domingo, 6 de septiembre de 2015

Relato

Pluviofilia


Pluviófilo/a (sustantivo): dícese de la persona que encuentra alegría y paz espiritual durante los días de lluvia.

Al parecer he tardado diecinueve años en descubrir una de las palabras que me definen.

Llevo toda mi vida oyendo que la lluvia está hecha para las personas tristes. Pero cada persona triste tiene alguien que la ama, igual que yo amo la lluvia.

Aún no entiendo muy bien por qué. Aún no entiendo la razón por la que me siento tan ligada a algo tan etéreo y efímero como es la lluvia. Y lo más curiosos es que en realidad no lo necesito. Es un amor tan puro, y estoy tan segura de él, que sé que nunca va a acabar. La lluvia ha estado conmigo, literalmente, desde el día en que nací.

Extraordinariamente, el día que nací estaba lloviendo. Y digo extraordinariamente porque la lluvia es algo escaso en el sur de Andalucía, de donde vengo. Curiosamente, estaba lloviendo en pleno invierno, cuando nací. Mi madre dice que esa es la razón por la que amo la lluvia. Porque fue el primer sonido del mundo que llegó a mis oídos.

Me gusta creerla, porque la lluvia me hace sentir viva. Salir al aire libre un día de lluvia es una auténtica bendición. Todo está más vivo con la lluvia. Las nubes se cubren con un halo plateado, las plantas crecen y parecen tener vida, el viento danza frío y juguetón, haciendo que el corazón y los pulmones se estremezcan, las flores brillan, orgullosas de poseer unos colores tan vivos, y las gotas caen y caen sin parar, firmes y seguras de su misión de limpiar y purificar la tierra. La piel se estremece, las pupilas se dilatan, huele a vida en el ambiente.

La lluvia no es triste, la lluvia es romántica. Una pareja bailando a solas es maravilloso, pero, ¿Una pareja bailando bajo la lluvia? no veréis sonrisas más puras ni sentiréis besos más ardientes.

La lluvia es confidente, oculta las lágrimas de los pesarosos y guarda los secretos más profundos con discreción y delicadeza.

La lluvia es tranquilizadora, apaga el fuego de la ira, enfría las malas ideas y da descanso al alma, dejándola flotar libre para regresar renovada al cuerpo.

La lluvia es generosa, pues une a las personas. No habrá abrazos más cálidos, ni confesiones más sinceras, ni miradas más llenas de amor, que las de un día de lluvia.

La lluvia es, en fin, sabia, como toda fuente de vida que se precie, tan importante como el mismo sol, la luna o las estrellas. Por eso cada vez que oigo a alguien decir que la lluvia es para personas tristes, para personas tontas o para personas que no saben apreciar la belleza que hay en el mundo, yo sonrío.
 
Sonrío pensando, pensando siempre lo mismo. ''Amigo, si de verdad tu alma está tan seca como para no dejar que la lluvia la moje, entonces el que deberías estar triste eres tú.''