sábado, 19 de diciembre de 2015

''El romance de Nadia'' capítulo 18

Capítulo 18

Thaaly nos condujo a un ritmo rápido aunque alegre, a través de un estrecho caminito que se alejaba del claro. No era, sin embargo, un sitio muy lejano, pues llegamos apenas tras unos minutos de marcha.

Un sauce, de aquellos que se decía que lloraban, nos recibió tranquilo. A pesar de que en el bosque jamás hacía viento, sus ramas se agitaron suaves, como movidas por una ligera brisa. Thaaly sonrió al verlo.

-De acuerdo, sentaos junto al sauce. Es uno de los lugares más tranquilos de todo el bosque. Él os protegerá y guardará vuestros secretos, siempre, claro está, que habléis desde el corazón. Voy a ir a buscar a Suri y a Panta.... hoy toca salir a cazar, así que volveré a por ti en poco tiempo, Axel. Aprovechad los minutos que os concedo- Volvió a guiñarnos un ojo descaradamente y pronto desapareció en la espesura.

Solté una risilla nerviosa y me encogí de hombros, deseando de verdad que Thaaly no dijera aquel tipo de cosas. Rápidamente, Axel y yo nos sentamos, buscando el cobijo de la sombra que creaban las ramas más bajas del sauce, él con las piernas cruzadas, yo recatada, intentando esconder los pies bajo la falda. No tenía ni idea de qué hablar, me di cuenta en aquel momento, a pesar de que sabía perfectamente todo lo que quería decirle a Axel. ¿Por qué me pasaba eso cada vez que me aproximaba a él? ¿Qué era aquella fuerza, aquel influjo que mi joven paladín ejercía sobre mí, aquello que me impulsaba a alejarme y a acercarme a la vez?

Pero él, como de costumbre, parecía no darse cuenta de nada. Axel poseía un poder para estar siempre tranquilo, y sobre todo para tranquilizarme a mí, que nunca llegué a comprender. Comenzó a parlotear alegremente y con un tono jovial:

-¡Demonios Nadia, eres asombrosa! Estaba buscándote y no lograba encontrar ni una sola pista, y de repente esa cazadora tan peligrosa me capturó.... imagínate, a mí me parece que es bruja,  porque de otro modo no entiendo cómo una mujer pudo vencerme a mí, a un caballero de primera clase... La cosa es que empezó a acusarme de robarle no se qué cosas y de acercarme a su campamento... ¡Figúrate, yo no tenía ni idea de lo que me hablaba! Y justo en el momento en el que las cosas se pusieron realmente serias... ¡Entonces apareces y solucionas todo el entuerto! Es ciertamente asombroso, no podrás negarlo...-Asintió enérgicamente unas cuantas veces, como para darle más fuerza a su relato.

-Oh vamos, deja de parlotear, yo no hice nada...-No pude evitar ponerme roja de satisfacción. Efectivamente, le había salvado la vida al muchacho que en su día me la había salvado a mí. En términos de caballería, estábamos en paz en aquel momento, aunque desde luego yo tenía cosas más importantes en las que pensar- además... ¿Se puede saber por qué me estabas buscando?

-¿Cómo que por qué?-Abrió mucho los ojos de hielo para mirarme sorprendido- ¡Me tenías preocupado! Te largaste en mitad de la noche mientras bailábamos, y me contaron que los ganadores del concurso se hospedaban en una extraña pensión junto a la muralla fronteriza de la ciudad... así que fui a buscarte a la mañana siguiente.... ¡Y te habías esfumado! Tú y esos tipos raros que te acompañaban, esos juglares, todos habíais desaparecido, ¡Y las puertas de la ciudad seguían cerradas a cal y canto por el festival! Nadie me prestó ni un mínimo de atención por mucho que insistí en lo extrañísimo del asunto, y tuve que pasarme tres días en Hiedrazul, buscándote por cada callejuela y confundiéndote con mil muchachas...
En cuanto pude salir de la condenada ciudad, comencé a buscarte por los alrededores, convencido de que no podías andar muy lejos, de que era imposible que tú y tus amigos dementes hubierais cruzado las murallas... sin darme cuenta, fui adentrándome más y más en el bosque, no entiendo bien por qué. Sentía que debía buscarte, porque la primera vez que te encontré estabas en el bosque y corrías mucho peligro y... temí, Nadia. Temí no estar ahí para salvarte.

-Axel...-Lo miré impresionada. La sinceridad de aquel muchacho era aterradora y a la vez maravillosa. Me buscó porque quería salvarme de nuevo, eso era todo. Expresaba lo que sentía con total claridad. ¿Era aquella la ventaja de no tener ni una sola gota de sangre azul corriendo por sus venas? Axel no poseía riquezas, pero tenía su palabra, que desde luego era algo mucho más valioso.- Lo siento mucho, no estaba perdida ni sola, y Joseph y los muchachos no son peligrosos después de todo, aunque he de reconocer que me hicieron pasar mucho miedo... Thaaly me dijo que te lo explicaron todo, así que supongo que es normal que estés sorprendido... ¡Esto de la magia es una locura, yo misma aún no me lo creo muy bien! pero espera un momento... tú... ¿Querías encontrarme y socorrerme?

-Lo sé, ahora sé que no debo preocuparme, Joseph y todos los demás parecen tenerte gran estima y además consiguieron hacer toda esa locura de los portales gracias a ti.... ya me contarás eso con más detalle, ahora no importa. ¡Y claro que quería encontrarte! Se lo dijiste bien claro a esa guerrera junto al río, ¡Soy tu paladín! Y debo preocuparme por tu seguridad en todo momento, desde que el sol reine en el cielo hasta que las estrellas dancen en el firmamento. Y aunque no lo deseéis así, siempre estaré a vuestro lado si necesitáis ayuda... mi señora- Axel se incorporó para arrodillarse en señal de pleitesía y, tomándome la mano derecha, me la besó con dulzura.

El corazón dejó de latirme al notar el contacto de sus labios fríos con mi piel. Había aguantado sola mucho más de lo que pensé que podría llegar a aguantar, y ya no podía soportarlo más. Axel, un auténtico caballero del príncipe, me estaba ofreciendo su ayuda, ¿Quién, en toda la tierra, era yo para resistirme de aquella manera?

-Maldita sea, sí que tienes razón. Necesito tu ayuda, Axel... se trata de mi hermana, de la vida de mi hermana.

-¿Te refieres a Lady Liana?

-Sí...-Y entonces, sentada bajo las ramas del sauce llorón guardián de los secretos del bosque, le conté a Axel todo lo que me había ocurrido hacía ya casi un mes. La única parte que obvié fue la de mi compromiso, y lo hice sin tan siquiera pensarlo. Simplemente no le hablé a Axel de Flavius, no quería, y además no era necesario. Sí le hablé, en cambio, de Vahid, y de todo lo que me había ayudado, y también del cruzamiento de sangres y del caballero de oro, y de la imperiosa necesidad que tenía de encontrarle.

-...Necesito llegar a Gubraz, Axel, y necesito llegar lo antes posible. Pero hasta que el plazo de la visita al bosque no se cumpla, no podré volver a cantar para abrir el portal, y... 

-Demonios, Nadia... apenas puedo creer todo lo que me has dicho- Axel se rascaba la brillante hoguera que tenía por pelo, confuso- Creo que no he llegado comprender del todo el asunto, pero si lo que necesitas es llegar a Gubraz, ten por seguro que irás a mi lado todo el tiempo, y venderé muy cara mi vida a todo aquel que intente hacerte daño.

-Bien, entonces... -Me puse de pie, con toda la solemnidad que mis nervios me permitían, y tomé la espada de Axel. Tuve que agarrar el arma con ambas manos, pues era mucho más pesada que mi fino puñal. Él volvió a hincar una de las dos rodillas en el suelo, en señal de respeto, y me miró muy serio mientras le hablaba- Confío en tu espada, Axel. Y espero que comprendas lo que me debes, que no es otra cosa que pleitesía, confianza y fidelidad. Ahora eres un caballero no sólo del príncipe Alan, sino también de la orden Campoflorido. ¿Estás dispuesto a aceptar el hecho de obedecerme plenamente y de no cuestionar mis decisiones?

-Estoy dispuesto.

-¿Estás dispuesto a luchar en el nombre de la Casa de Campoflorido y a defender a su señor Duque y a cualquiera de sus descendientes?

-Estoy dispuesto.

-¿Juras que mantendrás firmes tus creencias y propósitos, y que vivirás por y para cumplir la causa a la que ahora te sometes?

-Lo juro.

-¿Juras esto ante Dios, ante todos su apóstoles y profetas, y lo juras por tu palabra y honor de caballero de primera orden por tu propia voluntad?

-Lo juro, mi señora.

-Entonces, te nombro oficialmente Axel Smithson, de Brownstone, Caballero de primera clase del príncipe Alan de Gubraz, caballero de la orden menor de Campoflorido, y desde hoy, paladín de la duquesa Nadia de Campoflorido, cuya prenda, la cinta azul, portarás contigo en cada batalla que libres. Amén- Posé la espada en el hombro derecho de Axel, y a continuación, no sin cierto esfuerzo, la moví para posarla en su hombro izquierdo. Solté por fin el pesado objeto en la hierba, junto a su dueño, y delicadamente, como mandaba el protocolo, me incliné para darle un beso en la frente a Axel.

Nunca jamás había hecho algo parecido con una persona del sexo opuesto. Axel tenía la piel fina y suave, pálida, y olía a bosque, a menta, a luna y a lluvia, a viento y a invierno. Cuando me distancié de él, vi que sus ojos me atravesaron una vez más, y recé internamente todas las oraciones que conocía para que esos ojos no supieran jamás los que los míos estaban intentando decirles.

-Gracias por esto, Nadia. ¡Sé que no debo tratarte de vos, pero eres una auténtica señora! No te defraudaré, verás cómo voy a protegerte.-Axel me sonrió dulcemente mientras se levantaba. Cada vez me sentía más incómoda, y sobre todo más apurada, pues no quería que Axel oyese lo fuerte que latía mi corazón. Afortunadamente, Thaaly llegó en aquel momento y puso fin a la sarta de adulaciones que Axel profería sin parar.

-¡Muy bien, vosotros dos! ¿Habéis puesto vuestros asuntos en orden? -Nos sonrió satisfecha mientras nos aproximábamos-  ya veo que sí... habéis hablado desde el corazón, el árbol está contento. Me dice que habéis hecho una promesa. Espero de verdad que la cumpláis. Ahora debemos irnos, Axel. Vamos Nadia, date prisa. El padre bosque nunca espera a nadie.

Thaaly y Axel se apresuraron por el bosque a un ritmo demasiado rápido para mi pequeña anatomía, por lo que me costó bastante seguirles por los intrincados senderos. De repente, ambos se pararon en seco, y como consecuencia, me di de bruces contra la espalda de Axel.

-Debemos separarnos aquí, Nadia. Sigue aquel sendero y llegarás al claro, está tan solo a unos pasos. Nosotros vamos por allí Axel, Suri y Panta nos esperan para cazar- Thaaly agarró a Axel de la muñeca y lo arrastró ligeramente, guiándolo a su lado. Se giró en el último momento y me miró muy concentrada- ¡Ah, Nadia! si ves a Selene, digo... a Moira, dile que vaya enseguida junto al árbol del musgo. Su ayuda nos es vital para cazar, pero no aparece.

Asentí, frotándome la nariz ligeramente dolorida por el choque. Axel agitó un poco la mano como gesto de despedida, y emprendí el camino de vuelta al seguro claro,  con la voz de Thaaly perdiéndose entre la espesura verde que lo rodeaba todo.

-Bueno, pelirrojo, ¿Cómo eres disparando con el arco?...

Paseé tranquila contemplando la floresta que, como siempre, parecía respirar a compás de mi propio aliento. Absorta, pensando en Axel y en la gravedad de la promesa real que acabábamos de hacer, llegué al final del camino. Allí estaba el claro, detrás de un enorme montón de setos que sin duda tendría que apartar para abrirme paso, cuando oí una alterada voz a poca distancia.

Me detuve justo antes de entrar en el claro, y giré mi cabeza a la izquierda, aguzando el oído con curiosidad. Era Moira, de eso no había duda, su voz se había grabado a fuego en mi mente. Y parecía... enfadada. Seguramente no sería el mejor momento para decirle que fuera a cazar con Thaaly, pero se me había dado un encargo, por lo que mi deber era cumplirlo... o al menos intentarlo.

Me dirigí con pasos vacilantes hacia donde la voz, cada vez más alterada, me guiaba. Pronto llegué al borde de otro de los muchos claros que había en el bosque mágico, y en tan solo unos segundos, me tiré al suelo con el corazón palpitante. Debía esconderme, pues no podía ser vista. Me asomé entre los setos, ligeramente, lo justo para asegurarme de que la escena que acababa de contemplar era completamente real.

Y es que Moira no estaba sola en el claro. Estaba, naturalmente, discutiendo con alguien, y ese alguien era... Dante.
Ya no parecía el juglar alegre y aniñado de siempre, sino un hombre fuerte y maduro. Moira lucía un semblante fiero y regio, altivo y muy serio. Llevaba una funda metálica de cazador que le envolvía todo el brazo derecho, desde el hombro hasta los dedos (Supuse que servía para protegerla mientras disparaba flechas.). Ambos alzaban muchísimo el tono de sus voces, por lo que pude enterarme de toda la conversación sin necesidad de salir de mi escondite:

-¿Con qué derecho lo hiciste, Selene? ¿O debería llamarte Moira? ¿Cómo has podido hacerme algo así? ¿Cómo?

-¡¡Claro, era mucho mejor contártelo todo mientras me moría por dentro!! ¡¡Ni siquiera sabía quien eras, me habrías entregado!!

-¿QUE TE HABRÍA..? ¡YO TE SALVÉ, MALDITA NIÑA INCONSCIENTE! ¡TE AYUDÉ POR PURA BONDAD Y UNOS AÑOS DESPUÉS ME ENAMORÉ DE TI, Y TÚ DE MÍ, Y NUNCA HAS TENIDO EL VALOR PARA DECIRME TU VERDADERO NOMBRE! ¿CÓMO CREES QUE ME SIENTO?

-¿CÓMO CREES QUE ME HE SENTIDO YO TODOS ESTOS AÑOS?- Moira sacudió los brazos con rabia y se apartó un par de lágrimas que rodaban por sus mejillas- ¡NI SIQUIERA TE ATREVAS A EMITIR UN SOLO JUICIO DE VALOR... NO TE LO PERMITO!

-¿¡Tú no me lo permites!? ¿¡Te has parado a pensar cómo me he sentido oyendo toda esa... esa condenada historia que has contado en la hoguera!? ¡Se me ha parado el corazón, no me puedo creer lo que he oído! si tan sólo hubiera sabido...-Dante se pasó una mano por el rubio pelo, con una mezcla de enfado y tristeza bien visible en su rostro.

- Dante, no hay nada que hacer, nunca hubo nada que hacer- Moira respiró unas cuantas veces, seguramente para calmarse, y siguió derramando lágrimas mientras hablaba- Si lo hubieras sabido... ¿Qué habrías hecho? Soy un fantasma, una proscrita, soy un deshecho. Estoy muerta. ¿Qué vas a hacer tú por una muerta? tienes que volver a tu vida, tocar tu música y conquistar a mujeres con tu sonrisa. Y dejar que los cadáveres descansen en paz.

-Estás muy viva, eres pura, bondadosa, la mujer más valiente que jamás he conocido. Eres una reina, el imposible más perfecto que mis ojos pueden contemplar tan sólo unas pocas veces al año si tengo suerte. No quiero a ninguna otra, te amo, y te amo como Selene, como Moira, y si fueras el mismo demonio te amaría de igual forma y desearía quemarme en tu infierno tanto como deseo tenerte entre mis brazos.

-Dante, no podemos...-Moira se cubrió el rostro con las manos. La oí sollozar mientras sentía que no podía estar allí de ningún modo, que aquella conversación no estaba en forma alguna destinada a mis oídos, y que no debía haber visto nada de todo aquello. Pero no podía irme. No podía irme sin saber cómo iba a acabar la conversación. Dante se acercó a Moira, pero ella se apartó bruscamente.

-No me toques, ¡Te sigo odiando! eres un crío, un inconsciente y un cobarde. Eres un bruto y mi corazón jamás pertenecerá a nadie, mucho menos a un juglar chabacano y mujeriego como tú.- Lo miró con resentimiento- Me voy a cazar, déjame tranquila o te disparo un flecha.

-No pienso permitir que vayas a ninguna parte hasta que zanjemos esto. ¡Moira! ¡ QUE NO SE TE OCURRA DARME LA ESPALDA DE ESA FORMA! ¡Eres una cobarde, reconoce que me amas como yo a ti, maldita sea! ¡Ven aquí!

-Oblígame, perro- Moira le dio la espalda y alzó el dedo corazón de su mano derecha, en un claro gesto de insulto y desprecio.

De repente Dante la agarró del hombro y tiró con fuerza, atrayéndola hacia sí bruscamente. Ambos se miraron a los ojos con ardor durante unos segundos, y entonces, sin previo aviso, Dante la besó. La besó, puedo jurarlo, como si necesitara los labios de Moira para poder seguir respirando. Se me encogió el corazón al ver una escena tan íntima, tan intensa y tan privada. Me sentía fuera de lugar, avergonzada e impertinente. Pero me sentí aún peor cuando, al separarse, Moira le cruzó la cara con una sonora bofetada.
Se separó bruscamente. Él intentó impedírselo, y ella retorció su brazo derecho, rasgando la casaca de Dante con la funda metálica que lo cubría. Lo miró, con las lágrimas de nuevo inundando sus ojos pardos:

-Nunca vuelvas a hacer eso. Nunca vuelvas a tocarme sin mi permiso. No eres nada mío, y no te pertenezco. Déjame... déjame en paz.

Moira corrió entonces, como una saeta, hasta un árbol cercano para recoger su carcaj lleno de flechas y su arco para cazar. Por supuesto, sus ojos de felina me vieron al instante, patéticamente tirada entre los setos, y por mucho que quise, no pude hacer nada más que levantarme con la respiración acelerada y la cara de color bermellón. Ella abrió muchísimo los ojos, me miró durante unos segundos, conteniendo el aliento, y entonces me agarró del brazo y me empujó fuera del claro bruscamente, escupiendo las palabras:

-Camina, maldita sea. ¿Qué demonios hacías ahí?

-Yo...-Apenas podía murmurar- Sólo iba a decirte... Thaaly me dijo... debes ir a cazar... al... al musgo...

-¡Cállate! Ya sabía donde tenía que ir a cazar... ¿Por qué.... por qué estabas mirando...?

-¡No lo sé! ¡Te lo juro!- Me sentía terriblemente avergonzada.

A mi patético juramento siguieron unos momentos de tenso silencio. Moira se detuvo de repente, suspirando, y yo hice lo mismo. Se pasó una mano por el pelo y me miró, resoplando sonoramente.

-Venga. Habla.

-¿Yo? Pe...pero ¿De qué?

-Vamos Nadia... la principal razón por la que siempre odié la corte es por la cantidad de falsedad que podía respirarse en el ambiente. No me ocultes tus verdaderas intenciones. Adelante, pregúntame, pues deseas preguntarme.

-Pero tú no deseas responderme.

-Tal vez... tal vez sí lo desee. Tal vez sí desee contarlo... tal vez... necesite un consejo, ya sabes.

-No, no lo sé.... Y supongo que nunca lo sabré a menos que me lo cuentes. ¿Qué te traes con Dante, Moira?

-Yo... me temo que antes, en la hoguera... No he sido completamente sincera con mi historia, Nadia. No os he contado toda la verdad.

-¿Qué quieres decir?

-Quiero decir que...  no os conté una parte... Oh, por el bosque...-Moira cerró los ojos y volvió a pasarse las manos por el corto cabello. Su funda protectora de cazadora relucía con un brillo bronceado cada vez que movía el brazo- Dante y yo ya nos conocíamos. Quiero decir, nos conocimos hace unos tres años, cuando yo ya era la jefa de las amazonas... pero ya nos habíamos conocido mucho antes.

-¿Mucho... antes? como... ¿Como cuánto antes?

-Un día... un día en el que...- Los ojos de Moira volvieron a humedecerse ligeramente- Yo tenía hambre, Nadia. Llevaba mucho tiempo vagando por el bosque, perdida entre la espesura, con los harapos de aquella pobre chica como única prenda... Y entonces...

Esperé pacientemente a que continuara con su relato, pero al ver que tal hecho no ocurría, decidí intervenir ligeramente:

-¿Y entonces...?

-Dios...-Moira volvió a tirarse del corto pelo castaño. Parecía verdaderamente dividida entre el hecho de hablar y el de callarse y darse la vuelta para marcharse. De hecho, durante un momento pensé realmente que lo haría, pero finalmente continuó hablando- Me lo encontré, ¿De acuerdo? ¡Me encontré con Dante!

-¿Qué? pero, ¿Cómo es eso posible? ¿Estás segura de lo que dices?

-¿Cómo podría dudar de algo así? ¡Era Dante! Aunque he de decir que descubrí su nombre un tiempo después...

-Pero... ¿Pero cómo?- Volví a insistir, atónita.

-Verás... me perdí, y él me encontró. Y me salvó.

<<Como te he dicho, llevaba muchos días, ta vez semanas incluso, vagando por el bosque con los harapos de la chica a la que enterré como única prenda. No podía hablar, no podía comer, y tampoco tenía qué llevarme a la boca. Sin saber ni siquiera adónde iba, sin darme cuenta, porque no veía, fui acercándome poco a poco a una aldea cercana. Habría vagado por sus calles hasta caer muerta en un callejón unos días después, si al atardecer no me hubiera encontrado con un muchacho rubio en la linde del bosque.

Él me ayudó. Debía tener mi misma edad, pero me creyó una niña pequeña y perdida, y, agarrándome de los hombros, me preguntó qué me había ocurrido, y si me había perdido de mis padres o había extraviado mi camino. Yo, por supuesto, no dije ni una palabra, así que pensó que era una niña vagabunda y muda que simplemente no sabía dónde se encontraba. Me trató con amabilidad, aunque yo ni siquiera quería acercarme porque era un hombre, y la mera idea de respirar el mismo aire que él hacía que quisiera morirme allí mismo. Me dio de su pan, y enseguida, sentado conmigo junto a una pequeña hoguera, me contó su historia. 

Era hijo de un alfarero, pero había huido de su lejana ciudad porque no pensaba heredar de ningún modo el negocio familiar. Había robado todo el dinero que había sido capaz de encontrar en su casa, y vendiendo sus más preciadas posesiones, había logrado comprar su tesoro; una flauta que relucía con el brillo de la plata más pura. Quería ser músico, eso me dijo, quería llegar a tocar para la corte del rey, quería... quería tantas cosas... tocó su música para mí, y luego me dijo que podía acompañarle si quería, que me robaría en el pueblo el vestido que quisiera y que entonces intentaríamos encontrar a mi familia.
A pesar de ser un ladrón era un ángel Nadia, lo era desde el cabello rubio hasta los ojos azules y la piel pálida, lo era por su bondad y su inmensa alegría... casi me hizo reír. Aquella noche, mientras dormía, comprendí que no podía irme con él. Ni siquiera temía que alguien me reconociera... nadie me esperaba harapienta y muerta de hambre con un muchachito que tocaba cancioncillas del tres al cuarto. No podía irme con él porque no podía destrozar más vidas. Estaba ciega de rencor, dolor y pena, y jamás podría haber vivido con alguien tan alegre y lleno de sueños. Tras mirarle dormir con expresión de paz e inocencia, me escapé sigilosa y me perdí entre la espesura. Poco después, el padre bosque me encontró y me ofreció defenderlo a él y a las mujeres que lo necesitaran durante el resto de mi vida. Acepté, por supuesto, hice la promesa, y he de confesar que me olvidé completamente del muchacho rubio, que me habría olvidado de él para siempre... Hasta que un día, un año después, apareció en el claro donde vivía mi amiga Thaaly, acompañado por un grupo de artistas ambulantes. 

Nos reconocimos el uno al otro en cuanto nuestros ojos se cruzaron, pero yo no quería dar ni una sola explicación. Por supuesto, vino a saludarme muy alegre, sin poder creer que hubiese crecido tanto y que me hubiese cortado la larga melena. Se sorprendió muchísimo al descubrir que podía hablar, y comenzó a preguntarme cómo me iba todo, como si fuéramos viejos amigos.

Y bueno... creo que no puedo contarte mucho más. Dante viene todos los años, y todos los años se me declara. Y yo ya no lo soporto, Nadia. ¡No soporto que no entienda que mi corazón no pertenecerá a nadie jamás! ¿Por qué no lo entiende? ¿¡Por qué!?>>

Al finalizar su alterado discurso, Moira volvió a apartarse con rabia dos lágrimas que corrían por sus mejillas. Supongo que esperaba que yo me indignase tanto como ella, o tal vez que le diese la razón o me enfadase, pero lo cierto es que yo me encontraba profundamente conmovida. Le hablé con la voz tomada y las manos en el corazón:

-¡Por todos los santos del cielo, Moira... es maravilloso!

-¿¡Qué!?

-¿No te das cuenta? ¡Volvisteis a encontraros! Cielos, ¡Jamás habría pensado que Dante y tú estaríais viviendo una historia así en el más profundo secreto!

-¿Historia? ¿¡Qué historia!? ¡Lo que me faltaba, confiarte mi más profundo secreto y que te inventes cosas, eso ya es lo último! ¡No hay ninguna historia!

-Pero ¿Por qué no? Yo os he... visto...-Enrojecí ligeramente al recordar mi vergonzosa aunque accidental intervención.

-Has visto- Remarcó altivamente cada palabra- algo que no debías. Nada así me había pasado nunca... y ahora... ahora no sé qué hacer.

-Deberíais...

-¡Cállate! ¡Nada de hablar en plural! No deberíamos, Yo debería hacer algo. ¡Sólo yo! ¿De acuerdo?

-Pero Moira... tú, ¿Tú le...le amas?

Enrojeció violentamente desde la frente hasta el cuello.

-¿¡Cómo te atreves siquiera a pronunciar esa palabra!?

-¡No lo sé, tal vez deberías pensar en corresponderle! Si te soy completamente sincera, ese beso ha sido tan hermoso...

-Oh, por el padre bosque- Moira se golpeó la frente con la palma de la mano izquierda- Está bien, basta. No quiero oír ni una palabra más. Debería haberle contado todo esto a Liana cuando tuve la oportunidad, y no a ti. Siempre has estado igual de loca con todas esas historias de amor y romances de damas y caballeros... tengo que irme.

-¿Ni siquiera Liana lo sabía?

-No, ni siquiera ella. Sólo lo sabemos tú y yo... y Dante, a mi pesar- Me dio la espalda y recogió el arco y el carcaj, que de nuevo habían ido a parar al suelo. Giró la cabeza para mirarme directamente a los ojos- Y por tu bien, querida amiga, más te vale que no se entere nadie más. Te veré luego.

-¡Pero Moira...!

-Me voy a cazar, Nadia. No quiero oír ni una palabra más- Hizo un gesto de despedida con la mano y salió corriendo antes incluso de que me diera tiempo a intentar detenerla.

Me quedé allí unos instantes, como plantada, sin saber muy bien cómo iba a ser capaz mi pobre espíritu de aceptar todas las cosas que estaban pasando. Recordé, sin poder evitarlo, el precioso beso que Dante le había regalado a Moira, y un halo de culpa me envolvió completamente. ¿Qué hacía allí parada, pensando en asuntos del corazón? Debía averiguar la forma de volver al mundo que conocía lo antes posible. Tenía que llegar a Gubraz como fuera.

Me pasé el resto de la mañana ordenando mis bártulos en el baúl de mi casita del bosque, medio aburrida, medio nerviosa, hasta que finalmente, Thaaly llamó a mi puerta unas horas después, cansada pero visiblemente satisfecha, pidiéndome que bajase a la plaza del bosque a tomar el almuerzo con todos.

Allí estaban todos, efectivamente, bromeando y riendo con aire distendido mientras un cochinillo se asaba, colocado entero en una enorme hoguera. Asombrada, felicité a los cazadores por tan magnífica presa mientras tomaba asiento. Pronto, parte de la comida fue devorada, y tras quedarnos todos bien satisfechos, los juglares propusieron contar historias o cantar canciones.

- Ruego me disculpéis- Intervine tímidamente- Pero antes de que propongáis cantar ninguna canción, creo... creo que Thaaly llevaba razón cuando habló conmigo esta mañana. Os debo a todos, en mayor o menor medida, unas cuantas explicaciones sobre un asunto. Y ese asunto es... el paradero de mi hermana, Liana de Campoflorido, a la que según he podido ir descubriendo, todos conocíais.

-Estamos ansiosos por saber, Nadia- Moira volvió a cruzar las piernas, rodeándolas con los brazos y apoyando el mentón en las rodillas- Cuéntanos tus aventuras, o más bien por la tristeza que refleja tu rostro, tu desventuras, que nosotros te ayudaremos cuanto podamos.

Axel, sentado a mi derecha, posó levemente su mano en la mía un instante.

-¿Estás segura de contarles la misión, Nadia?

-Lo estoy- Dije resuelta- contarlo tal vez me ayude a averiguar más sobre la persona a la que busco, y es tiempo ya de dar explicaciones.

Y así, con los ojos puestos en el fuego, suspirando y entre lágrimas, conté de nuevo toda la historia por segunda vez en un día. Omití otra vez, y deliberadamente, la parte de mi inexorable compromiso, e intenté describir lo más detalladamente posible cómo me imaginaba que era el caballero de oro. Cuando acabé mi denso relato unas horas después, esperaba muchas reacciones, pero desde luego, no la que tuvieron todos: unirse a Axel y a mí.

Rogué, supliqué, pedí muchas veces que desistieran de sus descabelladas ideas, cualesquiera que estas fuesen. Pero por supuesto, y como de costumbre, nadie me hizo el menor caso, y tampoco a Axel, quien parecía bastante divertido y entretenido con la situación. Pronto empezaron a formar descabellados planes para viajar a Gubraz y apoderarse del castillo, y por más que insistí en que yo sólo pretendía pedir audiencia con el rey para preguntarle dónde encontrar al caballero de oro, acabé desistiendo minutos después.

-Que hagan lo que quieran- Farfullé, mirando cómo los juglares discutían entre ellos parlanchinamente mientras Thaaly, Suri y Panta conversaban muy serias con Moira y Altea miraba alternativamente a los dos grupos mientras se toqueteaba la melena- Nunca en mi vida habían faltado a mi figura de esta manera...

Axel soltó una risa melodiosa, sacudió la cabeza y me miró como si verdaderamente yo hubiera dicho algo muy gracioso. Bufando ligeramente, me fui corriendo hasta el árbol donde moraba desde hacía unos cuantos días, y no salí hasta que la luz verde del bosque dio paso a la noche oscura.

Cuando bajé del árbol tímidamente y posé mis pies sobre la fría hierba, que como siempre se enroscó en mis tobillos, jugando con mis pies, pude comprobar que todos seguían reunidos en torno al fuego (que en aquel momento era más grande que al mediodía), con semblantes concentrados y muy serios. Axel también hablaba, asintiendo o indicando su desacuerdo según quien diera sus argumentos. Me acerqué a la hoguera, pero nadie parecía notar mi presencia, por lo que carraspeé ruidosamente hasta que Altea, que era la más cercana, se giró.

-¡Oh! Nadia, menos mal, estaba aburridísima. No paran de hablar de nosequé estrategias para entrar en la ciudad, y..

-Ya que no os veo dispuestos a hacerlo por mí, os ruego en nombre del honor de mi hermana que os detengáis- Pronuncié las palabras autoritaria y firmemente, por lo que todos callaron en un instante, dirigiendo sus miradas hacia mí.

-Hacemos esto precisamente por tu hermana- La voz de Moira sonaba ligeramente afilada- Te prestaremos nuestra ayuda y lograremos salvar su vida, pues es su vida lo que está en peligro.

-Lo es, pero no hay nada que podáis hacer al respecto. Nadie puede, sólo el caballero al que debo encontrar. Y nadie empleará la violencia para ayudarme en esta empresa. Iré a Gubraz, solicitaré audiencia con su majestad el príncipe Alan, quien mandará llamar al caballero de oro, sea cual sea su verdadero nombre. Como caballero que es, me acompañará hasta el castillo de Campoflorido, donde se realizará la ceremonia pertinente para devolverle la salud a Lia...

-El príncipe podría no concederte la audiencia.

-¿Qué?- Miré muy sorprendida a Axel, pues era él quien había hablado.

-Las cosas... son muy complicadas en Gubraz. Ni siquiera yo mismo he visto nunca al príncipe, y estuve entrenándome en el norte de la ciudad durante dos años...

- ¿Qué quieres decir con eso de que no viste al príncipe?-Axel asintió- Pero... ¿te refieres al príncipe Alan?

-No hay otro, Nadia- Apuntó Kamal.

-Pero... ¿Quién? ¿Quién te nombró caballero entonces?

-La princesa Fola... la hermana mayor de nuestro príncipe.

-¿La princesa?- Cada vez estaba más extrañada- ¿Acaso ella posee algún tipo de autoridad? ¡Es mujer!

-Lo es, pero Alan aún no puede ser rey. Pronto cumplirá la mayoría de edad, pero hasta entonces... Fola toma las decisiones.

-No es la regente- Entrecerré los ojos, muy seria. ¿Acaso Axel creía que yo no entendía de cuestiones políticas?- El rey Todrík no dio su consentimiento a tal cosa antes de morir, y eso ocurrió hace poco más de un año.

-Efectivamente, no lo es, no lo es en cuanto a cuestiones graves de Estado. Pero ella controla las pequeñas cosas que atañen al reino de una forma recurrente, como el nombramiento de los caballeros... y estoy seguro de que Alan no malgastará su exquisito tiempo de príncipe en conceder audiencias, por muy grave que sea el asunto.

- En tal caso... pediré audiencia a la princesa Fola. 

-¿Y si no te la concediese?- Replicó Moira muy seria- Siempre es bueno tener un plan pensado para ejecutar por si las cosas no salen como esperabas... te lo digo por experiencia.

-Pero...

-Nadia- Thaaly me miró directa a los ojos- Recuerda... tu aura. No lo lograrás sola. Deja que te ayudemos, por favor.

-Haced lo que os plazca- Acabé farfullando mientras apartaba la mirada, avergonzada por aquella nueva alusión a mi debilidad- Por mi parte, pienso continuar con el objetivo que siempre he tenido en mente. El diálogo- Añadí muy dignamente- puede ser mucho más fuerte que cien espadas.

-Eso díselo a Lord Highcrag...-Oí a Dante susurrar. Le miré muy escandalizada, pero al parecer Moira no lo oyó. De hecho, ninguno de los dos miraba al otro, ni se dirigían una sola palabra. Era como si un hilo muy tenso y punzante los estuviera uniendo sin remedio, aunque tal vez era yo la única que lo notaba, pues era yo la única que sabía lo que había pasado entre ellos.

-Está bien, basta ya de planes serios e historias tristes... Joseph se puso de pie y se estiró flexiblemente, como un gato- ¿Por qué no comemos lo que  queda de carne mientras contamos hisotiras divertidas y cantamos alegres canciones? Creo que a todos nos vendrá bien...

Nadie hizo ninguna objeción a la propuesta de Jospeh, por lo que la tensión del ambiente se relajó un tanto mientras cenábamos. Pronto, los juglares comenzaron a cantar, y Thaaly, Suri y Panta se les unieron animosas. Cantaron un largo poema sobre un comerciante muy malvado y avaro que talaba árboles sin parar y maltrataba a los animales del bosque. El padre bosque decidió castigarlo por su perfidia, y lo convirtió en un árbol que podía sentir, pero no hablar, ver, ni oír.

-Es una historia verdadera-Me explicó Thaaly- aquel comerciante fue el primer árbol mágico del bosque, y desde entonces, el padre bosque castiga siempre a aquellos que cometen crímenes contra su pueblo. Si algún humano comete un crimen contra el bosque o contra una mujer y Moira lo trae con vida... ya sabes- Miró a nuestro alrededor, como si efectivamente muchas personas nos estuviesen oyendo. Sentí un escalofrío al pensar que, si todos aquellos árboles que me rodeaban parecían estar más vivos de lo normal, era porque efectivamente alguna vez habían sido personas. No pude evitar mirar a mi alrededor, recelosa, pero al punto, Moira apartó los pensamientos lúgubres de mi mente.

-¡Basta de canciones! Tengo que contaros una historia divertidísima, la más divertida que conozco...- Dio un gran trago a su vaso de madera, lleno de cerveza fuerte, y se limpió la boca con la manga de la camisa- Voy a contaros cómo encontré a mi prima Altea y por qué la traje a vivir aquí.

-Caramba, todas las historias que nos traes hoy prometen ser muy entretenidas- Joseph asintió satsfecho- Puesto que me perdí la de esta mañana, ruego que nos cuentes esta.

-¡Además, yo llevo haciéndome esa pregunta desde que nos encontramos!-Exclamé- ¿Cómo es que tú eres la responsable de la desaparición de Altea?

- En realidad, querida Nadia, Altea es la responsable de su propia desaparición. Verás....

-¡NO!- Altea se levantó, y señaló a Moira con un dedo acusador- No te permito contar nada de eso, ¡Ni se te ocurra!

La sonrisa se desvaneció del rostro de Moira lentamente. Se levantó, dejando su vaso de cerveza a un lado, y avanzó con actitud felina hasta situarse a escasos centímetros del rostro de su prima. Ninguno de los componentes del círculo se movió ni un ápice, y ninguno apartó la vista de la escena.

-¿Qué has dicho, Altea? ¿TÚ no me permites algo a MÍ? ¿Una amazona desafiando a la jefa de su clan? ¿Quién crees que eres?

-Yo... tú.... ¡Tú y yo teníamos un trato! Tú no contarías mi historia, y a cambio yo no desvelaría tu verdadera identidad... ¡Me lo prometiste!

-Eso fue hace casi un año, Altea. Y no nos prometimos nada. Lo único que pasó es que descubriste quien era, y por eso tuve que acogerte en mi grupo de amazonas. No podía dejarte ir, podrías haberme puesto en un serio peligro si hubieras habado de más... pero ahora ya no me preocupa.

-¡Me escaparé! ¡Iré a casa, lo contaré todo! ¡Te atraparán, Moira!

-¿Crees de verdad que lograrías llegar hasta tu marido con esa pinta de pordiosera? ¡Nadie jamás te reconocería por Altea de Soláureo, y aunque te reconocieran, nunca creerían lo que cuentas! ¿Tu prima, viva? ¿Acaso no la viste devorada por los lobos del bosque? Te matarán por loca.

- Eres una ....

-Atrévete a insultarme y no pondrás un sólo pie en mi campamento nunca más- Moira posó su dedo índice en la frente de su prima- Deja la maldita soberbia a un lado, Altea. Ya no eres nadie, y eso es sólo culpa tuya, así que deja de mirar a todo el mundo por encima del hombro de una maldita vez. Y guárdame el respeto que me debes, condenada soldado. No olvides que soy tu jefa.

Los ojos de Moira volvían a arder. Volvió a su sitio muy dignamente, mientras Altea parecía encogerse por momentos. Estaba tan roja que poco me faltó para ir al arroyo, a por agua fría para refrescarla. Pero Moira comenzó su relato enseguida, así que no me levanté, pues estaba deseosa por escuchar.

-Queridos amigos, tal vez, como Nadia, os preguntéis cómo es que alguien tan insoportablemente repipi como mi prima Altea ha podido acabar viviendo bajo mis órdenes en mi tribu de amazonas. La respuesta es bien sencilla: todo fue casualidad.

<<Como ya os dije esta mañana, cumplo dos misiones desde que me convertí en amazona del bosque: una es proteger a la naturaleza y atrapar a los ladrones y malhechores que andan por la frontera de los dominios humanos, y la otra, defender a las mujeres y vengarme de los hombre crueles que creen ser los dueños del mundo.
Hace ya casi un año, una muchacha se unió a mi grupo de amazonas. La pobre chica, joven y asustada, decía venir huyendo del castillo de un joven noble que moraba no demasiado lejos de mis dominios. Me contó lo avaricioso y pueril que era su señor, y también lo mal que trataba a sus sirvientes, especialmente a las muchachas, de quienes se aprovechaba cuanto podía en todos los aspectos. Mi corazón se inflamó de rabia, y muy resuelta, decidí ir al castillo de aquel malnacido y robarle una gran parte de su fortuna, sólo para darle un buen escarmiento.

Con la ayuda de mi nueva amazona, que me reveló la entrada secreta que daba al despacho privado de su insoportable señor, elaboré un rápido plan de acción, y apenas unas cuantas noches después, me encontré a mí misma dirigiendo a un pequeño grupo de guerreras para saquear un castillo en el más completo silencio.

Para mi grata sorpresa, el castillo no estaba tan bien defendido como cabía esperar. Los guardias, aunque parecían fuertes, estaban muchísimo menos atentos de lo que debían, así que la incursión fue realizada con éxito gracias a nuestras impecables tácticas de distracción. Me sentía enérgica, poderosa y muy satisfecha con lo que estaba a punto de hacer. Como una auténtica guerrera experimentada, escalé la pared de ladrillos de una de las torres... ¡Y allí estaba! El ventanal que daba al despacho del estúpido noble. Ni siquiera se enteraría del robo, ¡Menuda sorpresa se iba a llevar al descubrirlo a la mañana siguiente!

Sin embargo, la que se llevó la sorpresa fui yo.

Y es que el despacho no era exactamente lo que yo habría llamado un despacho corriente. En el centro de la enorme habitación llena de cofres y rollos de pergamino, había una cama. Y en esa cama había dos personas, un hombre y una mujer. Y con tan sólo un vistazo, me quedó clarísimo lo que estaban haciendo.

Todo ocurrió en el tiempo que dura un suspiro. Me colé en la habitación de un salto, y aprovechando la confusión del galán, que se había puesto en pie tapándose como pudo al verme, le asesté un golpe seco con la empuñadura de mi espada, que lo dejó inconsciente, patéticamente tirado en la alfombra que había bajo el lecho. La muchacha, pues no era más que una muchacha, gritó escandalosa y dramáticamente, confundiéndome sin duda con un proscrito ladrón. La apunté con un pequeño puñal y me llevé el dedo a los labios suavemente, indicándole que quería silencio absoluto. La muy idiota obedeció sin rechistar, y yo pude llenarme bien todos los bolsillos de mi capa con un montón de saquitos de oro y joyas. Confiada por mi pequeña gran victoria y subestimando mi propia suerte, me subí al alféizar de la ventana, dispuesta a marcharme. Me quité la capucha de la capa y dejé, inconsciente de mí, que la luz de la luna bañara mi rostro.

-Acéptame un consejo, querida. Vístete y lárgate de aquí, o mañana te echarán la culpa de lo que acabo de hacer. ¡Buenas noches!

Y a punto estaba de huir como una auténtica heroína, cuando aquella condenada pronunció una única palabra: mi nombre.

-¿Moira?

La miré completamente horrorizada por aquella desagradable sorpresa, pues no podía creer que alguien en todo el reino me hubiese reconocido. Pero me sorprendí aún más al caer en la cuenta de que yo también conocía a la muchacha que yacía en el lecho del señor de aquel castillo: Era mi prima.

-¡Altea!

No pude evitar gritar su nombre, y maldigo mil veces el instante en que lo hice, pues desde aquel momento no hubo duda de que ambas nos habíamos reconocido mutuamente.
No tuve elección. Agarré a Altea en cuanto se colocó el liviano camisón que cubría su figura, y sin darle siquiera una oportunidad de pronunciar palabra, salí del silencioso castillo arrastrándola conmigo, aprovechado su gran asombro. La obligué a subir a mi caballo e hice la señal acordada para que todas mis soldados emprendieran la retirada.
Yo misma no pronuncié una sola palabra hasta que estuvimos en mi campamento. Me costó mucho hacer que Altea hablase, pues no mostraba ningún tipo de reacción ante mi presencia, ni positiva ni negativa, tal había sido su impacto al verme viva. Necesitaba saber el por qué de la presencia de mi prima en aquella morada, y más concretamente en el lecho de aquel hombre, pues lo último que supe de ella, años atrás, era que se casaba con un poderoso y joven noble que poseía tierras cercanas a Valdeplata, y desde luego nos encontrábamos bastante lejos de Valdeplata...>>

-¿Y qué era lo que estaba haciendo Altea allí?- Preguntó Panta, siempre dispuesta a escuchar rumores sobre asuntos de cama.

-Pues básicamente, serle infiel a su maridito querido- Moira esbozó su ya famosa sonrisa traviesa. Yo en cambio, sentí cómo una mueca de horror se apoderaba de mi rostro.

-¿¡Altea estaba haciendo qué!?

-¡Hay una explicación!- Al tea nos miraba a unos y a otros sin parar, retorciéndose las manos y con la voz tomada por la vergüenza- ¡Lo juro, hay una explicación!

-¿Es... estabas de verdad... yaciendo con otro hombre... con un hombre que no era tu marido?-La sangre se agolpó en mis mejillas con tan sólo imaginarme la terrible escena. Mi mente, aún inocente en aquellos asuntos, no podía concebir un pecado tan grande.

-¡Lo hice por mi honor, Nadia! Lo hice por mi familia... ¡Deja de mirarme así! ¡Lo hice por mi hijo!

-¿Tu...hijo? ¿Qué hijo?-No podía creer lo que Altea estaba contando.

-El hijo que nunca tuvo- Moira seguía sonriendo- Venga Altea, cuéntalo. A ver si a ellos les parece una razón lo suficientemente buena. A mí, desde luego, no me lo pareció.

-Necesitaba.... necesitaba tener un hijo... Llevaba casada ya un tiempo y... y mi marido no me daba hijos, no lograba quedar encinta....

-Cuéntalo bien, no se le levantaba en condiciones.

-¡MOIRA, CÁLLATE!- Altea la miró horrorizada, mientras los muchachos y las chicas soltaban unas carcajadas tremendas. Yo estuve a punto de levantarme e irme a mi alcoba, pero tenía tanta curiosidad que decidí quedarme a pesar del bochorno que me invadía..

-¡Mi marido y yo necesitábamos descendencia! La gente estaba empezando a hablar, decían que era culpa mía, decían que era débil y que por eso no era capaz de lograr que ningún bebé creciera en mi interior... ¡No podía soportar que todos nuestros conocidos me miraran mal en las fiestas por no ser madre! Así que decidí hacer lo único que se me ocurrió...

-Acostarte con el primo de tu marido no era precisamente el plan perfecto, Altea, reconócelo- Moira parecía estar pasándoselo realmente bien.

-¡Nadie lo habría notado jamás!  Gildo se parecía tanto a mi marido... estatura similar, misma piel pálida, mismo pelo rubio, casi la misma edad... además, yo sabía que le parecía muy atractiva- Altea esbozó una leve sonrisa de satisfacción y se acarició el pelo unos instantes antes de seguir hablando- Aprovechando la visita familiar que estábamos haciendo, me deslicé en sus aposentos una noche, silenciosa. No me costó absolutamente nada convencerle.... ¡Habría quedado encinta, mi hijo se habría parecido a mi marido, y todos mis problemas podrían haber acabado! Le habría dado un heredero a mi familia si mi estúpida prima no me hubiera vuelto a arruinar la vida, ¡Por segunda vez!

-¿¡Quién te arruinó la vida!? ¡Te salvé de morir quemada viva, por adúltera, que eso es lo que eres!

-¡Lo hice por mi hijo!

-Altea por Dios, eres demasiado joven, podrías haber esperado. ¡Lo hiciste porque, como siempre, querías protagonismo!

-¿Y me lo dices tú? tu estúpido compromiso eclipsó el mío, tu boda se celebró antes que la mía, tu asquerosa muerte me obligó a posponer todos mi planes de vida, e incluso después de muerta interrumpiste la única oportunidad que tenía de quedarme embarazada!

-¡Nunca quise ese compromiso, intenté con todas mis fuerzas anular mi boda, nunca he estado realmente muerta, y desde luego no tengo la culpa de que a tu marido no se le levantase y tuvieras que ir buscando calor en camas ajenas! ¡Ni se te ocurra hacerte la digna conmigo Altea, todo sabíamos que tu boda fue un negocio como la mía, ninguno de los dos amabais al otro! ¡Sólo te importa lo que pueda pensar la gente!

La última alusión a asuntos de cama de Moira hizo que todos los presentes (a excepción de La propia Altea y de mí misma) estallaran de nuevo en grandes carcajadas. Joseph incluso se apartó una lágrima del rostro, mientras intentaba hablar:

-Basta Moira, debo reconocer que la historia ha sido cuanto menos, pintoresca, pero me temo que no debemos insistir más si no queremos matar a tu prima de un susto.

-¡No tenéis ni idea de lo que habláis! ¡Sois unos necios! -Altea se levantó, y con la cabeza bien alta y haciendo un mohín con la boca, se alejó de la hoguera y pronto se perdió entre los árboles del bosque.

-Tal vez me he propasado un poco... oh demonios, ¿Por qué tiene que ser tan creída y corta de mente?- Moira se puso en pie- Iré tras ella, es capaz de perderse la muy desgraciada... ¡Nos veremos pronto!- Y sin más, de repente, Moira había agarrado sus armas y se había ido.

El ambiente se relajó un poco, aunque nadie acertaba a pronunciar palabra. Yo sólo podía pensar en que ninguna historia de juglares que oyera en todos los años que me quedaban de vida podría igualarse jamás a todo lo que estaba viviendo. Finalmente, fue Suri la que habló:

-¿Qué os parece si jugamos al juego de los nombres? Puede ser divertido, ¿No crees Thaaly?

-¡Oh, claro!-Thaaly dio una fuerte palmada que nos sacó a todos del ligero sopor en el que nos estábamos sumiendo- ¿Cómo no se me había ocurrido antes? ¡Hagámoslo!

- Parece algo muy extraño... ¿En qué consiste?

-¡Es muy sencillo! le dices un nombre al fuego, yo hago un poco de magia... ¡Y el fuego te dice lo que ese nombre significa!

-Admito que debe ser entretenido... pero es tiempo ya de retirarme a descansar. Con vuestro permiso, amigos...-Me levanté discretamente, y con sorpresa, vi que Axel hacía lo mismo.

-Te acompañaré a tus aposentos.

-Axel... mi puerta está allí-Señalé con el brazo el tronco del árbol, apenas a unos metros de distancia de la hoguera.

-Lo sé, pero aún así... ¡Ahora soy tu paladín! Debo velar por tu seguridad y tranquilidad tanto de día como de noche y...

-Oh, para de parlotear... haz lo que quieras, sé que no vas a callarte por mucho que insista- Me alejé de la hoguera y comencé a subir los primeros escalones de madera para llegar a mi casita, seguida de Axel. Sin embargo, Thaaly seguía insistiendo:

-Oh vamos Nadia, ¿No te hace ni un poco de ilusión preguntarle al fuego? No seas aguafiestas, hazle aunque sólo sea un preguntita... ¡Me hace mucha ilusión que conozcas los juegos del bosque!

-¿Es que este día agotador no va a acabar nunca?-Murmuré desesperada- Está bien, ¿Qué significa mi nombre?- me detuve y apoyé los codos en la barandilla de madera. Axel hizo lo mismo.

-Nadia...-Murmuró Thaaly, y comenzó a hacer extraños movimientos con los brazos alrededor de la hoguera. De repente, una chispa saltó, despidiendo un pequeño fogonazo, y Thaaly sonrió satisfecha- Esperanza. El fuego dice que tu nombre significa esperanza.

-¡Caramba!- Exclamé, gratamente sorprendida- pues si es así, ahora más que nunca sé que no debo perder la esperanza. ¿Qué significa Liana?

-Te ha gustado el juego ¿Verdad?, está bien, pues... Liana- La misma operación se repitió, y el chispazo pronto volvió a saltar de entre las llamas- mujer fuerte. Significa ''Mujer fuerte''.

-¡Demonios, qué fantástico!- Cada vez me gustaba más aquello- Realmente mi hermana es la mujer más fuerte que conozco. ¡Oh! ¿Y Axel?

-Axel...- El tercer chispazo apenas tardó unos segundos en saltar- ''El que lucha por la paz''.

-¿El que lucha por la paz? ¡Menuda exageración!-Dije mirándole.

-¡Nada de exageraciones! Soy un guerrero ejemplar- Axel se llevó la mano al pecho, orgulloso.

-¡Ahora me toca a mí!-Exclamó Kamal.

-¡No, espera, déjanos a mi hermano y a mí antes!- Pidió Telmo.

-¿Qué decís? Es mi turno...- Dante señaló hacia la hoguera con un dedo.

-¡Esperad!- Interrumpí bruscamente el parloteo- Permitidme preguntar sólo un nombre más, y tras la pregunta me retiraré y podréis hacer lo que queráis. Os lo ruego.

-Está bien, Nadia, pero sólo un nombre más. ¿Cuál es?- Thaaly dirigió sus manos al fuego, y yo suspiré profundamente.

-Flavius.

-¿Flavius?

-¿Quién es Flavius?- Panta me miró desde el suelo.

-Eso no tiene importancia. Sólo... necesito saber lo que significa.

-Está bien, pareces preocupada... Flavius- Los segundos que pasaron hasta que el fuego habló se me hicieron eternos.

-¿Y bien? ¿Qué significa?

-No gran cosa... Significa ''Aquel que tiene los cabellos dorados''. ¿Por qué quieres...? ¡Nadia!

Salí corriendo como una flecha, subí los escalones que me separaban de mi puerta y entré como si me persiguieran mil demonios. Axel se asomó desde la entrada, sin atreverse a entrar, respetando el protocolo.

-¡Nadia! ¿Te encuentras bien? ¿Necesitas ayuda?

-¡Vete, déjame sola!

-Pero ¿Qué te ha ocurrido de repente? Estás muy pálida... ¿Quieres que haga algo por ti?

-Sólo vete por favor... Creo que... creo que...-Me tapé la boca con las manos.

-¿Qué? ¿Qué te ocurre?

-Axel... creo que voy a vomitar.

Sin poder pronunciar una palabra más, di un sonoro portazo en las narices de Axel y fui corriendo a buscar un barreño.