moira- en tu... ceremonia de despedida. ¡Estaban destrozados!

-¡PUES ME ALEGRO! JAMÁS SUFRIMIENTO ALGUNO HA SIDO TAN MERECIDO- Moira apartó unos segundos su mirada de mí para respirar y calmarse, cosa que yo agradecí al cielo infinitamente, ya que casi podía sentir cómo sus ojos me abrasaban. Cuando volvió a hablar, su tono era algo más templado, y no ardiente como el fuego maligno- Si lloraron de verdad en algún momento, hecho del cual me permito dudar sobremanera, te aseguro que no lo hicieron por pena o dolor por lo perdido. Tal vez mi hermana...-Su tono se dulcificó levísimamente, de un modo apenas perceptible- pequeña criaja mimada y débil, sólo tenía 7 años cuando me fui... espero que tenga más suerte de la que he tenido yo... Tal vez, como digo, ella sí llorara, por pena o quizás miedo de que a ella pudiera pasarle lo mismo. Pero, ¿Mis padres? ellos sólo llorarían por culpabilidad, por remordimientos asquerosos que no les hubiesen dejado dormir por las noches. Llorarían por ellos, por sus propias almas egoístas. Nunca por mí.

-Moira, eso no puede ser-mi voz sonaba tan débil y fina como un hilillo de seda- Tal vez erraran en sus actos, pero tus padres...

-Basta, Nadia. No voy a consentir un solo juicio de valor más acerca de esto. Mis padres me vendieron a Lord Highcrag, y desde el mismo instante en el que me obligaron a posar mi mano en la suya en aquel condenado altar, dejaron de ser mi familia. No les volví a ver, ¿Sabes? no vinieron a visitarme a Highcrag ni una sola vez en un año. Yo ya no era nada suyo. No era de nadie...sólo de ese viejo cabrón- En aquella ocasión, Moira sí tuvo que apartarse rápida y bruscamente un par de lágrimas que rodaban rostro abajo.

-Así que te casaste y te fuiste a vivir con tu marido, por supuesto...-Thaaly ladeó la cabeza ligeramente, sonriendo apenas un poco- No consigo imaginarte casada, querida Selene...

-Y no te culpo- Replicó ésta- Aunque he de decir que aquello jamás fue un matrimonio.

-¿Entonces? ¿Qué pasó?

-Eso depende de lo que quieras saber. Yo sé la verdad, pero Nadia va a contar la mentira, la ''leyenda'', si queréis resultar poéticos. El por qué se me recuerda como la doncella de los lobos y no como Moira de Lunargenta.

-Moira, no creo que...

-Vamos, mujer. Cuéntalo. ¿Crees que no me sé las barbaridades que se gritaron a los cuatro vientos durante años? es necesario contar las mentiras para que sea yo la que por fin cuente la verdad.

-Pero... no quiero repetir nada de eso... delante de ti- Me sonrojé de vergüenza.

-Vamos... ¿Nadie va a contarlo? Thaaly quiere saberlo...

-La doncella de los lobos...- Fue Dante el que tomó la palabra. Era realmente impresionante verle con un semblante tan serio, y con los dos zafiros que tenía por ojos mirando sin pestañear la hoguera titilante- la suya es una historia trágica que contamos cada vez que llevamos nuestro espectáculo a un pueblo, pues aunque parece una leyenda terrorífica, es cierta, y ocurrió hace muy poco en nuestro propio reino...

<<Una pareja de nobles contrajo matrimonio en un verano abrasador. Él pasaba la cuarentena, a ella aún le quedaba mucho para alcanzar la veintena. Según decía la gente, ninguno amaba al otro, mas ¿Quién puede comprender los motivos del matrimonio de los nobles?
Vivieron durante algo más de un año sin que nada digno de mención se supiera de ellos. La muchacha no esperaba hijos, lo que por otra parte era lógico, ya que ella misma era aún una niña, pero se dedicaba a cumplir el resto las funciones de anfitriona y esposa para su marido y todos los que moraban en el castillo. Sin embargo, la tragedia cayó sobre ellos durante una gran fiesta organizada por el gran Lord en pleno otoño...
Todo fue un éxito, cientos de nobles acudieron a aquella ceremonia fastuosa, donde ni un solo detalle falló. Muchos invitados se quedaron a dormir, ya que se encontraban tan cansados de tanto comer, beber y bailar que no tenían siquiera fuerzas para retornar a sus hogares. El lord y su esposa, agradecidos y felices, se retiraron a sus aposentos ya bien entrada la noche, cuando todas las antorchas y velas se habían consumido en el gran salón.

A la mañana siguiente, el lord fue hallado muerto, desangrado a causa de unas cuantas puñaladas mortales dadas por todo el cuerpo. La visión del blanco lecho adornado con ricas sábanas de encaje teñido de rojos chorros de sangre caliente hizo que hasta los caballeros más templados y duros sintieran cómo un frío miedo invadía sus almas  hasta lo más profundo de su ser. Las mujeres, tras reponerse de sus desmayos, se apresuraron a buscar a su señora para comunicarle su recién adquirido estado de viudez.  Pero la fina dueña del castillo no aparecía por ninguna parte. Tras buscarla sin éxito hasta que el sol se ocultó y la luna brilló maligna en el oscuro cielo, mandaron caballeros en su busca por todos los alrededores de las tierras de su ya difunto esposo, temiendo el secuestro o la muerte de su señora.

Y entonces, a los pocos días de la misteriosa desaparición...>>

-¿Qué? ¿¡QUÉ!?-Thaaly parecía a punto de estallar de emoción, y los gemelos y yo mirábamos a Dante con el alma en vilo, a pesar de haber oído la historia muchas veces.

-La encontraron en lo profundo del bosque. Bueno, no a ella, sino más bien a lo que quedaba de ella.

-¿Qué... quieres decir?

-Los lobos habían devorado muchas partes de su cuerpo, entre ellas el rostro, casi todos los brazos, gran parte del tronco y las piernas... la identificaron por la gran cantidad de pelo marrón y ondulado y por los jirones del vestido que portaba, el mismo de la noche del baile.
Desde entonces las tierras de Highcrag, que así se llama el domino de aquel Lord, han estado malditas, y la familia de la novia también cayó en desgracia y mala fama. Después del entierro simbólico (nadie se atrevió a transportar aquel amasijo al que llamaban cadáver) nadie en la corte volvió a hablar de horripilante suceso... en voz alta. Los murmullos, rumores y cuchicheos no han parado jamás, y aún hoy, cuatro años después del misterio, la gente tiene miedo de mencionar en voz alta... el nombre de la doncella de los lobos.

Dante abandonó el tono misterioso y relajó un tanto su posición, aunque permaneció serio. Todos los presentes estábamos boquieabiertos, sobre todo Thaaly, que oía la terrible historia por pirmera vez, pero también los gemelos y yo, y Altea. Dante había contado la historia de un modo tan perfectamente terrorífico, que todos nos habíamos imaginado cada horrible detalle con total claridad. Moira estaba realmente tensa, y miraba a Dante fijamente. él se volvió hacia ella, y en lugar de hablarle con dulzura como había estado haciendo todo el rato, su voz sonó con mucha dureza y amargura:

-Nunca jamás habría imaginado que la doncella de los lobos no murió, sino que se fue a vivir al bosque. Pero lo que jamás habría podido esperar es que fueseis vos, Selene. ¿Cómo habéis podido permancer callada cuatro años?

-Yo... lo siento...-Moira mostró un poco de debilidad por primera vez desde que volví a verla. La expresión de su rostro era de miedo y debilidad real, y realmente en aquel momento parecía una dulce doncella en serios apuros. Pero eso cambió pronto. Sacudió la cabeza ligeramente y habló con tono firme, como siempre hacía- He permanecido tanto tiempo en silencio porque no encontraba fuerza dentro de mí para compartir la verdad, mi verdad, con nadie, ni siquiera con mis amigos. Pero eso cambió el año pasado...-Suspiró profundamente-  Le conté la verdad a Liana cuando estuvo aquí.

-¿QUÉ?-Salté sin poder evitarlo.

-Es cierto, Nadia. Y tu hermana me ayudó. Fue la que me dio el ánimo para que contara la verdad por fin. He estado dándole vueltas tanto tiempo... cada día. Y por fin estoy aquí, dispuesta a contar lo que pasó. Veréis...

-Pero Liana... ella nunca me contó nada. Ni siquiera que te vio. Liana no me dijo que estabas viva...-Abrí los ojos como platos, horrorizada. No podía creer que mi hermana hubiera sido tan malvada conmigo.

-Yo le pedí que no contara nada a nadie. La hice jurar por su alma inmortal.

-Pero... ¿Pero por qué?

-Eso, Selene, cuéntanoslo-Telmo parecía impaciente.

-Sí, tenemos que saber la verdad de la doncella de los lobos... ¿Qué pasó en realidad?

Y entonces, con una sonrisa que nos heló la sangre en las venas y la mirada fija en el fuego abrasador, Moira pronunció estas palabras:

-Lo que ocurrió, amigos míos... es que la doncella de los lobos resultó ser una asesina.